Pasaron las semanas y no nos dimos ni cuenta cuando llegó el día en que viajaría el Sergio. Probablemente por esa misma falta de atención tuvimos que dar exámenes hasta esos días que nosotros teníamos contemplados como libres.
El día miércoles en la mañana fue mi último examen, y en la tarde tendríamos que ir a buscar al Sergio al aeropuerto, así que el tiempo calzaba. El Huaso, en cambio, tenía su último examen el día jueves en la mañana, así que tenía que estudiar.
El plan era quedarnos los tres juntos en mi casa, que estaría vacía esa semana porque mis viejos habían viajado a Santiago.
Con el Huaso fuimos al aeropuerto en el auto a buscar al Sergio.
—¿Estay nervioso? —me preguntó cuando íbamos en camino.
—Si —se rió—. Pero es normal yo cacho. Así como era normal que yo estuviera nervioso el año pasado por darte un beso, y ahora mírame, no puedo dejar de besarte.
—¿Quieres decir que después no voy a poder dejar de hacer trios contigo y tu primo? —le pregunté confundido con sus palabras.
—Es probable —se volvió a reir. La verdad se le notaba que estaba muy nervioso también.
Llegamos al aeropuerto y vimos al Sergio esperando afuera con su maletita roja. Estaba mas abrigado que hijo único. Un jeans azul apitillado que dejaba apreciar sus gruesas piernas (y un sugerente bulto), y una parka negra tipo michelín. Usaba lentes de sol, que no servían de mucho en ese dia nublado. Saludó al Huaso con un apretado abrazo y luego yo lo iba a hacer de forma discreta, pero igual me dio un largo abrazo apretado, como si fuéramos amigos de toda la vida.
En el camino hacia mi casa, los primos se fueron hablando alegremente, poniéndose al día con sus vidas y familias, mientras yo escuchaba prácticamente sin aportar nada. Al llegar a la casa nos acomodamos y le mostré donde dormiría.
—Tu vas a dormir acá —le dije al Sergio mostrándole mi pieza—. Por favor no toques nada. O al menos no desordenes. Con el Huaso dormiremos en la pieza de mis viejos.
—¿Y si me da miedo en la noche me puedo ir a acostar con ustedes? —me preguntó poniendo cara de niño asustado.
—Acá no corres peligro, así que no deberías tener miedo —le respondí irónicamente.
—Aunque si tienes un miedo muy incontrolable quizás nosotros te podamos ayudar —intervino el Huaso, abrazándome para demostrar que somos una pareja y que tomamos decisiones juntos.
Preparamos algo rápido para almorzar y mientras comíamos el Sergio nos dijo que se le había olvidado traer sus pastillas para el acné, así que si le podíamos indicar donde había una farmacia.
—El Larry te puede acompañar al centro a comprar. Yo iría pero tengo que estudiar —me ofreció el Huaso.
—Sí, yo te acompaño, no tengo dramas —le respondí.
Dicho y hecho. Dejamos al Huaso estudiando y nos fuimos al centro a comprar. Dejé el auto en un estacionamiento de por ahí, y nos dirigimos a la farmacia. El Sergio compró sus pastillas (y unas cajas de condones, según pude ver), y nos dirigimos de vuelta al estacionamiento.
—Igual no se ve como que necesitas tratamiento para el acné —le comenté mientras caminábamos por el paseo Prat.
—Es que hace rato que las tomo. Pero antes tenía la cara pa la cagá, pregúntale al Pato. Era una frutilla culiá.
—Bueno, lo de frutilla no sé… —le dije en doble sentido, haciendo referencia a la palabra coloquial que había utilizado.
—Idiota —me dijo riéndose y golpeándome suavemente en el brazo. Al rato mientras caminábamos volvió a hablar—. ¿Le pondríai el gorro al Pato con ese weon? —me preguntó en voz baja apuntando con el mentón a un bombero.
El hombre en cuestión estaba vendiendo números para el sorteo de un auto. Se notaba que era alto y con buena espalda, piel blanca y ojos claros. Objetivamente muy guapo, lo que llamaba inmediatamente la atención. Si hubiera tenido 100 lucas las habría gastado todas comprándole números sin medirme.
El Sergio caminó hasta donde estaba él y yo lo seguí.
—¿A cuanto el número? —le preguntó con personalidad.
