Se encontraba sentado en uno de los sitios más cercanos que pudo haber encontrado. Necesitaba un cigarrillo. Desde la pérdida de sus padres, Adrien se estresaba con más facilidad de la habitual, así que necesitaba un pitillo mucho más a menudo. O eso quería pensar, pues admitir que era un completo adicto al tabaco le resultaba incómodo, ya que no quería ser dependiente de absolutamente nadie, menos de algo que podía matarte. Abrió la cajetilla y posó el cigarrillo entre sus labios, observando su alrededor, donde pudo distinguir la figura de un/a hombre/mujer. Sabía que no estaba haciendo nada ilegal, pues se encontraba en los jardines escolares, donde era permitida aquella acción; además de ser mayor de edad — ¿Quieres uno? —. Preguntó, acercándole el conjunto de cigarros, agarrando el mechero en la otra.










