Ragnartale Capitulo 30 / Español PART A
—-
Parte B
—-
—
Instagram: ragnartale_comic Facebook: Ragnartale Deviantart: NaomyMikolMaria Youtube: Naomy Mikol Twitter: Naomy Mikol Tumblr: Naomy Art SPOILERS : INSTAGRAM, TWITTER AND FACEBOOK
seen from Greece
seen from Malaysia

seen from Canada
seen from Netherlands
seen from China

seen from Indonesia
seen from Canada
seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from Malaysia

seen from United States

seen from Hong Kong SAR China
seen from Türkiye

seen from Malaysia

seen from Malaysia
seen from Canada
seen from United Kingdom

seen from Honduras
seen from Türkiye
Ragnartale Capitulo 30 / Español PART A
—-
Parte B
—-
—
Instagram: ragnartale_comic Facebook: Ragnartale Deviantart: NaomyMikolMaria Youtube: Naomy Mikol Twitter: Naomy Mikol Tumblr: Naomy Art SPOILERS : INSTAGRAM, TWITTER AND FACEBOOK
El Huaso, parte 30: El Regalo
Lista de capítulos
Me bajé de la micro en la casa del Huaso, porque aún no me calzaba que se fuera a tomar con los demás.
Golpeé la puerta de la pensión y me abrió la señora Sonia, la dueña, tan amable como siempre.
—El Patito no está, salió —me dijo ella, fingiendo pena por haber perdido mi tiempo.
—¿Y no dijo a qué hora volvía?
—No me dijo nada… solo salió apurado.
—¿Y a que hora salió? —con esa pregunta esperaba descubrir si mentía o no.
—En la tarde. Como a las 3 —respondió ella, recordando.
“¿Le puede decir cuando vuelva que lo amo mucho y que no puedo vivir sin él?”. Quería decirle, para que le diera el mensaje altiro, porque estaba seguro que estaba encerrado en su pieza y le había dado instrucciones a la señora Sonia de mentir por él.
—Bueno, cuando vuelva ¿puede decirle que necesitaba hablar con el? —le pregunté a la señora, casi como cortesía, porque obviamente el Huaso ya sabía que quería hablar con él y deliberadamente no me quería ver.
Me despedí de ella y me di la media vuelta. Una vez en la calle me volteé a ver a la pensión y evalué la posibilidad de saltar al techo y llegar al fondo del terreno, hacia donde estaba la ventana de la pieza del Huaso. Pero la razón fue más fuerte y recordé que no estaba en mi lista de prioridades pasar una noche en la comisaría por violación de moradas.
De todas formas, me fui caminando a tomar la micro, sin preocuparme del enojo del Huaso. Sabía que se le pasaría y que pronto volveríamos a ser felices como siempre lo fuimos.
—¿y?¿encontraste al Huaso? —me preguntó el Bryan, que me había llamado por teléfono mientras esperaba la micro.
—No, pero creo que sí estaba en la casa —le respondí—. Oye, ¿puedo ir a tu casa? —le pregunté—. No quiero irme a mi casa y deprimirme en soledad —dije en broma.
—Dale, ven nomas —aceptó altiro.
Al llegar a su casa, el Bryan me preguntó altiro si me sentía bien.
—Sí, estoy bien. Un poco molesto nomas —le respondí escuetamente, sentándome en el sillón.
—¿Por el Huaso? —inquirió.
—Por todo wn. El Pato, la U, la vida…la Claudia —admití.
—La cagó feo la Claudia ahí —comentó el Bryan.
—Si po, la cagó feo ella. De pura maldad wn, estoy seguro.
—No creo, aparte después los acompañó a hablar con la jefa para cambiarse de tesis.
—No ayudó en nada. De hecho ni habló. En ese caso mejor iba yo solo a hablar. Y el Pato ¿Cómo tan weon pa creerle? —me pregunté tapándome la cara con las manos.
—Pero se le va a pasar, debe ser un arrebato nomas —trató de calmarme el Bryan.
—Si sé que se le va a pasar —seguía confiado—. Pero igual me da rabia. Ahora podríamos estar los dos tirados en su cama, felices, sin preocuparnos por la tesis —mi amigo se incomodó un poco por el comentario.
—¿Por qué las caras tan largas? —preguntó Pedro, el hermano del Bryan, que venía llegando a la casa—. ¿Murió alguien?
—Nadie murió —contestó el Bryan, riéndose.