—Mil pesos —respondió él con una voz grave y una sonrisa en el rostro.
—Dame 4 —le pidió el Sergio, sin romper el contacto visual.
Yo miraba la interacción sorprendido, no tanto por la personalidad coqueta del Sergio (que ya la conocía muy bien), si no que por la positiva recepción que estaba teniendo en el bombero, que parecía corresponder el coqueteo del primo.
—Anota tu número acá, y me aseguraré de llamarte personalmente para avisarte que ganaste —le dijo el Bombero al final, cuando ya había elegido los números.
—Ya po, estaré esperando tu llamado… —dijo el Sergio después de anotar su número, esperando que el Bombero se presentara.
—Nicolás —dijo él, ofreciéndole la mano.
Se estrecharon la mano (y el Bombero Nico me la estrechó también a mí, para no quedar como descortés) y se despidieron, con la tensión sexual emanando por todos lados, y yo queriendo gritarles “ya bésense mejor!”.
—¿Cómo lo haces? —le pregunté al Sergio, ya cuando íbamos de vuelta a mi casa.
—¿Qué cosa? —me contrapreguntó haciéndose el tonto.
—Eso po, coquetear tan naturalmente. O al menos ¿como pudiste cachar que él era gay?
—Se le notaba po —me dijo riéndose, como si fuera obvio. Después de un rato agregó—. No sabía en verdad. Si no era, daba lo mismo porque los heteros son re aweonaos y no se dan cuenta si les coqueteai. Y resultó que parece que sí era po.
—¿Parece? Claramente lo dejaste baboso wn.
—Nada es seguro, pequeño Larry, hasta que te lo comai —me dijo con un aire de sabiduría.
—Te advierto desde ya, que no tienes permiso para quemar mi casa.
Nos reímos y al llegar a mi casa le contamos al Huaso lo sucedido, y se sorprendió igual que yo.
—Amor, parece que tendremos que calibrar nuestros detectores de gays —me dijo el Huaso.
—Bueno mientras estemos juntos no creo que sea necesario —le dije sarcásticamente.
Estuvimos todo el dia hablando de cualquier cosa, pero nunca mencionamos el tema del trío. Era como un tema tabú, que todos sabíamos que iba a pasar, pero no lo mencionábamos.
Esa noche nos acostamos a dormir temprano, porque el Huaso tenía el examen a las 9, y en realidad estábamos todos agotados.
En la mañana me levanté para ir a dejar al Huaso a la U (porque se quedó dormido), y a la vuelta, el Sergio estaba despierto viendo tele en el living. Había prendido la estufa y estaba sentado en el sillón usando solo un bóxer corto color negro. Estaba igual de marcado que la última vez que lo ví, con los pelos del pecho cortitos como siempre.
—¿Y tú no tení frio? —le pregunté al verlo.
—No, está buena la estufa —me dijo sin darle importancia—. Aparte no hace taaanto frío. Son cuáticos ustedes.
Me fui a duchar, ya que no lo había hecho al levantarme, y al terminar, tuve que ir a mi pieza a buscar la ropa limpia, donde estaba el Sergio, aún en ropa interior, acostado en la cama.
—Permiso, vengo a buscar la ropa —le dije, golpeando la puerta.
—Dale nomas, yo salgo —me dijo levantándose, con una erección bajo el bóxer que traté de ignorar—. Déjame vestirme nomas.
Se puso un buzo holgado y un polerón gris, y salió de la pieza. Yo me vestí tranquilamente y al abrir la puerta estaba el Sergio ahí en el pasillo esperando.
—Se me olvidó sacar el cargador —me dijo mostrándome el celu, y con una sonrisa inocente en la cara—. ¿Te gusta leer? —me dijo una vez adentro, señalándome la repisa llena de libros.
—Si, un poco —respondí haciéndome el tonto—. Igual no los he leído todos, tengo varios en espera.
—Buena, a mi igual me gusta leer. Por ejemplo este lo leí —dijo tomando “Un Final Perfecto” de mi repisa.
—¿Anoche? —pregunté sorprendido.
—No po —se rió—. En mi casa lo leí. Es muy bueno.
—Buenisimo —lo corregí—. Este es mi favorito —le dije tomando “Crónicas Marcianas” del estante.
—¡Ese lo leí en el liceo! —dijo él emocionado—. Pero me daba como miedo —se sonrojó.
