francis. — flashback.
Su mirada clavada como navajas filosas en los ojos ajenos, sin disimulo ni rastro de vergüenza; su mente vagando una vez más en zonas desconocidas, en nebulosas vacilantes fuera de este mundo. Él no estaba allí, y probablemente, nunca lo estaría en ninguna otra situación distinta, no en cuerpo y alma, completamente. Entrecerró poco a poco sus párpados, con aire distraído. Sus labios se curvaron en esa sonrisa ladina tan propia de él. —¿Eso significa que tu canto me traería embelesado hacia ti, o simplemente que cantas tal como lo haces en la ducha? —carcajeó, o tal vez, carraspeó. —Francis —respondió cortamente; ambas cejas se mantenían enarcadas, creando pequeñas arrugas que se acomodaban perfectamente en su frente. —¿Y el suyo, señorita? —siguió el camino que trazaba su mirada, deteniéndose en el pintoresco del mural, en cada pincelada que parecía azotar el concreto de tanto color, tan lleno de libertad. Cada quien aportaba lo suyo, su marca personal, sus detalles; aunque siempre había creído que muchas manos causaban desequilibrio. Individualista, prefería el arduo trabajo del solitario. —Por lo que veo, tus compañeros son bastante expresivos con la brocha. Caóticos, diría yo —no podía pasar desapercibido el cierto desdén inconfundible en su gesto ceñudo. Quizás deseaba comprender algo que no necesitaba serlo, que permanecía mejor incomprendido, a la deriva de los significados que se le adjudicaran a la larga. No sabía nada acerca del arte, después de todo.
Sus ojos tendieron a entrecerrarse para simular una seriedad que traicionó una sonrisa; enseguida sus brazos se cruzaron bajo su pecho, y respondió: “Bueno, podrías esconderte detrás de un árbol y esperar a ver, quizá te lleves una sorpresa. Por lo uno o por lo otro” sus cejas se alzaron, denotando así la sinceridad en sus palabras, mas claramente la sorna era precisa en su acento americano. “Tienes nombre de príncipe, Francis” aportó lo obvio, sus hombros se alzaron con el único fin de restar importancia a su comentario. “Mi nombre es Thessa, es un gusto” en busca de alguna señal para descifrar los pensamientos del contrario, permitió que su vista siguiera la contraria, apoyándose en el mural que -según ella- era un desastre. Asintió una sola vez para darle parcialmente la razón a su nuevo acompañante. “Lo son, sí, pero lo prefiero así. El caos en la vida hace bien cuando es... ¿moderad? Siempre es bueno lanzarse a la vida de vez en cuando” vaciló unos instantes, con la brocha en mano, golpeteando su muñeca y tiñendo toda su manga con pintura más oscura; un detalle que no le interesaba. “¿Qué te parecería soltarte un poco, hm? Porque tengo una idea” propuso, no obstante, omitió las advertencia sobre sus pésimas ideas; quizá con un poco de suerte, el mayor accedería a la diversión prometida










