Circulo de magueyes, noviembre 25/15
He salido del psicoanalista sin despedirme del doctor. Hacía meses que no escribía y temo que sin su supervisión solo refuerce los frenos que me impiden el necesario abandono y la sinceridad de mi parte. Si las Horas de recogimiento que hay que soportar frente al doctor hubieran seguido siendo interesantes momentos cargados de sorpresas y emociones desafiantes, no las hubiera interrumpido.
Toda sinceridad entre mi médico y yo había desaparecido y ahora puedo respirar. No se me somete a ningún esfuerzo. No tengo que imponerme ninguna fe ni pretender que la tengo.
Para ocultar mi opinión creía que debía mostrar una total reverencia y el aprovechaba para inventarse cada día una nueva ocurrencia.
Una confesión por escrito resulta siempre una contradicción y una mentira.
Nunca fingí mis emociones, pero en realidad no las mostraba. Mi tratamiento tenia que acabarse porque el origen de mi enfermedad había sido revelado y es mas ahora que estoy yo al tanto de todo, es decir de que mi tratamiento consistía en una estúpida ilusión porque ¿Cómo podría tratar de conseguir a través del vivo recuerdo y en pleno invierno el regalo de la primavera?
Así fue como, a fuerza de frenar con todo mi ánimo corría detrás de mis sueños mientras me aferraba de mis mas oscuros miedos.
PHÈ.
Cartas a Zeno. 2020.