—¿Miedo? —pregunté incrédulo—. ¿Y este? —le dije tomando “Micro”.
—Es muy bueno. Si quieres lo lees —le ofrecí. Me sonrió y nos quedamos mirándonos en silencio, sintiendo esa tensión que el Sergio sabía muy bien como construir—. Ya, bajemos a desayunar mejor —le dije poniéndome un poco nervioso, y preguntándome si de verdad era un ávido lector, o sólo lo decía para coquetearme.
Desayunamos y vimos tele, y luego llegó el Huaso del examen, muy nervioso por el resultado. Lo tranquilizamos diciéndole que lo mas probable era que le había ido bien, asi que se calmó un poco.
Ahora ya con los tres libres, sin ninguna responsabilidad pendiente, nos dedicamos a disfrutar nuestra estadía juntos. Esa tarde fuimos a comer al mall, y después de estar vagando toda la tarde, pasamos al tottus a comprar cervezas y cosas para comer, porque “celebraríamos” que ya habíamos terminado los exámenes, independiente de los resultados. Mientras estábamos en la caja del super, me llegó un whatsapp del Victor diciéndome que ya habían subido las notas del examen de ayer al portal de la universidad, así que me entró la ansiedad por saber, pero me aguanté hasta llegar a la casa.
Cuando llegamos a la casa, alrededor de las 7 de la noche, le dije al Huaso que ya estaban las notas y revisé el portal. Me había ido excelente en el examen, así que pasé el ramo sin problemas. El Huaso me felicitó con un beso, y el Sergio con un abrazo.
Le dije al Huaso que revisara también por si acaso, y para su sorpresa también estaba su nota del examen de la mañana, y también aprobó el ramo. Esta vez yo lo felicité con un beso, y el Sergio con un abrazo también, pero el Huaso lo tomó y le dio un beso en la boca. yo me quedé sorprendido, y el Sergio también, pero con una sonrisa en su cara. Yo por mi parte me sentí confundido, entre el desconcierto y la calentura.
—Esta wea tenemos que celebrarla po —dijo el Huaso, justificando su acción.
Dejé pasar el momento de shock, y comencé a celebrar junto a mi pololo y su primo. Destapamos unas cervezas y pusimos música a todo volumen. Bailamos y saltamos por todo el living, celebrando nuestro paso al siguiente semestre.
Después de un largo rato de celebración, me fui a la pieza de mis viejos y me acosté de guata en la cama. La idea era descansar un rato, pero de la nada siento que alguien se sube encima mío y me empieza a besar el cuello mientras frotaba su pelvis en mi trasero. Me voltié y vi al Sergio encima mío mirándome con cariño, mientras el Huaso estaba de pie en la entrada de la pieza, observando la escena con una sonrisa en el rostro.
Tener al Sergio encima mío me puso nervioso, comencé a temblar levemente, pero al ver al Huaso me dio la confianza de seguir adelante. El Sergio se acercó a besarme y yo lo acepté. Nos besamos con timidez al principio. Ambos estábamos nerviosos, y sentí que él también temblaba, pero a poco andar, se soltó y me besó con mucha destreza, utilizando su lengua para masajear la mía.
—Rico —me dijo con una sonrisa después del beso, y luego se mordió el labio mientras yo me sonrojaba por su comentario.
El Huaso se acercó por detrás de él y le besó el cuello mientras con sus manos le tocaba el abdomen a Sergio por debajo de la polera. El ver a mi pololo besar a su primo me provocaba un morbo inmenso. Saber que el Sergio y yo éramos los únicos hombres a los que había besado el Huaso aumentaba mi calentura. Teníamos esa “conexión” en común, ambos éramos sus hombres.
Me empecé a tocar el paquete, masajeándolo por encima del jeans, con el pene completamente erecto mientras los miraba besarse. El Huaso, al darse cuenta de lo que estaba haciendo, se hizo a un lado y se acercó a mí. me besó y me desabrochó el pantalón, mientras el Sergio se sacaba la polera. Me incliné para lamer sus tetillas y besar su abdomen, y el Huaso se acercó por detrás de mí y volvió a besar a su primo, esta vez dejándome a mí entre ellos, mientras le apretaba los glúteos con mis manos por encima del buzo, pero rápidamente las deslicé por debajo de la tela, tocando directamente su piel, y haciendo que mis dedos llegaran lo mas cerca posible de su ano.
