ojovivo
Game of Thrones Daily
Lint Roller? I Barely Know Her
"I'm Dorothy Gale from Kansas"
d e v o n
Mike Driver
taylor price
No title available
official daine visual archive

Andulka
Sweet Seals For You, Always
untitled

★
will byers stan first human second

No title available
art blog(derogatory)
KIROKAZE

PR's Tumblrdome

bliss lane

ellievsbear

seen from United States

seen from China
seen from United Kingdom
seen from United States
seen from Finland

seen from Spain

seen from United Kingdom
seen from Germany

seen from Singapore

seen from Malaysia
seen from United States
seen from Canada
seen from Italy

seen from Australia

seen from Malaysia
seen from Spain
seen from Finland
seen from United States

seen from United States

seen from Italy
@rxsedylan-blog
sarfgxido.
La carcajada femenina era, desgraciadamente, contagiosa. El pobre hombre quizá tenía más alcohol que sangre en el sistema, totalmente preso de los efectos colaterales de una manantial de licor que claro, en el momento eran la gloria, al amanecer eran un martirio sin fin. Los ojos se le entrecerraron, sin saber el movimiento siguiente— Creo que si nadie lo vio tú te acabas de encargar de que lo hagamos. —respondió, con una pequeña sonrisa cincelando sus facciones, un paso vacilante acortó distancia entre aquel cuerpo totalmente anestesiado y él, pensativo, le dedicó una mirada— Es… peligroso que esté así en ese estado.—los accidentes sucedían muy a menudo en aquel estado de vulnerabilidad, se rascó la nuca de manera distraída, dudaba obtener más que otra risotada por parte de la pelirroja, pero de riesgos se trataba la vida.
“Un honor que debe ser recordado.” Comentó aún amena con toda esa situación, ¿quién diría que tras el día tan estresante podría reír así al final de su jornada? Se encontraba disfrutando del deleite a costas del hombre, aparentemente, desmayado en la calle del frente mas su conciencia se hallaba bastante serena al contrario de lo que manifestaba el muchacho que había decidido responder. Seguro se trataba de desconocer el rostro de la persona, de no saber su identidad, de no tener lazo alguno que la comprometiera a hacer algo, seguro eso era la que la mantenía tan chispeante tras verlo dar su rostro contra frió pavimento. “¿Qué? ¿Quieres darle tu campera para que no pase frió?” Soltó algo tosca con una sonrisa torcida decorando sus pecosas facciones, entonces por fin giró su cuello para contemplar el perfil masculino. “Bah, si quieres puedes llamar a la policía a ver si con eso te sientes mejor... Yo me olvide el móvil.” Elevó sus hombros con cierto desinterés intoxicando sus aires, su teléfono yacía oculto en algún tapujo de su bolso.
aunsier.
“¿Literalmente lo escuchas roncar? Porque yo no veo ni oigo que respire.” ¡Bah! Estaba demasiado lejos para siquiera notar el movimiento de su diafragma, pero no pudo evitar que las peores conclusiones se coloquen en un primer lugar de su visión. “En este momento no es más que un pobre tipo borracho. Podría haber gente buscándolo, además, esposas e hijas indefensas, yo qué sé.” Y es que si pertenecía a alguna de las personas que la muchacha mencionaba, no le afectaba en ningún punto dadas las circunstancias en las que se hallaba. “No quiero un fantasma que me atormente, ¿sabes? No podré dormir. Piedra, papel o tijera para decidir quién va a picarlo y comprobar que esté vivo y que no necesite una ambulancia, ¿aceptas?” Quizá exageraba, pero en ese instante se le antojaba un poco cruel el dejar al cuerpo allí tirado, sin más. “o sino podrías darme tu número de teléfono para tranquilizarme cuando esta noche no pueda pegar un ojo, es otra opción… Tú decides.” Nunca era un mal momento para intentar conseguir el número de una muchacha, ya que estaba. Ni siquiera cuando intentaba ser un buen samaritano. En una de esas el karma actuaba más rápido de lo normal.
