Vol 1. Capítulo 1: ¿Por qué?
Hola... Bien yo contaré mi historia y no crean que será larga, de hecho es muy breve, sí, una historia de sólo 17 años, verán yo estoy muerto... No, no se preocupen, está bien, ya lo acepté, morí hace un año y sigo aquí, entre ustedes, soy el vigilante perpetuo de la vida en la tierra, soy un fantasma, soy Archivaldo.
La vida como muerto es muy solitaria y es bueno poder contarla, verán yo... No sé por donde empezar, claro, por mi vida antes de mi muerte, mi vida en vida:
Yo era un chico de la ciudad, de hecho no hay mucho que contar, pues nací un día de verano del 97, el más caluroso del año. Tenía un hermano mayor, Maxie… como lo extraño… la última persona con la que hablé y no fue algo muy lindo, como sea, crecí en un barrio medio de la ciudad capital, vivamos en un departamento en el quinto piso, sí, quinto piso, aún recuerdo el aroma de café en la mañanas preparado por mi tía Yoli, ella siempre se preocupaba por mí, una mujer muy correcta y quizás conservadora. Papá huyó dos años después de que nací, en realidad desapareció según dice mamá, yo sospecho que se escapó, a veces yo también quería escapar, no me juzguen, era un adolescente.
Mi madre es gerente de un restaurante en el centro de la ciudad, a veces desatenta con nosotros, es un gran mujer pero a veces Yoli parecía tener más control sobre mi hermano y sobre mí. El departamento es herencia de mi abuelo para sus dos únicas hijas así que ahí vivamos, era mi hogar.
Mi hermano, Maxie, fue siempre todo lo que yo quise ser, mayor, exitoso en los estudios, con muchos amigos, el orgullo de nuestra pequeña familia, tal vez yo era el consentido pero siempre terminaba siendo comparado con el gran hijo prodigio, que pesadilla. Mi hermano siempre se preocupaba por mí, cuando deje la preparatoria porque no quería seguir estudiando, cuando quise vender drogas para conseguir dinero, e incluso cuando me di cuenta que las drogas no eran lo mío se preocupo por conseguirme un empleo en una oficinita de telemarketing (es decir los que llaman a tu casa a arruinarte el momento con promociones estúpidas), todavía puedo oír sus últimas palabras en mi memoria:
-Archie, aprovecha el momento, la vida es un viaje y no da la vuelta atrás, no la desperdicies como lo has estado haciendo- -Bueno, no estoy seguro de querer seguir viajando, me quiero bajar- dije muy enojado, supongo que alguien me escuchó porque para la siguiente hora estaría muerto. -No digas eso, me gusta estar contigo- -Max, te quiero, eres mi hermano pero si seguimos juntos el único que brillará serás tú, siempre eres tú, ya no quiero, quiero ser reconocido por mis logros, mi estúpido trabajo lo conseguiste tú, soy un inútil, aléjate de mí- y lo empujé con mucha fuerza, lo derribé.
Recuerdo correr por las calles de la cuidad sin saber bien a donde ir eran las 3 de la tarde, fue un octubre, ya saben lluvias frecuentes. Para no perderme decidí caminar en las grandes avenidas principales. Reforma. Estaba a unas cuadras de llegar al emblemático Ángel de la Independencia cuando vi un enjambre de insectos negros, eran muy extraños, tuve miedo, se dirigían hacia a mí, corrí en dirección contraria tratando de escapar de esas criaturas hasta que un semáforo me detuvo, los vehículos pasaban a toda velocidad, no podía cruzar, di media vuelta, las demás personas que estaban ahí parecían no verlos, yo grité y cubrí mi cara con los brazos, la gente se detuvo y volteo a mirar, los insectos también se detuvieron, volaban frente mío, uno de ellos se colocó en la cabeza de una chica con el cabello morado, se introdujo en su cabeza como si se fusionara con ella.
-Estoy alucinando, estoy alucinando- me repetía mientras la gente me miraba como si fuera un vagabundo demente.
La gente se me acercaba, algunos insectos volaban hacia ellos, parecían entrar a sus cuerpos. Un señor me preguntó si estaba bien, dijo que me veía pálido, de pronto sonó mi celular: Maxie.
-Archie ¿Dónde jodidos te metiste?- -Maxie un enjambre me persigue...- -¿Abejas en la ciudad? Busca refugio- -No son abejas, son insectos negros y muy feos, están encima de la gente... ven por mí Maxie- -¿Dónde estas?- -Yo...-
No pude decirle nada, no me pude despedir, ni siquiera pude decirle lo mucho que lo quiero, a veces no te arrepientes de las cosas grandes que haces o no haces, a veces de las cosas que te arrepientes son de las cosas pequeñas que pudiste haber hecho y no hiciste. Debí abrazarlos a todos la última navidad porque para variar discutí con mamá por haber dejado la escuela, debí decirle a mi tía Yoli lo mucho que la quería por haberme ayudado y escuchado cuando lo necesite y Maxie… debí escucharlo.