—El Huaso… —comencé a decir, pero la cara de espanto del Pedro me detuvo.
—¿Qué te hizo ese mal hombre? —su tendencia a la exageración se hacía patente.
—Nada —me reí un poco—. Se enojó, es todo.
—Si anda enojón es porque le falta sexo —la sabiduría era de familia al parecer. Me sonrojé con su comentario.
Seguimos conversando un rato, le contamos toda la situación de la tesis al Pedro, y nos dio su opinión.
—Sabía que no se podía confiar en esa mina —comentó con desconfianza—. Siempre me pareció media turbia.
—¿La conoces? —le pregunté sorprendido.
—Si po, si es amiga del Diego —explicó él.
—¿Y como conoces al Diego? —le volví a preguntar sorprendido, el Bryan solo se seía por mi reacción.
—Trabajaba de empaque conmigo en el super —aclaró—. Una vez fui a un carrete en su casa y llegó ella. No me agradó, sentí como una onda media cínica, una energía rara.
—¿Y tu creí que me separó del Pato a propósito? —le pregunté, anonadado.
—No lo pesques Larry, el Pedro está loco y se las dá de místico —me dijo el Bryan, lanzándole un cojín a su hermano—. ¿Ya sabes qué le vas a regalar al Huaso? —me preguntó mi amigo cambiando el tema.
—No —dije, un poco avergonzado.
—Podrías hacerle una fiesta sorpresa —sugirió Pedro.
—Si va a hacer un carrete, donde la Claudia —dije, con cierto desagrado—. Pero quiero hacerle algo yo, solo que no sé qué.
—Podrías salir de la torta en pelotas —sugirió bromeando el hermano del Bryan.
—O podrías llevarlo a comer a un lugar romántico —aportó mi amigo, como si la primera idea de su hermano fuera igualmente válida.
La idea del Bryan era súper buena, y no podía creer que no se me hubiera ocurrido antes. Nos quedamos conversando sobre la logística del regalo, y todo el detalle que conllevaría, y nos reímos harto haciéndolo.
Al día siguiente en la U, llegué a la sala y estaban todos sentados conversando en el grupo mientras el profe preparaba el proyector. Me senté al lado del Huaso y los saludé a todos. Todos respondieron, menos mi pololo, y se provocó un silencio incómodo de un par de segundos que a mí me parecieron horas.
—¿Cómo estás? —le pregunté acariciándole el brazo. No me respondió, pero pasó piola porque el profe comenzó a hablar, iniciando la clase.
Pensé que soportaría mejor el enojo del Huaso, pero de verdad me dolió su “ley del hielo”. Durante la clase no pesqué nada de lo que decía el profe, estuve todo el rato pensando en su frialdad, así que decidí que no le iba a rogar, le haría creer que me daba lo mismo, y así cuando llegara el viernes se sorprendiera más con mi sorpresa.
Al terminar la clase, me despedí con un escueto “chao” para el grupo, y me fui al laboratorio de tesis. Desde entonces no vi mas al Huaso, ya que no teníamos más clases teóricas juntos, y entre tesis y laboratorios, no había posibilidad de verlo en la U.
Al día siguiente, pusimos en marcha todo el plan. El Bryan era el encargado de decirle a todo el grupo que cancelaran el carrete por el cumpleaños del Huaso porque yo le daría una sorpresa. La Claudia estaba encargada de hacerle creer al Huaso que seguía todo en pie, para que de todas formas estuviera listo para salir.
El viernes en la noche, llegué a las 21:30 afuera de su casa (ya que se suponía que él se iría a las 22 horas a la casa de la Claudia), y esperé sentado en el auto a que saliera. Estaba un poco nervioso, porque no sabía como iba a reaccionar, si seguiría enojado o aceptaría mi regalo; y además me sentía un poco incómodo, porque me vestí ultra formal (quizás demasiado formal), con un pantalón de tela negro, camisa blanca, y zapatos formales. El pantalón me quedaba muy apretado, ya que le tuve que pedir prestado uno al Pedro porque el pantalón que tenía yo había sufrido un contratiempo.
Cuando él salió, vi por el espejo retrovisor que se dirigió en dirección contraria. Me bajé del auto y le grité.
—¡Pato! —la voz me tembló un poco, por los nervios y por el frío, ya que al no tener una chaqueta decente, fui solo con camisa para no arruinar el look.
