
seen from Canada

seen from United States

seen from Malaysia

seen from Canada
seen from Canada
seen from Germany
seen from Türkiye

seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from Germany

seen from United States
seen from Malaysia
seen from China
seen from France
seen from Türkiye
seen from Australia
seen from China

seen from T1
seen from Canada
El Huaso, parte 31: Flu
Lista de capítulos
Llegué a mi casa enfocado a juntar las cosas necesarias para acampar en la playa junto a mi pololo.
—¿Y a esta hora vienes llegando? —me preguntó mi papá con tono de reprobación al verme entrar a la casa.
—Si po, si les dije que me iba a quedar a dormir donde el Huaso —le respondí con naturalidad.
—¿Cómo estuvo el carrete? —me preguntó mi mamá, bajando un poco el tono a la severidad.
—Bueno… —respondí escuetamente—. Más tarde vamos a ir con los niños a acampar a la playa —les dije, como pidiéndoles permiso, pero mas bien estaba avisándoles.
—¿Y a quién le pediste permiso? —me preguntó serio mi papá.
—A ustedes, ahora —puse cara de gato con botas.
Mis papás accedieron a dejarme ir a acampar a la playa con “los niños”. Mi papá, que era el más reticente a dejarme ir, fue el que más me ayudó a reunir las cosas necesarias.
Pasé a buscar al Huaso a su casa, y sacamos las frazadas y almohadas de su cama (a escondidas de la señora Sonia), y partimos rumbo a Hornitos.
Llegamos a la playa, y estaba soleado, aunque corría un viento que daba frío. Eran cerca de las 5 de la tarde y ya habían un par de campistas por ser el inicio de la semana dieciochera. Nos pusimos a montar el campamento de inmediato (armamos la carpa e inflamos el colchón), y luego nos pusimos a pensar en qué hacer.
—Vamos a bañarnos —me decía el Huaso.
—¿Estay loco? Hace mucho frío.
—No hace tanto frío —me rebatía él—. Vamos, aprovechemos que aún hay sol.
—Bueno ya —accedí, de mala gana—. Pero si me da frío me abrazas —lo condicioné.
—Bueno —aceptó, pensándolo un poco.
Nos desvestimos y nos fuimos al agua, y apenas mis pies tocaron la arena húmeda pude sentir que estaba demasiado helada. El Huaso se metió como si nada, pero yo seguía en la orilla.
—¡Ya po, amor! —me gritó, aunque bajó la voz al decir la ultima palabra—, ¡apúrate!
Yo seguía de pie en la orilla de la playa, con el agua llegándome casi hasta las rodillas. El Huaso miró para todos lados, asegurándose que no había nadie mirando. El campamento más cercano estaba a unos cien metros de distancia, así que las probabilidades de que hubiera alguien mirándonos atentamente eran muy pocas.
El Huaso se acercó a mi y me dio un beso. Fue muy rápido, pero lo suficiente como para encender una llama en mí, no de calentura, sino de cariño. Sentir esa muestra de amor de parte de él, me dio la seguridad y valentía para poder aguantar las bajas temperaturas del agua.
Me tomó de la mano y yo caminé junto a él, adentrándonos más y más en el agua. Con cada ola que llegaba el agua me llegaba hasta más arriba, paralizándome casi por completo. Cuando el agua nos llegaba hasta el pecho, el Huaso se paró frente a mí, me tomó de las manos, y se sumergió bajo el agua. Yo me quedé ahí de pie sin saber que hacer, ya que no pensaba sumergirme aún.
Salió del agua, me soltó las manos y se corrió el pelo de la cara con las manos, para no tirarme agua sacudiéndose.
—¿Por qué no te sumergiste conmigo? —me preguntó sorprendido.
—Porque tengo frío —le respondí con la voz entrecortada.
—¿Mucho frio?
—Sí —le respondí, aún tiritando.
El Huaso miró hacia los lados, buscando gente que pudiera estar mirando. Al no encontrar a nadie, se acercó a mí.
—Y ahora, ¿sigues teniendo frío? —me preguntó abrazándome por la cintura.
—S-s-sí —tenía la voz entrecortada, aunque su abrazo me ayudaba a sobrellevarlo.
Mi pololo me tomó las piernas e hizo que las cruzara por detrás de su espalda. Me tenía soportado en sus brazos bajo el agua, y conmigo sujetado a él, comenzó a bajar de nivel, haciendo que el agua llegara más arriba de lo que había alcanzado hasta el momento.
—¿Está bien así? —me preguntó cuando el agua nos llegaba al cuello.
—Sí —le respondí con voz firme, aunque mi cuerpo aún temblaba.
