Fuí el propio verdugo de mi muerte, me arrebate el alma para así no dejarle el gusto a ninguno de desgarrar mis más preciados recuerdos, mi esencia quedó calcinada y oculta en mis huesos, fui capaz de arropar en un manto negro cual velo hecho con mi codicia mi cráneo desnudo, por la faz del mundo posé mis pies desprovistos de rumbo, anhelando no encontrarte de nuevo.
Te deje oculta en medio de mi pecho, mis costillas fueron prisión para tu carne y las caricias eran inútiles en este frío cuerpo intangible, pero tú no rompiste tu anhelo de clavar de nuevo la ponzoña del amor en este jodido esqueleto, con tus dedos volviste tus caricias notas que bailaron por el aire y de nuevo me hicieron sentir vida en medio del azufre y el excremento que conformaban mi único cielo.
-Dragón de colores

