Cuando el Huaso se percató de lo que estaba haciendo, se hizo a un lado, se recostó en la cama y observó.
—Dale —me dijo, como dándome permiso.
Yo obedecí y le bajé el pantalón, revelando lo que escondía su generoso bulto. En ese momento ya estaba completamente erecto, y si no tenía cuidado, de seguro me aturdía al liberarlo. Su pene era mas grande y mas grueso que el del Huaso. Al verlo me dio miedo incluso de hacerle sexo oral, porque sabía que no me cabría en la boca, pero hice el trabajo a paso lento.
Le lamí el glande, provocándole gran placer, que se evidenciaba con inmediatos espasmos en sus piernas. De a poco iba entrando mas y mas a mi boca, pero apenas alcancé a llegar a la mitad. No pude completar la pega y me sentí avergonzado.
El Sergio se levantó y se sacó el buzo, quedando completamente desnudo, y luego se acercó al Huaso, que se estaba masturbando mientras nos miraba. Le sacó la polera y el pantalón y quedaron ambos desnudos, siendo yo el único que aún conservaba toda su ropa.
Los dos se pusieron de pie y me llevaron a un costado de la cama. Ahí me comenzaron a tocar. El Huaso frente a mi, y el Sergio por detrás. Mientras mi pololo me besaba, el primo me apretaba los glúteos con sus manos y me besaba el cuello. El Huaso me sacó la polera y el Sergio me bajó el pantalón con el bóxer, dejándome ahora completamente desnudo por fin. El Primo me dio una nalgada y apretó mis glúteos con fuerza, y luego los besó.
El Huaso se arrodilló frente a mí y comenzó a hacerme sexo oral, mientras el Sergio seguía admirando mi trasero. Yo movía mis caderas mientras le acariciaba el cabello a mi pololo, hasta que el Primo separó mis glúteos y pasó su lengua por mi ano, lo cual sumado al placer que me provocaba el Huaso, me estremeció por completo. La sensación de estar siendo estimulado por delante y por detrás al mismo tiempo era lo mas placentero que habia experimentado hasta el momento. Con mi mano derecha acariciaba la cabeza de mi pololo, y con la izquierda la del Sergio, mientras ellos acariciaban mis piernas y mis glúteos.
Disfrutaba al máximo la experiencia, alcanzando un nivel de excitación que no había alcanzado antes, hasta que sentí que estaban haciendo muy bien su trabajo, así que decidí parar.
—¿Qué pasó amor? —me preguntó el Huaso preocupado.
—Nada —me reí con vergüenza—, sigan ustedes por mientras.
Me recosté en la cama y me quedé observándolos. Ellos se pusieron de pie y comenzaron a besarse, como dos amantes, con pasión. El Huaso le agarraba los glúteos a su primo, mientras éste lo masturbaba. El Sergio se arrodilló frente a él y se metió todo su pene en la boca. lo chupaba con mucha destreza, demostrando que tenía harta experiencia en la materia. El Huaso demostraba su placer en su cara, y me miraba a los ojos, para hacerme partícipe de lo que sentía, o para sacarme pica. De todas formas su mirada me hizo levantarme y dirigirme hacia donde estaban ellos.
Me acerqué y besé a mi pololo, que con una mano me acariciaba la cara y con la otra le tomaba la cabeza a su primo. Me arrodillé a un lado del Sergio y juntos le hicimos sexo oral al Huaso. Tener el pene de mi pololo en mi boca, con otra persona al lado, “luchando” por hacer lo mismo fue raro. Estuvimos compartiendo incómodamente a mi pololo en un principio, pero luego nos complementamos y nos besábamos con el pene del Huaso entremedio, o mientras yo le mamaba el pico, el Sergio le lamía los huevos y viceversa.
Cuando el Huaso sintió que estaba listo para el siguiente paso nos dijo que nos acostásemos en la cama, y nosotros obedecimos. Nos acostamos en la cama, uno al lado del otro.
—Bésense —nos dijo con suavidad, pero nosotros acatamos como si fuera una orden.
Se puso frente a nosotros, y con sus dedos comenzó a jugar con nuestros anos, como decidiendo con cual empezaría. Finalmente se decidió por empezar con el mío.