—¿Quieres meter la cabeza? —me preguntó y yo me alejé un poco de él y lo miré a los ojos.
—¿Qué? —dije riéndome, por la mala elección de palabras.
—¡En el agua! —se explicó riendo conmigo—. ¿Quieres meter la cabeza en el agua? —yo seguía riéndome y no pude contestar—. ¿Eso es un si?, entonces tápate la nariz.
—¡No, no! —grité, tratando de zafarme.
—Ya, ya —me dijo tratando de tranquilizarme, abrazándome más fuerte, y levantándose hasta que el agua nos llegara al pecho nuevamente—, si era broma.
Me soltó y volvió a mirar alrededor, para asegurarse que aún nadie miraba. Me tomó de la mano y me acercó a el para besarme, y luego me soltó y volvió a sumergirse. Yo estaba temblando, con el viento congelando mi piel ya mojada por el agua, así que decidí sumergirme completamente. Mi atrevimiento me duró solo un par de segundos y me volví a levantar rápidamente.
A partir de ahí tomé mas confianza y pude comenzar a disfrutar un poco más del agua (no tanto como el Huaso). Después de un rato jugando en el agua, nos salimos.
Nos secamos y nos pusimos un poleron abrigado, pero yo no pude entrar en calor.
—¿Estay bien? —me preguntó el Huaso, ya de noche mientras comíamos frente a la “fogata”.
—Sí —respondí, tratando de ocultar el hecho de que el cuerpo aún no se me abrigaba—, estoy bien, amor.
Mas tarde nos acostamos frente a frente en nuestro nidito de amor, y el Huaso me acarició el rostro, mirándome con enamoramiento.
—Te amo, ¿lo sabías? —me preguntó.
—Lo suponía… —le respondí haciéndome el tonto—. Yo también te amo.
Se acercó a besarme y bajó su mano desde mi cara, hacia mi hombro, mi brazo, y terminó posándola en mi cadera. Me acercó a él y me besó con más pasión, y yo le respondí sin ganas.
—¿Qué pasa? —me preguntó preocupado.
—Tengo frío. Mucho frío —respondí avergonado.
—¿Todavía? —me miró sorprendido, examinando mi rostro en la oscuridad buscando algún indicio de enfermedad.
—Sí…
—¿Tienes algo para tomar?
—Nada
—Durmamos entonces, quizás mañana amaneces mejor —me dijo, preocupado y me dio un beso de buenas noches—. Dése vuelta —me ordenó con amabilidad y yo le hice caso. Me volteé y él me abrazó, dándome todo su calor corporal. Me quedé dormido casi de inmediato.
A la mañana siguiente desperté sintiéndome peor. La garganta me dolía y tenía la nariz tapada. Eso sumado al calor infernal que había dentro de la carpa producto del sol que incluso a esas tempranas horas ya pegaba con fuerza.
El Huaso me preparó el desayuno, prendió un poco de carbón e hizo hervir la mini tetera que teníamos, mientras calentaba unos panes para ambos. Se sentó frente a mí, él fuera de la carpa y yo en la entrada de esta, sentado aún en el colchón.
—¿Cómo te sientes? —me preguntaba cada cierto rato.
—Masomenos —por dentro solo quería morir, pero tiendo a exagerar cuando me enfermo.
—Tomemos desayuno, esperamos un rato y de ahí nos vamos, ¿oka?
—Bueno —le respondí con una sonrisa, que me costó todas mis fuerzas.
Terminamos de comer y nos acostamos un rato en la carpa, con la “puerta” abierta, para no morir sofocados. Después de un rato nos volvimos a levantar y pusimos manos a la obra para desarmar el campamento. Yo invertí toda mi energía en la tarea de desarme, y por fortuna el Huaso andaba con su licencia, así que él se vino manejando hasta la ciudad. En condiciones normales yo soy muy reacio a pasarle el auto a alguien más para que lo maneje, pero en mi condición de convalescencia estuve mas que dispuesto a pasar la responsabilidad a alguien mas.
Me llevó hasta mi casa, me ayudó a bajar las cosas, y se quedó un rato conversando con mis papás.
—Nos vinimos temprano, porque se sentía mal, así que lo traje. Los demás se quedaron en la playa un rato más —le explicó él a mis padres.
—Gracias por traerlo sano y salvo —le decía mi madre—. Nos alegra saber que el Larry tiene un amigo como tu que se preocupa tanto por él.
—Para eso están los amigos, tia —respondió él con humildad.
—Por supuesto —concordó mi padre—. Nos habría gustado que pudieras ir con nosotros a San Pedro…
—A mi también me habría gustado ir con ustedes —intervino el Huaso, dándome una mirada reprobatoria—, pero no podía ir porque tenía que terminar un trabajo que no había hecho —agregó para no delatar mi mentira.
