El Huaso, parte 23: Cambio de Planes
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Al dia siguiente mi mamá nos despertó golpeando la puerta. Me levanté todo asustando pensando que podría entrar, pero rápidamente recordé que estaba cerrada con seguro. Igualmente no le podía abrir porque no teníamos inflado el colchón que usaría supuestamente el Huaso, así que solo me limité a responderle a través de la puerta y esperar que no quisiera entrar.
Tras terminar el dialogo, mi mamá se fue y nos dejó tranquilos, y yo me volví a acostar al lado del Huaso.
—No quiero bajar a tomar desayuno —me dijo el Huaso, aún acostado con el brazo tapándole la cara.
—Igual desayuno no es —le respondí—. Es el almuerzo que va a estar listo en un rato mas.
—¡No quiero! —gritó fingiendo que se taimaba—. Quedémonos aquí acostados, tirando toda la tarde.
Al hacer su oferta se inclinó hacia mí, me abrazó y me besó. Aún tenía un leve gusto a cerveza en sus labios.
Yo no oponía resistencia, y mientras me besaba, con sus manos recorría mi abdomen hasta llegar a mi slip, donde su mano se fue hacia mi parte trasera. Deslizó su dedo por el borde de la tela, y luego le dio un agarrón a mi glúteo derecho. Metió su mano por debajo de la tela buscando mi ano, y usó sus dedos para estimularme.
—Suave —le advertí, cuando había encontrado su objetivo. Me miró a los ojos con una sonrisa malévola, y se montó encima de mí sujetando mis muñecas a los costados de mi cabeza.
—Yo decido como lo hago, ¿estamos? —me dijo en tono amenazante, y luego se acercó a darme un beso brusco.
Movió su pelvis un rato y luego se acomodó para sacarme el slip rápidamente y se metió todo mi pene ya erecto en su boca. Comenzó a mamarla con avidez, mientras yo sentía leves espasmos de placer. Gemía suavemente y apoyé mi mano derecha en su cabeza, la cual la quitó rápidamente con su mano izquierda y la mantuvo firme contra el colchón.
Al rato el grito de mi madre avisándonos que estaba servido el almuerzo interrumpió toda la calentura. El Huaso se rió tontamente y se acercó para besarme, con mis piernas hacia su hombro.
—Despertaste dominante wn —le dije mientras nos vestíamos.
—Un poquito. Para compensar por lo de anoche.
Bajamos a comer (no sin antes inflar el colchón, por si acaso) y pasamos bastante piola frente a mis padres, quienes nos preguntaron cómo lo pasamos anoche, y al Huaso le preguntaron si durmió cómodo en el colchón inflable.
—Ni se nota la diferencia con un colchón normal —les respondió él, complaciente.
Después de comer, fuimos a dar una vuelta a la plaza, donde el Huaso se alegró de encontrar barras para hacer ejercicios.
—¿Oye y tu crei que tus viejos sospechan algo? —me preguntó después de terminar de hacer un par de dominadas.
—No se, no creo —le respondí pensativo—. Igual no tenemos muchos gestos que nos delaten; frente a ellos al menos somos súper fríos.
—Si, me cuesta controlar mis ganas de abrazarte —me dijo mirándome tiernamente.
Nos quedamos ahí conversando harto rato, hasta que escuchamos un fuerte estruendo.
—¡Me cargan esas weas! —me dijo enojado el Huaso, al ver que habían unos cabros chicos jugando con petardos en la cuadra de enfrente.
Le dije que se calmara, y nos devolvimos a mi casa para bañarnos y arreglarnos para la noche. Teníamos planeado ir a una fiesta de año nuevo, para la que la Claudia nos había conseguido entradas, pero al llegar a la casa, al Huaso lo llamó por teléfono la mamá para decirle que su abuela (paterna) había muerto.
Se sentó un rato en mi cama y se puso a llorar. Lo abracé y me ofrecí a acompañarlo, pero me dijo que prefería ir solo. Arregló sus cosas y lo llevé al terminal a comprar pasaje para el bus que salía más luego. Nos despedimos en el andén, lo abracé y volvió a soltar un par de lágrimas; tomó el bus de las 20 horas, y se fue.
Volví a mi casa bajoneado, con pena por mi pololo y sin ganas de nada, así que llamé a la Claudia y le dije que no iríamos a la fiesta, explicándole la situación. En la noche en mi casa cenamos y celebramos el año nuevo muy hogareñamente, como siempre, pero me dormí temprano como en un día cualquiera.
