[Beth-Alcott]
Apenas terminó de mandar el último texto, el muchacho dejó el teléfono encima de su cama y salió con máxima rapidez rumbo a la habitación de Beth. Sus mensajes le habían dejado enormemente preocupado, tanto que hasta un nerviosismo extraño le perturbaba. Cruzó algunos pasillos, sin importan con quien se topara o si alguien lo saludaba, su amiga era mucho más importante que cualquier otra persona. Por fin ya en la puerta del cuarto, el morocho entró, dirigiéndose directamente al closet, el cual abrió sin hesitar. —Dios, Bethy... —sin decir más, rodeo a la joven con sus brazos, abrazándola con sumo cuidado. En ocasiones le asustaba lo frágil que la castaña podía ser, esa era una de aquellas.