El Huaso se despidió de mis padres, y luego de mí, con un fuerte abrazo.
—Espero que lo hayas pasado bien, dentro de todo —me dijo al oído mientras me abrazaba.
—Sí —le respondí escuetamente al oído.
El Huaso se fue y me fui a acostar a mi cama. Mi mamá me dio todo tipo de remedios que se le pudieron ocurrir, pero ninguno funcionó.
Al día siguiente tuve que ir a trabajar, para recuperar los días que no pude ir porque estaba ocupado con la tesis. Llegué a la pega, casi arrastrándome del malestar general que sentía. A medio día apareció el Huaso, con una sonrisa de oreja a oreja para hacerme compañía.
—¡Sorpresa! —me dijo levantando las manos en señal de celebración—. ¿Cómo estas amor?
—Maaaal —respondí con exageración, tirándome al escritorio, sobre un montón de papeles y lápices.
—Amor, mira lo que te traje —me dijo sacando un termo de su mochila—. Ah no, espera, este no —dijo al abrirlo, pero lo volvió a cerrar y sacó otro termo, un poco mas grande—. Este sí. Te traje sopa de pollo. Te hará bien —despejó el escritorio y sacó un bowl de su mochila y virtió el contenido del termo.
—Gracias amor —le agradecí, tomando la cuchara que me estaba ofreciendo.
—La hice yo —agregó con una sonrisa de orgullo en la cara—. El otro termo es para que después a la tarde te tomes un té de algo —me dijo sacando de su mochila una caja con bolsitas de té, de distintos tipos, inseguro de cual me haría mejor para mi enfermedad.
El Huaso me fue a acompañar al trabajo todos los días, y todos los días me llevaba sopa de pollo y té para tomar. Al tercer día ya me sentía mucho mejor, gracias a sus cuidados especiales, ya que me permitía descansar en mi trabajo porque él atendía a los pocos clientes que llegaron.
El 18 de septiembre por fin volví a mi buen estado de salud de siempre, así que fuimos a las ramadas junto al Bryan, la Cata, el Victor y la Claudia. Nos pusimos a comer en una fonda, y la Claudia se motivó apenas escuchó la primera cueca (después de muchos temas de Américo).
—¿Bailemos? —le ofreció ella a mi pololo.
—¿Qué? —preguntó el confundido, mirándome a mí.
—Larry, ¿te lo puedo quitar un rato para una cueca? —me pidió permiso.
—Si, dale —accedí, sonriéndole a la Claudia (igual como le sonreí a la señora Sonia), y dándole una mirada severa a mi pololo para que no se sobrepasara.
—Y tu, ¿bailas conmigo? —me ofreció la Cata. No supe que responderle. Sabia bailar cueca, pero lo hacía mal, aparte todo me daba vergüenza, así que estuve a punto de rechazarla—, vamos —me dijo, tomándome de la mano y llevándome al frente sin que pudiera negarme.
Estuvimos bailando bastante rato. Con la Cata me pude relajar harto y desempolvar mis viejos pasos de cueca que ya hacía más de un lustro no usaba. Al rato aparecieron el Bryan con el Victor, bailando juntos como si no importara que un monton de homofóbicos conservadores vieran a dos hombres bailando juntos el baile patrio. En mi interior deseaba que la pareja de hombres bailando cueca ahí fuéramos el Huaso y yo, pero sabía que su paranoia (y un poco la mía, debo admitirlo) no lo permitiría, y eso me hacía envidiar un poco a mis amigos.
Después de un par de pies de cueca, con la Cata nos sentamos a descansar, mientras mirábamos a nuestros amigos bailando. Mi pololo se movía con tal gracia al ritmo de la música, como si hubiera sido criado bailando cueca (obviamente, así había sido, pero nunca habíamos hablado al respecto). Sus movimientos, tan sensuales y masculinos provocaron en mí sentimientos de admiración y excitación.
—¿Cómo están ustedes, Larry? —me preguntó la Cata.
—¿Nosotros?
—Si, ustedes. Tú y el Huaso —especificó ella.
—Bien, como siempre —le respondí escuetamente, haciéndome el tonto.
—Me alegro por ustedes. De verdad —me dijo ella, mirándome a los ojos y con una sonrisa en su rostro—. Me alegro que hayan podido superar lo de la tesis.
—Ah si —dije entendiendo a qué se refería—. Igual nos costó un poco… tu cachay como es el Huaso po.
—Si, es medio terco —se rió—. Debes tener una paciencia infinita.
—Si supieras… —me reí yo también.
—Lo peor de todo es que se podrían haber evitado todo el drama si no fuera por la Claudia —me dijo mirando hacia el piso.