“No literal. Es obvio. Fue un—un decir.” Explicó al compás de sus manos, solo se trataba de una simple deducción, el hombre se encontraba bastante lejos como para siquiera ser capaz de oírle algún ronquido (si es que de verdad yacía dormido), a pesar que si pudo percibir como se movían algunos de sus extremos como para cerciorarse que aún la vida estaba de su lado. “Podría, podría, podría.” Canturreó con desgano. “¿Sabes? Existen infinitos podrían, pero no te veo haciendo algo al respecto y, además, seguro la policía que patrulla se hará cargo si es que otra persona no lo hace primero.” Formuló de manera rápida una excusa tan insulsa como real, un modo dónde dejaba que su lengua se encargue de barrer cualquier culpa. Insistía que ella no debía acercarse, no lo conocía y tampoco ansiaba hacerlo. “¿Si duermes o no enserio depende que acepte? Porque para mi sí esta vivo, pero ya que...” Vencida por la persistencia del muchacho, rápidamente giró sobre sus pies y posicionó sus manos para comenzar la batalla de puños guiadas por lo incierto. No obstante, las palabras que continuaron hicieron que una curva asaltará sobre sus fauces, al mismo tiempo que sus mejillas se acaloraban por el rubor naciente. Sacudió su cabeza entonces, divertida con la reacción del desconocido. “Hay un hombre posiblemente muerto en la calle del frente, ¿y tú piensas en conseguir mi número?” Entornó su mirada, sus palabras eran más que una simple broma para molestar al dueño de conciencia intranquila. “De acuerdo, te propongo una tercera opción: si vas a cerciorarte que esté vivo y lo está, como recompensa conocerás mi nombre, luego vemos lo del número.”
aunsier.
Si apenas sonrió fue exclusivamente porque le había divertido la gracia que le encontró la muchacha, la carcajada ajena que lo empapó, pero desde su posición el golpe le había resultado un tanto doloroso hasta de simplemente contemplar. “Shh, el tipo podría escucharte. Está ebrio, no sordo.” Murmuró, mirando de reojo a las personas que transitaban, demasiado ensimismadas en su mundo como para prestar atención alguna a lo que sucedía. “¿No crees que necesite ayuda?” Quizás le había preguntado a su consciencia y no a la joven a pocos metros de su posición, pero recibir una contestación de su parte tal vez le quitaría el peso de tener que responderse. Su mano se dispuso a masajear el cuello, por algún estúpido motivo no se decidía a dar esos simples pasos que lograrían verificar cuál era el estado en el que se encontraba el hombre.
“Pero si está roncando, qué me va a escuchar.” Restó importancia a cualquier sinónimo de alerta en el semblante masculino, ciertamente poca relevancia hacía aquel punto tenia, ya había hecho todo el escándalo posible con aquella carcajada que rompió el aire tenso y agotado que traía esa noche la cuidad. Por no decir que gracias a sus conocimientos en borracheras pesadas, su cargo de conciencia en lo que respecta ser oída era nulo; seguro se había desmayado u lo que suponía, se quedó dormido ahí mismo dónde cayó. La duda del extraño la tomó por sorpresa ¡pero claro, cómo se había olvidado! en estas circunstancias siempre estaba el altruista que ayudaba al malherido y el idiota que reía, Dylan hoy era el idiota. “Creo que necesita una cama, pero qué sé yo. Si quieres ser la madre Teresa, ve. Ayúdale. Yo no pienso acercarme.” Sentenció aún con la gracia en su lengua, tiñendo amanas sus palabras. “O sea, si bien es un borracho, podría ser un vagabundo borracho o un delincuente borracho.” Las posibilidades eran infinitas, culpó a la zona de forma inmediata.
“Oh, dios mio.” La risa rompió el aire, camuflándose como un trueno en la estrellada noche. No podían incriminarla, un ser humano a veces es incapaz de controlar sus naturales impulsos, como la atracción natural tanto como aquella carcajada. Además, en todo caso la culpa de su hilaridad se le llevaba el ebrio que acaba de tropezar y caer de cara el suelo. Un golpe duro y épico, lo suficiente como desear tener su móvil a mano y haber sido capaz de grabarlo todo. “¿Viste eso?” Comentó al aire, ya era demasiado tarde, la hora pico de los trabajadores, esa misma donde todos se destinaban a regresar a sus hogares por lo tanto miles de almas caminaban a su lado. “Se mueve, está vivo. Pero te juro que su cara se dio con el piso o algo así—” La risa interrumpió su habla, el recuerdo fugaz del cómico accidente despertando de nueva cuenta su peculiar sentido del humor. “Joder, dime que lo viste.”
chryssaris.
Lo que pudo haber sido una fiesta espontánea había terminado tras las rejas en un momento de desliz por buscar entre la gente el rostro de su mellizo. Un presente había en ese momento, no sabía su nombre y eso así quedaría. Dada la presión que le ejercieron sobre las muñecas con las esposas, tenía unas marcas poco agradables y lo mejor sería pasar por la farmacia antes de ir a trabajar. Pidió los remedios de su madre y una crema de aloe vera. Cincuenta y cinco dólares con setenta. Tenía cinco, diez, veinte, treinta, cuarenta y cinco con setenta. Cincuenta con setenta. Mierda. Se giró en la fila y con mucho pudor interno, no externo, dijo “¿Podrías prestarme cinco dólares?”