Me tomó de las piernas y me acercó a él de un tirón. Puso mis piernas en sus hombros y metió su pene lentamente, pero entró perfectamente, como lo había hecho miles de veces antes. El Sergio se recostó a mi lado y siguió besándome mientras me masturbaba. Luego se levantó y se puso al lado del Huaso y lo comenzó a besar a él. Al ver a mi pololo besando a su primo mientras me culiaba me causó un placer instantáneo. Sentí como los músculos de mi ano se contraían al observar dicha escena.
El Primo me miró y vio mi cara de placer al verlos, así que se rió y se acercó a mí, se montó en mi pecho y me hizó mamarle el pene. Yo ya no estaba en posición de tomar lo que podía, pero de todas formas fue consciente de mi incapacidad de meter grandes tamaños a mi boca, y lo hizo lento. Movía su cadera, y yo recibía su pene en mi boca.
El tener dos hombres metiendo sus penes en mi me dio una nueva sensación de calentura y satisfacción. De alguna manera creo que desbloquié un nuevo nivel de pasividad esa noche, y aún me faltaban muchos niveles más de seguro, y en ese momento me di cuenta que por el momento era el único pasivo en ese cuarto, y que tarde o temprano el Sergio iba a hacer lo suyo en mis partes bajas. No conocía el rol del Primo de mi pololo, pero lo mas seguro es que iba a querer usar su herramienta en mi trasero, y estaba seguro que el Huaso no iba a dejarse pasivear frente al “invitado”.
Así estuve aguantando las embestidas de mi pololo en mi trasero, y las del Primo en mi boca, que a pesar de no hacerlas tan profundas por consideración, sí lo hacía rápido, y hasta el momento había alcanzado más profundidad de lo que había logrado antes.
—Ya Sergio, ven pa acá —le dijo el Huaso de repente a su primo. El Sergio sacó su pene de mi boca y le hizo caso a mi pololo. El Huaso miró la expresión de miedo que puse y se asustó—. ¿Estay bien amor?
—Sí, todo bien —le respondí apenas recuperando el control de mi mandíbula.
—¿Quiere sentir al Sergio? —me preguntó con preocupación, bajando un poco las revoluciones de la situación.
—Sí —le respondí sin pensarlo. La calentura sobrepasaba el miedo en ese momento.
El Huaso se acostó debajo de mí y me hizo ponerme en cuatro para que el Sergio me la metiera. El Primo se acercó a mí y me dio un beso negro, para asegurarse que estuviera debidamente estimulado aún. Comenzó a meter su pene de a poco, y a pesar de que mi pololo había hecho la pega ahí previamente, las dimensiones del Primo eran mas grandes de lo que esperaba.
Para ahogar el dolor, el Huaso me abrazaba y me besaba, y me secaba las lágrimas que me caían por el rostro producto del dolor que me causaba.
Sergio me embestía cada vez mas profundo, aunque con suavidad aún, y con la ayuda del Huaso, que abría mis nalgas para que entrara con mayor facilidad (y mas profundo), podía hacerlo con fluidez.
Finalmente la pudo meter toda, y el dolor que sentía fue disminuyendo y el placer comenzó a retomar su lugar. Comenzó con sus embestidas rápidas y profundas que me provocaban un nivel de placer que no había sentido hasta entonces. Una sensación entre miedo de ser partido en dos y puro placer de seguir recibiéndolo. Comencé a sentir un cosquilleo en mis genitales, ese que se siente cuando uno esta a punto de alcanzar el orgasmo. Le dije al Sergio que se detuviera porque estaba a punto de acabar, pero no me hizo caso, y siguió con sus movimientos hasta hacerme acabar con tanta fuerza que mi semen saltó en el abdomen, el pecho y la cara de mi pololo. Alcancé tal nivel de excitación que lancé un grito de placer al llegar al orgasmo, el que fue ahogado por la música que teníamos puesta.
El Huaso tomó el semen que cayó en su abdomen y se lo llevó a la boca, sonriéndome con coquetería. Me acerqué a besarlo y le pasé la lengua por la cara donde le había saltado mi semen, y lo volví a besar, fundiéndonos en un rico beso blanco. El Sergio luego me levantó y me hizo besarlo, y yo obedientemente lo hice. Me volteé para besarlo más cómodamente y después me acostó y me besó tendido en la cama. Se acercó a besar al Huaso, y luego bajó a hacerle sexo oral a mi pololo.
