Yo soy la misma, pero las circunstancias cambiaron

seen from Germany

seen from Germany

seen from Germany
seen from Norway
seen from Germany
seen from Germany
seen from France

seen from Israel
seen from Hong Kong SAR China
seen from Croatia
seen from Israel
seen from United States
seen from China

seen from United States
seen from Yemen
seen from United States
seen from Israel

seen from Australia

seen from United Kingdom

seen from Malaysia
Yo soy la misma, pero las circunstancias cambiaron
- Ha sabiendas que nada puede cambiar.
Me están pasando muchas cosas que me muero por contarte y ya no estás.
Cambiar es sobrevivir
La pandemia me obligó a ceder totalmente el control de mi realidad, lo cual me perturbó ya que siempre fui una persona sumamente controladora. Cada noche imaginaba con detalle el día siguiente para así manejarlo a mi gusto, y cuando algo se salía de mis planes me daban ataques de pánico, que me dejaban incapacitada, temblando, sin poder respirar.
Eso fue lo que sentí cuando, durante mi viaje a México, Ecuador cerró las fronteras para frenar el contagio de covid-19. En un abrir y cerrar de ojos el mundo parecía colapsar, y yo estaba en un lugar desconocido, sin saber cómo manejar la situación ni qué iba a ser de mí. Contra todo pronóstico logré regresar, pero debía estar en aislamiento por catorce días, sin tener contacto ni siquiera con mi familia.
Saber que estaría totalmente sola por dos semanas me llenó de desesperación, tenía miedo de perder la cabeza. Los días pasaban, y cada vez mi motivación para levantarme de la cama era menor. Al fin y al cabo, estaba totalmente encerrada… La única persona que podía ver era a mí misma en el espejo, e incluso eso se volvió imposible. Tenía miedo de la persona con la que me encontraría. Un día me harté y decidí salir por la noche para robarle una botella de vodka a mi papá. No solía tomar, ya que me daba miedo perder el control de mí misma, pero a ese punto ya lo había perdido hace mucho tiempo.
Desperté por culpa de las notificaciones de Whatsapp, sin recordar nada. Rápidamente abrí el chat con una amiga y las palabras que encontré me sorprendieron bastante. Había escrito cosas como que ya no le veía sentido a vivir, que prefería estar muerta, pero por alguna razón en mi mente quedó rondando la frase: “No quiero que las cosas cambien”.
En ese momento entendí que ya no podía aplazar lo inevitable… Enfrentarme a mí misma. Fui al espejo y la persona que encontré estaba muerta en vida, demacrada. Todas las emociones que me había negado a sentir se veían en mi rostro. Mis ojos estaban rojos por las lágrimas que no había llorado, y mi piel estaba tan seca que se partía. Crucé la mirada con ese reflejo tembloroso y decidí hablarle: “Cambiar es sobrevivir” le dije, “No puedes controlar esta situación, pero puedes aceptarla. Si no aprendes a dejar ir el control que perdiste nunca vas a salir de este cuarto”.
Esa conversación conmigo misma me ayudó a permitirme finalmente soltar todo lo que estaba sintiendo. Lloré tanto que parecía que me ahogaría, pero, al contrario, respiré por primera vez. Subí las cortinas que había mantenido cerradas todo el encierro, y el calor del sol tocó mi piel. Ni siquiera sabía que era de día. Miré el mundo de afuera y me di cuenta que había cambiado, sí, pero que todavía había espacio para mí en él. Lo que me faltaba no eran ganas de vivir, sino el tomar la decisión de hacerlo.
No se cual fue mi error para la sociedad, nacer con un color de piel diferente, amar a una mujer, luchar por mis derechos o intentar o alzar mi voz para que todos seamos tratados de una misma manera.
Io aspetto, ma poi si cambia pagina...
Carabinera / Cara Vinera