Podía, por supuesto que podía, había metido un momento antes —en esos segundos fugaces cargados de adrenalina por una llegada tardía— diez dólares extra por si tenia alguna urgencia, una estúpida manía heredada por el mayor de los Rose, quién a su corta edad le obligaba a llevar siempre un dinero escondido en su mochila, bolsillo u bolso por si acaso. No obstante, la vacilación se instaló en su semblante, ni siquiera la conocía y para ser justos ni el lindo gusto de pedir por favor había tenido. Claro, la muchacha tenía todas sus cartas en contra, mas la fibra sensible fue acariciada cuando menos lo espero; Dylan había tenido problemas de dinero toda su vida, conocía los zapatos de la extraña a la perfección. Empatía, o lo que fuese, una curva afable entonces vislumbró. “Claro, ¿pero me prometes que luego me darás tu numero?” Indagó tras detener su mano sobre su bolso, un gesto que derrochaba un ameno desafío. “Es decir, así me los devuelves. Créeme, en mi mundo cinco dolares es mucho.” Agregó poco después, rebuscando en su bolso su billetera.
kresnja.
Tras varios segundos de haber estado observando a su alrededor, sacó el móvil y le echó un vistazo a la pantalla para encontrarse con varios mensajes de la dueña del perro que habían dejado bajo su cuidado. Era claro que se encontraba ignorándolos mientras el más pequeño decidía aparecer en cualquier momento. Aparentemente sus palabras no tuvieron efecto inmediato, pues únicamente se ganó un par de miradas extrañadas que volvieron a ser enfocadas en su objetivo. Ah, pero no había reparado en la menuda figura que no tardó en hacer acto de presencia con el chihuahua entre sus brazos. Al verlo en una sola pieza, permitió que un suspiro de tranquilidad pura escapara de entre sus labios y que una sonrisa aliviada se instalara en sus facciones. Parecía que las cosas no estaban tan perdidas como segundos atrás lo había imaginado. “Bueno, gracias,” intentó recuperar la compostura, obligando a que sus facciones se acomodaran en su lugar de un momento a otro. “Pensé que su destino ya estaba escrito,” agitó la cabeza en ambas direcciones, los mechones rubios danzando junto a la brisa fresca de aquella tarde. Tras pensarlo con detenimiento, sacó la correa del bolso con la intención de asegurar al animal, a quien claramente tendría más vigilado de ese momento en delante. Hizo ademán de tomar al perro, elevando el índice de la diestra para indicarle que lo sostuviera por unos segundos extra. Buscó en su bolso la cartera y sacó la cantidad prometida con anterioridad. “Aquí tienes, por toda la molestia que has tenido que pasar para recuperarlo.”
“No hay porqué.” Claro, unas palabras falaces para apaciguar su palpitante desinterés en la acción poco altruista bastarían para que todo decaiga en el ojo de la humildad y ser desterrada de la tierra de los patanes. ¿Conciencia limpia? Lo puesto a ello, mas con el canino en brazos y una ladina curva en sus labios todo lo que su cabezita le gritaba pasaba a un segundo, incluso a un tercer plano. “¿Destino escrito?” La duda se instaló en su semblante, temiendo haber perdido el hilo de la conversación. “Espera, ¿quieres decir a que su destino sería perderse?” Indagó, sólo para cerciorarse de su desorientación. Si no era eso, oficialmente no tenía idea de lo que la blonda le estaba diciendo, maldita ella y su insistente costumbre de distraerse. Entonces, tras asentir ante la señal de espera y ver los movimientos de su acompañante una vez el billete danzo delante de sus facciones sus orbes se tiñeron de pasmo, un casto pasmo; por un segundo creyó que todo su esfuerzo sería en vano. “Oh, ¿qué? ¿No bromeabas? Por favor, guárdate eso.” Le dijo con falso rechazo, al mismo tiempo que le entregaba el cachorro. Palabras comprometidas, actitud un tanto exagerada. “Es decir, no es necesario, cualquiera lo hubiese hecho. Enserio, quedatelo.” Mas si escuchaba un solo reproche no dudaría en aceptarlo, un chihuahua y esa vestimenta sólo gritaba ser de zona norte, asociando a la joven instantáneamente con un buen sueldo. Quince dolares no le harían en falta.
