Arrullo
Los cinco cachorritos lloraban todas las noches extrañando a su mamá.
No podían dormir sin sentir su cálido pelaje y sin oír el fuerte latir de su corazón. Sin ella se sentían solos y desprotegidos, temían cerrar los ojos y sufrir de horribles pesadillas, o que al abrirlos aparecieran en un lugar desconocido, lejos de la vieja cucha y de sus hermanos.
Un día una araña se mudó a la esquina y tejió su telaraña entre una rama del árbol y la cucha de los cachorros. Cuando quiso descansar fue aturdida con el llanto de los cachorros. Y como no podría dormir con tanto ladrerío, bajo hasta la entrada para ver qué les pasaba.
—Hola cachorritos, soy su nueva vecina Tiara, ¿lloran porque tienen hambre? —preguntó con voz dulce.
—¡No! Los niños de uniforme nos regalan algunos platos con comida al salir de la escuela —aullaron al unísono.
—¿Lloran porque tienen sed? —observando la cubeta vacía.
—¡No! El hombre de sombrero y chaqueta nos da un poco de agua cuando viene de compras —volvieron a aullar los cinco.
—¿Entonces por qué lloran? —Tiara no se imaginaba que podrían necesitar más que agua y comida.
—¡Lloramos porque extrañamos a nuestra mamá! —el aullido fue ensordecedor.
Tiara trató de calmarlos con inútiles palabras de consuelo e insistió que era mejor que duerman para calmar las penas. Los cachorros le explicaron que ese era su problema, no podían dormir sin su madre que los arrullara. Entonces a Tiara se le ocurrió una idea: Ella arrullaría a los cachorros.
Cachorritos, cachorritos, Duérmanse bonitos
Mañana los niños de uniforme Les darán un plato enorme Y el señor de sombrero y chaqueta Les llenará de agua fresa su cubeta
Cachorritos, cachorritos, Duérmanse bonitos
Dejen ya de lloriquear Y a su madre extrañar En sus sueños, ella los espera Para dormir juntos la noche entera
Los cachorros exhaustos lograron quedarse dormidos y en sus sueños se encontraron con su mamá que los llenó de dulces besos. Tiara regresó a su telaraña y ella también pudo descansar.