El Huaso disfrutaba el sexo oral, y yo lo podía ver en su cara. Claramente su primo tenía mas experiencia que yo, y al parecer también lo hacía mejor que yo. El Huaso me miraba mientras recibía el trato especial de su primo, y yo me acerqué a besarlo.
Después de recibir el sexo oral del Sergio, el Huaso se levantó e hizo que su primo se recostara a mi lado, y comenzó a hacerle un beso negro. El Sergio disfrutaba las habilidades lingüísticas de mi pololo, que había adquirido conmigo, y yo miraba como apretaba las sabanas dentro de sus puños con los ojos cerrados. Después de un rato, el Huaso se puso en posición para metérsela al primo, quien lo recibió con facilidad y sin mucha resistencia. Yo aproveché la ocasión para hacer que el Sergio me hiciera sexo oral, y mientras tanto mi pololo lo embestía con tal fuerza que lo hacía gemir con la boca llena.
La mayor parte del tiempo me dejaba llevar por lo que estábamos hacíamos, pero a ratos no podía evitar pensar racionalmente lo que estábamos haciendo, que a pesar de ser todo muy rico y caliente, también lo encontraba muy freak, o raro, como cuando haces por fin algo que siempre quisiste hacer, pero nunca pensaste que podrías hacer, una especie de incredulidad por lo que estaba pasando.
El Huaso entonces pidió cambio, y me dio la posibilidad de por fin ser activo en la noche. Pero antes de ponerme en modo activo, no pude desperdiciar la oportunidad de comerme el poto del Primo. Lo apreté con mis manos y separé sus cachetes, antes de pasarle la lengua. Su culo era lampiño, así que mi lengua recorría cada milímetro de su piel con facilidad y fluidez. Lamía, mordía y besaba su culo, con tanta pasión que escuchaba como gemía, y aplicaba toda la fuerza de mi lengua para realizar la mayor presión posible en su ano, que a esas alturas ya no oponía mucha resistencia.
Me puse en modo activo, ahora si que si, y lo comencé a fornicar con rapidez, apoyándome en su cintura, mientras el Sergio le hacía sexo oral a mi pololo. Después de un rato, el Huaso se puso detrás de mí y me besaba el cuello mientras me punteaba, y sin previo aviso, metió su pene por completo en mi.
Me sentí un poco descolocado, y la verdad con cierta incomodidad, pero acepté el desafío, y rápidamente la incomodidad se transformó en comodidad y dio paso al placer. Yo movía mi cadera, tanto para fornicar al Sergio, como para ser follado por mi pololo, que estaba inmóvil detrás mío.
Al rato el Sergio comenzó a mover su cadera, tomando el poder de su pasividad. Se movía muy rico, mejor de lo que me movía yo como pasivo, debo admitir, y mejor que el Huaso en el mismo rol. Aprovechando el movimiento de mi pasivo, me quede inmóvil, y mi activo comenzó a tomar el control de la relación y también comenzó a moverse.
El Huaso se movía rápidamente, con fuerza y gimiendo, mientras yo sentía el placer de estar siendo complacido por ambos lados. El Huaso acabó dentro mío, soltando sus ya conocidos gritos roncos de placer. Al sentir su semen dentro mío, me ayudó a alcanzar mi segundo orgasmo de la noche, el cual tuve que aguantar hasta estar fuera del Sergio.
Me saqué el condón y terminé pajeándome y soltando toda mi leche en su espalda, y el Sergio gemía al sentir cada chorro en su piel. Me acosté de espaldas en la cama, y el Primo entendió lo que pretendía, así que se montó encima de mí y comenzó a masturbarse, hasta que eyaculó en mi abdomen, mi pecho y mi cuello, mientras el Huaso tomaba unos pañuelos y le limpiaba la espalda a su primo.
El Sergio se acercó a besarme después de su orgasmo, y yo le respondí el beso con gusto. Mi pololo se sumó, separándonos y besándonos a los dos por separado, y luego se acostó a mi lado. El Sergio lo imitó y se acostó al otro lado mío, mientras yo me limpiaba su semen de mi cuerpo.
Nos quedamos acostados un rato ahí, recuperando el aliento en silencio, hasta que el Sergio rompió el hielo.
—El mejor trío de mi vida —exclamó con una amplia sonrisa en su cara, mientras nosotros nos reímos con una mezcla de vergüenza y complicidad.
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