Hay sensaciones feas, por ejemplo el sentir que solo soy un objeto de fantasías. Que los hombres me miran como un pedazo de carne que quieren devorar. Que mis amigos me traten como el escalón que sumen para no hundirse. Que mis padres eviten preguntarme que está mal para no tener que afrontar la avalancha de una posible recaída. Y querer tanto y necesitar de un abrazo que el dolor en mi pecho me arrastra a estar en soledad, ansiando tanto y creyendo que merezco tan poco, o nada. Ni siquiera un jodido abrazo.