El Huaso se volteó y al verme se le iluminaron los ojos y esbozó una breve sonrisa, que me indicó de inmediato que se alegraba de verme, pero la controló para engañarme. Él estaba vestido con un jeans azul y una camisa igual de blanca que la mía, pero se abrigaba con una chaqueta de cuero.
—¿Por qué estay vestido así? —me preguntó, esforzándose por mantener la seriedad.
—Porque me dijeron que cierta persona estaba de cumpleaños y quise acompañarlo —le respondí—. Se me ocurrió que necesitaba un chofer que lo llevara a su celebración.
—Pero si queda acá arriba —se seguía haciendo el pesado.
—¿Me vas a dejar acá parado? —le advertí, haciéndome el enojado. No tuve que decir más y se acercó, sonriendo mas y más con cada paso que daba, hasta que llegó frente a mi y me dio un largo y apretado abrazo.
—Te extrañé amor —me dijo al oído.
—Yo también —admití.
—¿Por qué tiritas?
—Porque tengo frio —le dije riéndome—. Y bueno, un poco por los nervios.
—¿Te paso mi chaqueta? —ofreció, aunque me abrazó mas fuerte, como intentando darme todo su calor corporal.
—No, estoy bien —le dije para que no se preocupara, pero su solo ofrecimiento me abrigó el alma—. Subámonos al auto mejor —sugerí.
Nos subimos al auto, y apenas cerramos las puertas el Huaso me tomó del cuello y me acercó a él para besarme, y yo me dejé llevar por su beso, lleno de cariño y deseo. Nuestras lenguas se movían con tal sincronización como si estuvieran hechas la una para la otra.
—Estrañé eso también —me dijo él, mirándome a los ojos una vez terminamos nuestra sesión de reencuentro.
—Yo también —respondí, y le di un piquito para terminar.
Le tome la mano y entrelazamos nuestros dedos mientras tomaba una bolsa de papel de regalo del asiento trasero, y se la pasé.
—Feliz cumpleaños, amor —le dije entregándole el regalo. El Huaso lo miro y sonrió de inmediato.
—Con que vinieras me bastaba —me dijo mirándome a los ojos, con una sonrisa en los labios. Se dispuso a abrir el regalo y se puso a reir tiernamente cuando descubrió el contenido—. ¡Me encanta! —dijo sacando el peluche de un pingüino de la bolsa.
—Como sé que son tus animales favoritos, no pude no comprártelo cuando lo vi —le expliqué.
—Lo amo —me dijo con una genuina sonrisa de felicidad, y acercándose a darme un beso de agradecimiento.
Puse en marcha el auto y nos conduje en dirección al restorán donde habíamos cenado la noche que celebramos nuestro pololeo.
—Oye pero te pasaste, si vamos donde la Claudia —me dijo él, percatándose que no estaba yendo por donde debería.
—Amor, ¿crees que me voy a vestir así para ir donde la Claudia? —le pregunté con sarcasmo.
—Bueno, no —respondió él—. Te ves hermoso, aunque con ese pantalón llamarías mucho la atención en un carrete —me dijo, pasándome la mano por la pierna derecha.
—Si lo sé —me sonrojé—. Pero así muestro mis piernas esculpidas por el deporte —me di color, y ambos nos reímos.
Estacioné el auto y nos dirigimos al restorán, donde había una mesa reservada para nosotros, justo al lado de una larga mesa con unos 10 hombres cincuentones, conversando y riendo muy sonoramente, con varias botellas de vino en la mesa.
El Huaso se puso un poco tenso al ver la cantidad de gente que había, y yo también (no lo niego), pero el estar junto a mi pololo me dio una sensación de protección y seguridad (y quiero creer que él sintió lo mismo).
Tomamos asiento y al rato nos relajamos y distendimos y hablamos como si nada hubiera pasado, hasta que el Huaso se puso serio y me dijo:
—Amor —me dijo bajando un poco la voz—. Perdóname por ser tan aweonao —hizo un ademán de tomar mis manos a través de la mesa, pero se contuvo—. Debí haber sido mas comprensivo con tus tiempos.
—¿Y cuando te diste cuenta de eso? —le pregunté, tratando de ocultar mi molestia.