¿Que tan dificil es convencerte de ir a un hotel?
— “En realidad no es para nada difícil, sólo debes decirme que tu pagaras todo y con eso ya me tienes haciendo las maletas.”
Dejarias que alguien se aprovechara de ti sólo para no perder a esa persona?
— “No entendí… Espera, ¿qué si yo dejaría que una persona se aproveche de mi (en cualquier sentido) sólo para no perderle porque, hipotéticamente, le tengo aprecio o algo así? Sí es eso a lo que vas, entonces no. O sea, si se aprovecha de mi la preferiría lejos de mi vida aunque la quiera y todo eso.”
¿Quién era Violetta? ¿Era tu novia?
— “¿ViolettaDoherty? Era… Bueno, era una conocida. No, no era mi novia pero se robaba a mis novios. Es decir, no se los robaba pero siempre que terminaba con ellos al otro día estaban de la mano de Violetta o cortaban conmigo por Violetta. Pero eso no sucedía siempre, quizá sólo paso unas cuatro o cinco veces cuando era más chica… Nada que un psicólogo no pueda manejar, bromeó estoy bien.”
ironsaresick, flashback.
La situación pareció más chusca si escuchaba la voz femenina hablar en plena oscuridad. Le recordaba a esas personas que no paran de hablar en una sala de cine y entonces una de aquellas personas se queja entre dientes, hasta que alguien le dice que cierra la boca. Nadie quiere algún pretencioso susurrando cuando deseas ver una película en silencio. Claro, a Daniel no le gustaba tanto el cine y escuchar una respuesta inapropiada fue de su gusto. – Esa película fue bastante mala — soltó, pero recordó la escena tan famosa de la mujer corriendo en el bosque y la llegada a la cabaña. Aun así, le pareció gracioso pero la risa no le llegó hasta los ojos, nadie alrededor parecía tomarlo con tanto humor. Y ahí comenzó el ruido de la sirena tan cerca, reconociendo que la fiesta estaba llegando a su fin. – Oye, Bruja de Blair – le llamó, no reconocía a la interlocutora. – Te sugiero que comiences a correr, la policía viene por ti porque a nadie le pareció gracioso tu comentario…
“Y aún así es un clásico, sólo digo.” La dulce ironía acarició aterciopelada su lengua al mismo tiempo que la lata atrapada en su mano ejecutaba un brindis con uno de los entes espectrales e inexistentes de aquella fiesta, un brindis al aire sólo para señalar su ponto. Y lo que era aún más irónico era que apenas sí conocía el titulo de dicho film, sólo sabía lo que su hermano menor le había relatado al respecto y lo que la gente tanto decía en esas cotidianas charlas donde se platica de todo y se dice absolutamente nada. No obstante, cualquier información de la película ahora le resultó irrelevante, las gamas de luces rojas e azules teñían fugazmente toda la zona fomentando el temor en su sangre. ¿Y si los del bar se habían enterado que estuvo robando los cupones? ¡No podían enviarla a la cárcel por eso! Un conteo mental bastó para calmar cualquier tipo de pensamiento paranoico que pudo surgir, entonces por fin logró manifestar una curva ante el comentario del muchacho. “Mi intención no era ser graciosa, pero supongo que me encarcelen por ser una mala comediante es mucho mejor que por ser una delincuente, al menos ante la visión de la ley.” ¿Ella qué sabía de la ley? Nada, el mayor de los Rose era el único que tenía derecho de hablar algo respecto a eso, mas su lengua había perdido el control. Se reincorporó entonces en cuento vislumbró que dos oficiales descendían de la patrulla. “Bueno, dime hacía dónde corro al menos que quieras ser mi abogado.”
kresnja.
Un suspiro apenas perceptible escapó de entre sus labios cuando sus claras orbes se encontraron directamente con las manecillas del reloj que adornaba su muñeca, Sonja llegando a la conclusión de que habían pasado cuarenta y cinco minutos desde la desaparición del ser vivo que habían dejado bajo su cuidado. ¿No podía simplemente darse por vencida y dejarlo regresar a casa por cuenta propia? Porque claramente la alemana no había sido la culpable de que el chihuahua hubiese escapado a la primera oportunidad que se le presentó en el camino. Agotada e irritada se detuvo antes de doblar la esquina más próxima, la rubia avanzando de nueva cuenta tras escuchar un sonido medianamente familiar. A unos tres metros de distancia se encontraba la pequeña figura observando en su dirección, la tranquilidad recorriéndolo de pies a cabeza. Un paso y el animal hizo ademanes de moverse. Otro más y el perro imitó los movimientos llevados a cabo con anterioridad. Claramente se encontraban danzando al ritmo de una melodía que a Sonja no le convenía. “No te atrevas a mover ni un solo pelo,” le advirtió con una faceta de seriedad absoluta. Cual si desease llevarle la contraria, comenzó a moverse rápidamente en dirección a una avenida peligrosa. “¡Quince dólares a quien atrape al chihuahua!” ni siquiera sabía si sus palabras surtirían efecto inmediato, pero se encontraba desesperada.
