LAST NIGHT IN SOHO (REINO UNIDO, 2021)
(82) Reseña escrita por: Aldo M. Tena
Director: Edgar Wright
Guion: Edgar Wright y Krysty Wilson-Cairns
Actúan: Thomasin McKenzie, Anya Taylor-Joy y Matt Smith
La nostalgia es algo que constantemente, a algunos más que a otros, alimenta sueños e ideas vagas sobre un pasado que normalmente desconocemos casi del todo. Solemos decir que tal década o tales años en el pasado fueron mucho mejor; que las películas, música, libros, etc, estaban mejor hechos que ahora en el presente. En gran medida se suele acertar, pero es cuestión de gustos al final de todo. Pero no todo fue antes un lugar seguro para el ser humano, o para una gran parte de su población, en el pasado también existían grandes callejones oscuros y sin salida.
Eloise (protagonista de la película) viaja a Soho para matricularse en diseño de modas en la universidad. Al verse agobiada inicialmente por sus compañeras de residencia, decide irse a vivir a una vieja habitación en una calle en el centro de Soho, donde comenzará a tener algunos sueños con una bella rubia de los años sesenta de nombre Sandy, que la dejará encantada mediante su vestuario, la música, un ambiente de fiesta y todo lo que romantiza una década pasada que termina por caerle como anillo al dedo a Eloise, quien ama la música de aquellos años. Sin embargo, los sueños dan un salto hacia la realidad, y la magia que en un principio deslumbraba a Eloise en luces neón, se convierte en una gran sombra de pesadilla.
Edgar Wright se inclina por representar una época que normalmente recuerda la gente por sus momentos buenos, y todo lo que la marcó como una década “ejemplar”, hablamos de los años sesenta. Sin embargo, nos recuerda que no todo es color de rosa. Soho es el escenario perfecto para este ejemplo donde podemos ver mientras avanza como es una película anti nostálgica que retrata el lado oscuro de la calidad de vida de la gente en aquellos momentos. La falta de derechos para las mujeres de la época, el machismo que reinaba en los pubs, bares, y teatros de mala muerte en donde se contrataba bajo engaños a las jóvenes mujeres actrices prometiéndoles un futuro de ensueño, siendo que las forzaban a hacer trabajos sexuales, damas de compañía, y una infinidad de situaciones en las que se veían envueltas y que todo pasaba por debajo de una nube gris que todos ignoraban.
Anya Taylor-Joy interpreta un caso similar. Bajo la piel de Sandy, una joven que se proyecta a si misma como la próxima Cilla Black, y prueba suerte en un club, cuando en la búsqueda se encuentra con Jack, interpretado por (uno de los ex Doctor Who) Matt Smith, quien en un principio se presenta como su futuro manager encantador, que rápidamente la conquista y hace que Sandy caiga perdida en sus brazos. Todo esto lo vemos representado inicialmente mediante pequeños sueños que tiene Eloise que se puede interpretar que son inducidos por la música que ella escucha.
Anya Taylor-Joy se suelta totalmente en su personaje, que junto con Matt Smith en las primeras escenas hacen que el espectador quiera ponerse de pie en la sala de cine para ponerse a bailar las exquisitas melodías que acompañan a los jóvenes amantes. No hay duda de que Taylor-Joy se dirige rumbo a una carrera más que prometedora. Ya la hemos visto en The Witch (2015) en donde debutó en su primer papel protagónico que quedó plasmado en la historia como una de las películas que abrió el regreso al cine de terror “clásico”. Le siguieron una serie de éxitos como: Morgan(2016) en donde se abre paso hacia un formato de ciencia ficción, Split (2016) donde finalmente saltó a la fama a un publico mucho más grande gracias a la dirección de M. Night Shyamalan; y finalmente en el último año The Queen’s gambit (2020) para Netflix y Emma (2020).
A Matt Smith le ha quedado a la perfección este papel que sin hacer más spoiler, su físico y esta armonía corporal con la que se desenvuelve en la pista y los escenarios lo definen como el amante/villano británico por excelencia.
De quien tengo que si o si hacer mención importante, es de quien se lleva toda la película, de principio a fin: Thomasin McKenzie. La actriz neozelandesa de veintiún años cuenta con una filmografía corta, pero muy interesante. Leave No Trace (2018) fue la oportunidad para que los reflectores se direccionaran hacia ella. Un drama enorme que impactó al cine americano en aquellos años y que la llevó a múltiples nominaciones en distintos festivales, ya desde entonces la crítica hablaba mucho sobre su acento y la capacidad de McKenzie de modificarlo de acuerdo a lo requerido. En 2019 viene The King y Jojo Rabbit, donde en papeles secundarios, logró enamorar a la audiencia gracias a su carisma y su enorme talento. Finalmente aquí Thomasin McKenzie brilla por si sola bajo esta trama de terror en Londres, interpreta con una naturalidad y sencillez a una chica universitaria que proviene de una familia en donde su madre se ha suicidado debido a una esquizofrenia no tratada, a su padre no lo conoce, y su única figura a seguir es su abuela, a quien deja en su pueblo natal al mudarse a Soho. Podemos resaltar una infinidad de momentos inolvidables a lo largo de la película, pero me quedo dos de mis favoritos: la escena con la que abre la película en donde ella baila al compás de A World Without Love de Peter and Gordon envuelta en un vestido de periódico, y el momento de la fiesta de Halloween, en donde el maquillaje hace lucir sus hermosos y enormes ojos azules, nuevamente al ritmo de otra gran canción, Happy House de Siouxsie and the Banshees.
La espectacular fotografía está a cargo del surcoreano Chung Chung-Hoon quien ha trabajado en It (2017) y Stoker(2013) entre otras más; queda en la memoria del espectador al recordar cada escena bajo las luces neón azules y rojas que empapaban los rostros de los actores, añadido a esto un exquisito soundtrack con The Kinks, Dusty Springfield, Cilla Black entre muchos otros grandes de la época. (Un paréntesis aquí, Anya ha hecho un cover espectacular de la canción Downtown de Petula Clarkque es increíblemente disfrutable.) La corona para que esta ambientación sea perfecta, se la lleva la británica Odile Dicks-Mireaux quien diseñó cada uno de los vestidos que luce Anya Taylor-Joy y Thomasin McKenzie para lograr este look sesentero.
Edgar Wright junto con la guionista Krysty Wilson-Cairns, han logrado una vez más una película magistral. Tal vez la mejor en toda su carrera. Wright acostumbra musicalizar muy bien cada una de sus películas, anteriormente casi siempre comedias, como la Three Flavours Cornetto trilogy (2004-2013) y Baby Driver (2017) todas ellas cuentan con un soundtrack memorable y muy pegadizo. Incluyendo también su toque cómico, que recordemos, más de la mitad de su trabajo son películas de comedia negra, o sátira.
Además de que en esta ocasión sus personajes principales son mujeres, quienes a lo largo de toda la película tienen un crecimiento reflexivo muy importante, dando énfasis al lado femenino, la búsqueda por la justicia en cierto modo mediante sus respectivos roles.
Last Night in Soho es para mi una de las mejores películas de todo el 2021, buenas actuaciones, una trama nada predecible, buena música, fotografía increíble, y sobretodo una historia que siempre estará vigente no importa que tanto tiempo pase.
11.11.2021