—El miércoles —el mismo día que se había enojado—. De hecho estaba en mi pieza cuando me fuiste a buscar. Pero no te podía pedir perdón porque me daba mucha rabia, conmigo mismo por haber sido tan aweonao. Pensaba todo el rato “ahora podría estar con el Larry, juntos, disfrutando el tiempo libre, planificando qué haríamos para el 18”, pero me daba la wea por haberlo arruinado dejándote botado. Perdóname amor —terminó de hablar, con vergüenza, culpa y arrepentimiento en la mirada.
—Prométeme que nunca más te vas a enojar por una tontera así, por favor —le pedí—, y que vas a entender que no ando webiando en la U, ando trabajando.
—Lo prometo —dijo, levantando su mano izquierda mostrando la palma, y con la mano derecha en el corazón, aunque con cierta vergüenza y culpa en el rostro.
—Ok, te perdono amor —le dije, aunque no pude dejar de pensar que se sentía como un deja vú.
Continuamos con la cena, y luego nos fuimos caminando hacia el auto, caminando por la calle solitaria. El Huaso se aseguró que no hubiera nadie mirando y pasó su brazo por mi espalda y apoyó su antebrazo en mi hombro. Yo, acto seguido posé mi mano en su cintura, y caminamos así hasta llegar al auto, que estaba una cuadra más allá.
Conduje hasta su casa y entramos a su habitación, donde nos tomamos de las manos, y nos besamos. El Huaso me tomaba de la cara, pasando sus dedos por mis mejillas, y luego pasaba sus manos por mi espalda para abrazarme y acercarme a él.
—¿Me darías el honor de dormir contigo? —me preguntó.
—Por supuesto —le respondí.
Nos tomamos nuestro tiempo. Nos seguimos besando con delicadeza, lentamente, disfrutando el momento. Apreciábamos cada segundo, redescubriendo nuestros cuerpos, nuestra piel, nuestros besos. Me desabrochó lentamente la camisa, botón por botón, sin despegar su frente de la mía; me dejó desnudo de la cintura para arriba y pasó su dedo por mi abdomen, desde el esternón a mi ombligo, donde pasó el dedo por la hebilla del cinturón. Yo procedí a hacer lo mismo, pero al percatarme que su camisa era con botones de presión, tiré de ambos lados en direcciones opuestas, con fuerza, provocando la risa de ambos ante el repentino cambio de ritmo.
Volvimos a lo nuestro, retomando nuestro ritmo pausado, me desabrochó el cinturón para luego abrirme el pantalón, dejando al descubierto la pretina de mi ropa interior, que al verla se le iluminó el rostro.
—Mi favorita —me dijo pasando su dedo por la pretina, siguiendo el camino que conducía a mi espalda, donde agarró el elástico sin ninguna tela cosida a él.
Me volvió a besar, mientras me bajaba el pantalón, dejando a la vista el jockstrap rojo que estaba usando. Pasó su mano derecha por mi glúteo izquierdo, acariciándolo, y al llegar al elástico suspensor, lo torció de igual forma como tenía agarrada la pretina con la otra mano.
Besó mi cuello, produciéndome espasmos, mezcla de cosquillas y excitación, mientras con su mano derecha acariciaba mis pectorales, y con la izquierda masajeaba mi paquete, desesperado por escapar de la tela que lo sujetaba. Le desabroché el pantalón, y pude ver qué se escondía bajo la pretina verde de su ropa interior que se veía en el borde del denim. Un bóxer de igual color que el elástico, muy ajustado por la erección evidente que tenía, me llamaba a tocarlo.
Masajeé su paquete con una mano, mientras con la otra apretaba sus glúteos, tan firmes por los años de jugar a la pelota. Me arrodillé frente a él y le bajé el bóxer. Su pene erecto se estiró con fuerza, ya sin las restricciones de la tela. Rápidamente me metí a la boca su miembro, que ya lo conocía de memoria, pero lo chupé lento y suave, como si fuera la primera vez, como si estuviera recién conociendo su anatomía, familiarizándome con sus dimensiones, textura y aroma.
Lamí sus testículos, y me los metía a la boca, uno a la vez, provocándole leves gemidos de placer. Saqué mi paquete por el borde de la tela de mi jockstrap mientras le hacía sexo oral a mi pololo, permitiéndole respirar a mis genitales. Volteé al Huaso, e hice que se apoyara en la pared, mientras pasaba mi lengua por su ano. Mordía y besaba sus glúteos, y luego con mis manos los apretaba y los separaba, para así darle mayor facilidad a mi lengua.
