“Oh, dios mio.” La risa rompió el aire, camuflándose como un trueno en la estrellada noche. No podían incriminarla, un ser humano a veces es incapaz de controlar sus naturales impulsos, como la atracción natural tanto como aquella carcajada. Además, en todo caso la culpa de su hilaridad se le llevaba el ebrio que acaba de tropezar y caer de cara el suelo. Un golpe duro y épico, lo suficiente como desear tener su móvil a mano y haber sido capaz de grabarlo todo. “¿Viste eso?” Comentó al aire, ya era demasiado tarde, la hora pico de los trabajadores, esa misma donde todos se destinaban a regresar a sus hogares por lo tanto miles de almas caminaban a su lado. “Se mueve, está vivo. Pero te juro que su cara se dio con el piso o algo así—” La risa interrumpió su habla, el recuerdo fugaz del cómico accidente despertando de nueva cuenta su peculiar sentido del humor. “Joder, dime que lo viste.”










