Lamentablemente es una canción navideña cantada por los descendientes de los pueblos indígenas canarios, los cristianos son un pueblo genocidas, asesinos, demoniacos y terrorista, pero aun cantamos a esos que nos adoctrinaron y mataron nuestra memoria histórica.
Este es el resumen de un relato del libro "Ritos y leyendas guanches", de Sabas Martín. Si no me equivoco, está basado en una historia de la tradición oral de la isla de La Palma, recogida por Abreu Galindo. Ignoro cuánto tendrá de veracidad, pero creo que es bueno conocerla:
"Jariguo y Garehagua gobiernan en Tigalate. Arecida, su hermana, acaba de prometerse con el bravo Tinamarcin que, en Tihuya, tomó parte en la batalla donde encontró la muerte el conquistador Guillén Peraza. Ahora en Tigalate sólo cuenta el júbilo con que se recibe el compromiso de amor entre Arecida y Tinamarcin.
Pronto, con el pretexto de vengar la muerte de Guillén Peraza, pero en realidad por el interés del robo de gentes y ganados, desde El Hierro saldrán partidas armadas hacia las costas de La Palma. De una de esas partidas forma parte Jacomar. Ha desembarcado por Tenagua y, en busca de palmeses que hacer esclavos, su codicia le orienta hacia Tigalate, a las cercanías de la cueva de Belmaco. Con gran sigilo se aproxima y descubre a un hombre y una mujer. Son Tinamarcin y Arecida que conversan apaciblemente. Jacomar queda absorto ante la hermosura de la muchacha; un vil deseo se apodera de su ánimo.
Evitando el ruido, avanza cauteloso, esgrime una gruesa piedra y se abalanza sobre Tinamarcin, al que golpea en la cabeza privándolo de sentido. Luego intenta forzar a Arecida. La joven se resiste, forcejea, recoge del suelo el venablo de Tinamarcin y con él amenaza al infame Jacomar. Éste, viéndose acometido, saca su puñal y lo descarga sobre el pecho de Arecida, llenándola de heridas muy hondas. Después huye al barco que le trajo y le devuelve a El Hierro.
Cuando Tinamarcin se recobró y encontró el cuerpo sin vida de su amada, se desplomó de dolor. Poco después, oculto en una cueva, pedirá que cubran con piedras la entrada y allí se dejará morir lentamente. Pero el crimen que cometió Jacomar no quedaría sin venganza. Se estableció la paz entre palmeses y herreños, y Jacomar regresó a Tigalate para hacer tratos con Jariguo y Garehagua. Y ocurrió que mientras hablaba, creyéndose un valiente, contó cómo había acuchillado a una mujer cerca de la cueva de Belmaco.
Descubrieron entonces al asesino de su hermana los señores de Tigalate. Encendido de ira, Garehagua tomó una lanza y atravesó el corazón de Jacomar, quedando muerto a sus pies. No quisieron en Tigalate que la tierra acogiera el cuerpo del infame. Lo cargaron hasta las cercanías de Belmaco, donde cometió su crimen, y lo dejaron allí para que en él saciaran su voracidad los cuervos y los guirres".
En la imagen, cueva de Belmaco (La Palma)
EL INFAME JACOMAR
Este es el resumen de un relato del libro "Ritos y leyendas guanches", de Sabas Martín. Si no me equivoco, está basado en