El Huaso se volteó y me levantó para besarme, agradeciéndome por mis habilidades orales. Crucé mis brazos por detrás de su cuello, y él aprovechó la ocasión para tomar mis piernas y me sostuvo en sus brazos.
Mientras me sostenía, movía mi pelvis, y él acercó sus manos a mis glúteos, acariciándolos y jugando con sus dedos en las cercanías de mi ano.
—Sostente —me dijo, y yo hice fuerzas con mis extremidades alrededor de él.
Se acercó la mano derecha a la cara y se chupó el dedo índice, luego volvió a bajar la mano y con su dedo comenzó a jugar en mi ano. Lo presionaba sin meterlo, como lubricándolo. Volvió a acercar su mano a su cara y se metió a la boca los dedos índice, medio y anular, y luego me hizo hacer lo mismo. Yo obedecí, ante su atenta mirada y sonrisa, y al sacar los dedos me besó.
Con sus dedos húmedos en saliva comenzó a meterlos de a uno. Yo disfrutaba sus manualidades y le agradecía a besos.
Nos acercamos a la cama y me bajó con cuidado. Me volvió a besar, y se acercó lentamente a mis genitales, lamiendo mi pecho y abdomen, hasta llegar a mi pene, que seguía erecto sin descanso, totalmente húmedo por el precum.
El Huaso usó su lengua para juguetear con mi lubricante natural, y se metió a la boca todo mi pene, saboreando cada gota que había disponible. Luego me volteó para preparar el sitio de pasividad. Me dio un beso negro como sólo él sabía darme, estremeciéndome en todo el cuerpo, haciendo que apretara las sabanas entre mis puños.
Se acomodó para metérmela, y lo hizo suavemente, como si fuera la primera vez, como si tuviera que tener alguna precaución especial. Se acercó a besarme, y después de hacer contacto con nuestros labios, comenzó a darle más fuerza y velocidad a sus movimientos, provocándome gemidos de placer. La interacción era sinérgica. Mientras más gemía yo, más fuerte lo hacía él, provocándome más placer y haciéndome gemir más.
Volvió a acomodarse. Sacó su pene de dentro mío, y se acercó a mi trasero para volver a hacerme un beso negro, y sentí que con su lengua presionaba de tal forma que yo no tenía deseos de impedirle la entrada.
Me volteó y puso su pene en mi ano, y a medida que lo metía, se acercó a besarme. Me follaba con fuerza, con pasión. Con amor.
Nos besábamos mientras su cadera se movia de adelante hacia atrás, y no separó su rostro del mío en ningún momento, hasta que sentí que su respiración se entrecortaba.
Me miró a los ojos, y yo asentí, comunicándonos sin palabras, y él me obedeció. Comenzó a acelerar sus movimientos, quejándose sin emitir sonido alguno, hasta que sentí una ola de calor dentro mío. Me volvió a besar, moviendo lentamente su cadera, hasta que depositó en mí la última gota de semen.
Se salió y se acercó a mi pene para hacerme sexo oral, ayudándome a llegar a mi orgasmo. Mientras me mamaba el miembro, con sus dedos jugueteaba en mi ano, manteniendo estimulada la zona donde hacía un momento había liberado su climax.
Siguió mamando hasta hacerme acabar en su boca, manteniendo todo mi pene dentro de su boca y soportando la presión de mis manos en su cabeza para que no se alejara de mi pelvis. Se acercó a besarme, con la boca llena de semen, compartiendo lo que acababa de recibir de mí.
Nos tapamos con las frazadas de su cama, muertos de frío por las temperaturas invernales, y nos quedamos abrazados.
—Te amo —me dijo de repente.
—Yo también te amo —admití—. Mas que la chucha —agregué, y nos reímos.
Me abrazó mas fuerte, y la seguridad de estar en sus brazos, protegido, me hizo relajarme a tal punto que me quedé dormido casi de inmediato.
Al día siguiente me despertó con la bandeja del desayuno en la cama.
—Creo que la señora Sonia sospecha lo nuestro —me dijo cuando estábamos comiendo, sentados en la cama, uno al lado del otro.
—¿Por qué lo dices? —le pregunté sorprendido.
—Porque me vio saliendo de la cocina con la bandeja po, y me preguntó si estaba con alguna chiquilla —me explicó—. Y le tuve que decir que si po.
—Ya po, entonces no sospecha nada de nosotros —lo calmé.