Con el Huaso seguimos comunicándonos ese mes, hablando por teléfono, whatsapp y Facebook, pero no había querido devolverse para poder acompañar a su papá. Yo obviamente lo entendí, y le decía que me dijera cuando sería posible que nos viéramos.
Ya a principios de febrero me invitó a pasar un fin de semana con sus primos en la quinta región.
—Mis primos van a arrendar una cabaña con unos amigos —me informó él.
—¿Dónde?
—En Algarrobo. Me dijeron que te podía invitar.
—¿Y se acordaban de mí? —le pregunté sorprendido.
—Si po, el Sergio me dijo que te invitara —me dijo eso y me pregunté si el Sergio le había dicho lo que pasó en la camioneta—. Siempre me pregunta por ti.
—¿Si? —fingí sorpresa—, ¿y por qué te pregunta tanto por mi?
—No sé po, en volá le gustaste —dijo en broma, y yo me “reí” con su ocurrencia.
—Oye y tus primos no saben que estamos pololiando, ¿cierto? —le pregunté cambiando de tema.
—No, no cachan nada, así que tenemos que ir en plan perritos zorrones.
Hasta ese momento me había olvidado del Sergio, así que me puse a psicopatearlo en Facebook. Aparecía como soltero, aunque muchas minas le comentaban weas coquetas, y en su información tenía como que le interesaban las mujeres. Con esos antecedentes supuse que seguía en el closet, así que no se me lanzaría notoriamente.
Viajé a La serena el 12 de febrero, y me quedé en la casa del Huaso, y ese finde nos iríamos a Algarrobo donde ya estaban sus primos. Los padres del Huaso nos llevaron en auto y aprovecharon de quedarse a almorzar ese día viernes 14 con nosotros y los primos, el Sergio, el Kevin y el Dani (otro de los primos que no mencioné antes xd). Mis suegritos se devolvieron a La Serena esa tarde, y quedamos con los primos nomas.
—Ya cabros, mas les vale que hayan venido listos pa webiar —nos dijo de una el Kevin, apenas se fueron sus tíos.
—Como siempre po primo —le respondió el Huaso.
—Supongo que están solteros po, porque invitamos unas minas… —dijo el Dani, haciendo gestos de caliente.
—Si po, solterito —respondió el Huaso—. Después de la Mari quedé un poco traumado.
—Buena —dijo el Sergio—. ¿Y tu Larry? —me preguntó mirándome a los ojos.
—Soltero igual —respondí un poco nervioso, aunque manteniéndole la mirada.
—La raja, ¿y como te gustan las minas? —se metió el Kevin—. Si tení alguna petición especial me avisai y yo hablo con mi amiga pa que te consiga alguien.
—Da lo mismo —respondí nervioso ante su propuesta, pensando en marcar el número de la PDI y denunciar la red de trata de blancas que al parecer manejaba la amiga del Kevin—. Lo importante es que tengan tema —al parecer dije algo chistoso porque el Kevin y el Dani se rieron, pero los ignoré.
Nos quedamos conversando y después con el Huaso nos fuimos a bañar (por separado) mientras el Kevin y el Dani iban a comprar cosas. El Sergio se me acercó a hablar cuando el Huaso estaba en la ducha.
—Tanto tiempo —me dijo, como para iniciar la conversa. Nos pusimos al dia de cosas generales, asuntos de la u, como estábamos y cosas así—. ¿Y que onda con el Huaso? —me preguntó después de toda la formalidad.
—Nada po, somos amigos —le respondí, tratando de no delatarme.
—Aah —me miró con suspicacia—. Se nota. Entonces si hago lo mismo que ese día en la camioneta, ¿no habría nadie que se enoje? —dijo acercándose.
—Si habría alguien que se enoje —le dije antes de que se acercara más—. Estoy conociendo a alguien y no me gustaría serle infiel —me excusé.
—El Pato nunca te va a pescar —me dijo altiro—. Y no porque no seai atractivo, sino porque no se va a enganchar de un weon.
—Si no es el Pato, es otra persona —inventé. Claramente cachaba que yo ni ahí con las minas, pero no sabía del Huaso y no me correspondía a mi decírselo.
—Bueno, dame estos dos días y te aseguro que te vai a olvidar de esa persona —me dijo desafiante y confiado, y luego me guiñó el ojo y se fue a fumar al patio.
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