¿Quince dólares por atrapar al chihuahua que acababa de pasar por su lado? No había oído para nada mal, la incógnita en el rostro de los peatones confirmaba que no era la única intrigándose ante lo que sus oídos habían captado. Movida por el impulso ambicioso, desesperado, recargó su bolso sobre su hombro y siguió el rastro del diminuto animal, dio vuelta aquí, corrió por allí, saltó la baldosa que sobresalía del suelo y luego dio por fin con la bola de pelos. Entornó su mirada, el cachorro la miraba fijamente mientras movía entusiasmado su rabo, como si estuviesen planteando un trato silencioso avanzó con sigilo hacía el mismo y ¡chas! de un sopetón el perro estaba siendo refugiado en su pecho. “¡Lo tengo!” Exclamó al aire, sin saber si la blonda había sido capaz de seguirle la pista, por lo que luego de un segundo dónde intentó ocultar aquel despiste se encaminó de regresó hasta la muchacha. Tras doblar aquella esquina pudo ver la silueta de la chica y al ver cómo el cachorro se excitaba en sus brazos no tardó en deducir que ella era realmente la dueña de su paga, elevó al animal en un vago intento de llamar la atención de la joven para luego decirle al compás de un matiz animado: “Lo encontré. ¡Hey! aquí está el chihuahua.”
¿Crees que el tamaño importa?
—“Oh, vamos. Siempre importa o, bueno; al menos a la hora del sexo. Si hablamos no importaría, pero ya se ha entendido el punto ¿no?”
¿Te tiñes el pelo?
— “¿Qué? Me ofendes, es natural. No.”
Le tenes ganas a tus hermanos?
—“Ganas de matarlos, pero sólo a veces.”
HONEST HOUR TIME.
Un juego, sí, sí, hora de sacar ciertas verdades a la luz. Tú dale reblog si deseas que anónimos lleguen a tu buzón para preguntarte cositas, sólo hay una regla: que sólo se debe decir la verdad.
¡Recuerda mandarle a todos para que se haga más interesante!
oaxiss.
Era la calma después de la tempestad, el clima que se abría para encontrar disfrute en un día que podría ser igual a cualquier otro. El sol apenas la abrazaba y, sin embargo, sus delicadas facciones habían caído presas de la calidez de su compañía; el menor de sus hermanos. Ya casi siete años poseía aquel cuerpo y los juegos se mantenían en la misma línea infantil, la pelota en sus manos era un vaivén cuyos segundos de posesión se perdían en el efímero tiempo para acabar en los dígitos más pequeños. La sonrisa en sus labios se tiñó de colores alegres, una pintura con vencimiento estipulado que sólo se reflejaba frente a aquel ser que definía como luz y vida. Fue la distracción, la indiferente atención prestada a los extraños movimientos, que el chiquillo efectuaba en cada lanzada, lo que le impidió detener el impacto contra un desconocido. Fue su espalda, su cabeza, la nunca o hombros, no tenía ni idea y sus labios parecían prevalecer eclipsados por la energía que minutos atrás la había rodeado.
Lo que pretendía ser una tranquila caminata de regreso a casa —afortunadamente hoy su jefe había decidido que se fuera más temprano, algo maravilloso para el semblante cansado y soñoliento de la joven de hebras cerezas— se tornó en una mina infectada, su estomago fue quién recibió el primer (y único) balazo que despojó de sus fauces un grito desgarrador. Su estomago, curiosamente, era la parte de su anatomía más sensible por lo tanto rápidamente sus manos fueron hacía su vientre comenzando a sobar el mismo. “Mierda.” Masculló entornando la mirada hacía el pequeño que trabajaba por contener la risa y hacía una mala actuación con tal de no ser reconocido como el dueño de su dolor. “¿Está contigo?” Buscó ahora la atención de la acompañante mayor, indicando al pendejo con un sutil ladeó de cabeza. “Mas te vale que le enseñes a tirar esa cosa, es pésimo.” Comentó yaciendo en su semblante el desagrado y vergüenza, sus orbes contemplaron al pequeño muchachito. “Eres pésimo.” Con sabor a reprimenda se dio el gusto de decirle.