Miré a la chica del cabello morado, en la que el primer insecto se internó. Se acercaba a mí cuando del cielo le cayó una polea de una grúa. Todo el mundo gritó, yo no pude moverme por el miedo. De pronto vi que un insecto estaba en mi brazo y con mi mano lo aplasté, fue como si rompiera una pequeña esfera de árbol de Navidad… una esfera vacía… dolió… algo me dijo que no debí hacer eso. Miré hacia arriba. Lo último que vi fue la viga de acero cayendo de lo alto de un edificio sobre mí.
Silencio.
Angustia.
Miedo.
Desperté… bueno "desperté" a unos 10 metros de incidente, no sé cuanto tiempo me fui. Cuando me levanté mi celular estaba en el piso con la pantalla rota. Pude ver que Maxie estaba llamándome, traté de tomar el teléfono pero me era imposible. Mucha gente estaba aglomerada alrededor de donde cayó la viga, no podía ver nada. Un sujeto muy sucio y drogado vio mi celular, lo tomó y se lo llevó, nadie lo vio, yo corrí tras él, lo alcancé traté de tomarlo por los hombros pero no pude, lo atravesé como si el sujeto fuera de aire. Algo en mí me lo decía que yo ya estaba muerto.
Deseché la idea rápidamente, debía estar inconsciente en algún hospital y esto era parte de un sueño, tres ambulancias, una patrulla y una camioneta de la televisión llegaron un rato después, me acerqué y pude escuchar a los policías hablando con el reportero:
-¿Qué se supone que pasó aquí?- dijo el reportero. -Una grúa de este edificio en construcción falló por falta de mantenimiento y se desprendió una polea que cayó en una joven de 23 años identificada como Amelia Alvarez- dijo el policía más joven. -Producto de ello la segunda polea de la grúa no pudo sujetar la viga de 643 kilos y cayó directo a tres personas, dos de ella no identificadas todavía, Fabian Pliego de 39 años, uno parece ser un adolescente muy joven y otro que parece tener 58- explicó el otro policía. -¿Son todas las víctimas?- preguntó el reportero. -No, algunos restos de la grúa cayeron hiriendo de gravedad al menos a 6 personas, unos están siendo atendidos en las ambulancias- contestó uno de los hombres uniformados.
Suspiré, no podía estar pasándome esto, yo seguía aquí, no podía estar muerto, miré alrededor, varias personas también murieron aquí ¿dónde estaban? Me dirigí a las ambulancias, entrar fue fácil, no tenía que tocar la puerta, cuando vi a las dos personas que estaban en esa camilla descubrí que eran a las que se habían tenido contacto con esos espantosos insectos negros ¡Eso es! los insectos sabían que iba a pasar... ¿o ellos lo provocaron?
-Paro respiratorio- gritó un paramédico. La ambulancia arrancó. -Taquicardia en este otro paciente- dijo el otro.
El pulso de ambas personas disminuía.
-No lo lograremos- dijo uno perdiendo la esperanza.
En efecto, no lo lograrían, dos minutos después ninguno de los dos pacientes tendría pulso, su cuerpos empezaron brillar y salieron sus “fantasmas”, bueno esta bien, sus almas… pero a diferencia de mí estaban felices, tranquilas, ambos me vieron y se despidieron de mí mientras se disolvían, yo les grité que no me dejaran solo, me sentí angustiado, comencé a gritar, a llorar, estaba asustado y solo, entonces todo tuvo sentido: los insectos. Yo maté al mío, ellos no, ellos ni siquiera podían verlos.
De inmediato bajé de la ambulancia y corrí de nuevo al lugar del accidente. Ya habían más medios de comunicación, yo busqué por todos lados algún insecto, sólo encontré una cucaracha debajo de un arbusto, era inútil, tenía que hacer algo así que temeroso volví a casa, me tomó el resto del día, llegué a media noche. Subí por las escaleras intentando pensar que esto no era real que era un sueño, cuando atravesé la puerta mamá estaba inconsciente, Yoli trataba de reanimarla con una botella de algo, Yoli se veía perdida, sustraída en sus pensamientos, sus movimientos eran automáticos y Maxie, Maxie lloraba llamando a gente, quizás seguía llamando a mi celular.
Y así fue. Ese fue el día que morí. Lo más aterrador que me ha ocurrido. Aquella noche Maxie se quedo dormido en el sillón junto al teléfono, yo me quede a su lado abrazándolo, aunque sé que el no podía sentirme ni escucharme llorar, yo no podía dormir, más bien ya no podría dormir nunca más.