—Espérate po —continuó—. Le dije que si, que estaba con una chiquilla, y ella me dijo “por fin trajo una chiquilla, porque siempre viene con ese niño que preguntó por usted el otro día” —me sorprendió con sus palabras.
—¿Y así tan displicente me mencionó? ¡Si ella sabe como me llamo! —le dije indignado—. Vieja homofóbica —me enojé.
—Si po, si me acuerdo que yo te presenté —respondió él.
—Vas a tener que irte de acá, no puedes seguir ayudándole a lucrar a esa señora —le ordené, medio en broma y medio en serio.
Cambiamos de tema y seguimos desayunando, felices por haber vuelto a arreglar todo. El Huaso tomó el peluche que le había regalado por su cumpleaños y lo puso entre nosotros.
—Es nuestro hijo, ¿cierto? —me dijo.
—Si po —le contesté riéndome, entre burla y ternura.
—¡Entonces pongámosle nombre! —dijo emocionado. Nunca había tenido un peluche, así que no sabía si era normal ponerles nombre.
—Bueno, que tal Huaso Junior —sugerí.
—No po, muy fome —rechazó mi propuesta—. Podría ser Sergio —dijo mirándome provocativamente.
—No le pondremos a nuestro hijo el nombre de un compañero sexual que tuvimos ambos —lo rechacé de inmediato—. Pongámosle Bryan —sugerí en broma, y ante la mirada de enojo del Huaso no pude aguantar la risa—. Ya, ya, era broma. Puede ser Lato, o Parry —dije riéndome por lo tonto que sonaban los nombres.
—¿Por qué dices esos nombres tan feos? —me preguntó, ignorando completamente qué es un ship.
Seguimos sugiriendo nombres, cada uno mas feo que el anterior, y nos reimos de nuestras ideas. Al final le pusimos “Mumble”, por Happy Feet, y nos volvimos a reir por lo tontos que fuimos por no ocurrírsenos antes.
Terminamos de disfrutar el desayuno y luego me levante y me comencé a vestir para irme a mi casa y así no preocupar a mis viejos.
—¡No te vayas! —me suplicó el Huaso, mirándome mientras me ponía la camisa—. O quédate así por último. Te ves exquisito.
Su comentario me sonrojó, y también provocó otras sensaciones visibles en el jockstrap que tenía puesto.
—Tengo que irme, amor —le dije, acercándome a él y sentándome en sus piernas para besarlo. Él pasó sus manos por mis piernas desnudas y las posó en mi trasero, donde movía sus pulgares acariciando mi piel—. Pero veámonos más tarde.
—¡Ya! —accedió él.
—¿Tienes algo que hacer mañana? —le pregunté.
—No, nada, ¿por?
—Vamonos a acampar y pasemos juntos el fin de semana —le propuse, para aprovechar el tiempo que nos quedaba en compañía.
—¡Vamos po! —aceptó con una sonrisa de oreja a oreja, y selló el compromiso con un largo beso—. Ya, vistase —me dijo dándome palmadas en el glúteo—. Vaya a prepararse para nuestro campamento de novios.
Lo obedecí y terminé de vestirme. Me acompañó hasta la puerta de la casa y nos despedimos con un gran abrazo. Me fui caminando hacia el auto, que había quedado un par de casas más al sur, y cuando llegué a él me crucé con la señora Sonia, que iba devuelta hacia su casa con un par de bolsas con verduras, y me saludo con su habitual sonrisa.
“Vieja cínica” pensé, devolviéndole la sonrisa cordial, y me subí al auto rumbo a mi casa.
Siguiente Capítulo: Flu
CDN 30
Capítulo 30: Complicaciones en la inscripción
En el momento actual, el maná de Park Noah todavía era inestable. Ella se había defendido contra las acusaciones del investigador e insistió en que fue principalmente debido a sus acciones infundadas, que la traumatizaron, lo que provocó los cambios erráticos en su maná.
Sin embargo, en el fondo, ella sabía que su inmenso miedo no era la única…
View On WordPress
Capitulo 30..
Cuando la perra se pierde, digo Laeti
NOOOOOOOOOOOOOOOOOO, tu no ;-;
Ejem, por ejemplo PERRA
¡Aléjate de Armin, perra!
Oh si no...
(vía https://www.youtube.com/watch?v=ZdrEs7_a3z0)
Pro-tip: If you’re living a double life and your families are about to find out, always play the gastritis card.
YAS LA VECINDAD TRYNA STOP THEM