lo perdí todo, o al menos todo aquello que para mí era importante. arrastré con una culpa difícil de digerir, una culpa que se volvió tan pesada que terminó hundiéndome. y cuando alguien no sabe cómo sostener un dolor así, no lo sana, se queda atrapado dentro de él por mucho, mucho tiempo.
yo no estaba intentando reconstruirme, estaba intentando sobrevivir mientras me destruía. no bebía alcohol para olvidar, bebía para castigarme. cada botella no era una escapatoria de mis problemas, era una forma de decirme a mí mismo: “esto es lo que te toca, porque así es tu vida”, estás condenado a estar solo para siempre, no mereces amor. de cualquier tipo.
me convertí en alguien que sentía que necesitaba sufrir, alguien que no quería estar mejor, alguien que, en el fondo, no creía merecer estarlo.
me embriague. creyendo que lo hacía para olvidar, pero muchas veces no fue así, lo hacía para castigarme de esa culpa que ha vivido clavada dentro de mí por mucho tiempo.
¿por qué no me di mas caricias a mí mismo? intenté hacerlo bien, y sin embargo, decidí castigarme por no haber saber hacerlo de la forma correcta. me convertí en una mala persona.
no me di tregua, perdí, y caí en un agujero.