—Sí, pero ya me dijo que fue un error y que se equivocó —comenté haciéndome el weon.
—Cierto —dijo ella arqueando las cejas, pensando quizás que no la estaba mirando.
—Oye ¿y tu? —le pregunté cambiando de tema después de unos segundos de silencio, aunque aún con ese gesto en la mente—, ¿Qué onda con el Bryan?
—El Bryan… —repitió con una sonrisa en la cara—. Es un niño el Bryan.
—¿Si? Yo lo veo bien grande —le comenté intentando que se explayara.
—¿Y el Huaso sabe que andas viendo “bien grande” al Bryan? —me preguntó ella en doble sentido, riéndose.
—¡No me refería a eso! —dije riéndome—. ¡No pongas tus pensamientos pecaminosos en mis palabras!
—¡Ay! Me los imaginé —dijo tapándose los ojos y sonrojándose.
—Ya, suficiente —le advertí, aun riéndome—. Ya, en serio, dime ¿estas saliendo con alguien?
—Quizas… —respondió misteriosa ella.
—¿Pero no es el Bryan? —inquirí.
—No —dijo por fin poniéndose seria—. Con el Bryan nos dimos cuenta que era mejor seguir como amigos. Yo a él lo veo como un hermano, y estoy segura que él también me ve de la misma manera.
Nos quedamos un rato en silencio mirando como el resto bailaba. El Huaso seguía acaparando miradas por su talento en el baile, mientras el Bryan y el Victor las acaparaban por su falta de coordinación que compensaban con esfuerzo y humor. Al rato ellos volvieron a sentarse junto a nosotros, y más tarde, el Huaso con la Claudia se nos unieron.
Terminamos de tomarnos los terremotos y salimos a recorrer las ramadas. Nos subimos al zamba del “divertilandia”, y el Victor con la Claudia quedaron sentados en el medio del juego por no afirmarse bien.
Ya al terminar la noche nos dirigimos a tomar la locomoción. Embarcamos a la Cata y al Victor que debían tomar transporte, y el resto nos fuimos caminando. Me fui con el Huaso a su casa, y al llegar nos encontramos con la señora Sonia.
—Parece que voy a tener que cobrarle mensualidad a usted también —comentó con su habitual sonrisa.
—No se preocupe si casi ni duermo acá —le respondí haciéndome el amable también.
—¿Ah no? ¿Y qué viene a hacer siempre acá en las noches entonces? —me preguntó con rostro triunfal, como si acabra de obtener la respuesta que llevaba años buscando.
—No lo pesque señora Sonia, está un poco curado —intervino el Huaso, intentando ocultar su nerviosismo.
—Bueno usted sabrá que no puedo permitir que traiga borrachos a mi casa —se puso seria.
—No estoy borracho —dije ofendido. Ni siquiera se me trababa la lengua.
—Larry ándate a la pieza —me dijo mi pololo, serio—. Lo que pasa es que lo traje para darle un vaso con agua porque se sentía mal —continuó dirigiéndose a su hospedera—. Comió muchas cosas ahí en las ramadas, usted sabe…
No pude terminar de escuchar la conversación, ya que ingresé a la pieza del Huaso y cerré la puerta. Al rato el Huaso entró a la pieza con una mano en la frente.
—¿Cómo se te ocurre decirle esa wea? —me preguntó enojado, apenas cerró la puerta tras él.
—Perdona, no fue mi intención —me sentía mal por dejarlo expuesto.
—¿No vei que la vieja ya sospecha de nosotros? Ahora con lo que le dijiste prácticamente lo confirmaste —se paseaba a lo largo de la habitación, tapándose la cara con las manos.
—Ya, ¿pero qué tiene? —le pregunté sin entender tanto alboroto.
—¡Que me puede echar po! —me dijo enojado—. ¡Y le puede contar a mis viejos!
—¿Cómo le va a contar a tus viejos? —le pregunté incrédulo.
—¡Porque tiene su número en caso de emergencias po!
—¿No crees que estas exagerando? —le pregunté un poco molesto por su sobre reacción—. Y en caso de que te eche, ¿cual es el problema? ¿te complica tanto dejar de vivir en la casa de una vieja homofóbica?
—Tu no entiendes nada… —me dijo, respirando profundo.
—¡Explícame entonces! —le pedí.
El Huaso se acercó a la puerta de la pieza y la abrió de par en par.
—¡Qué bueno que ya te sientes mejor, Larry! —dijo en un volumen mas fuerte del necesario— ¡Nos vemos, cuídate!
Tuve una mezcla de emociones dentro de mí peleando por salir. Entre la pena y la rabia, mantuve mi orgullo, me acerqué al Huaso y le dije mirándolo a los ojos:
—Ni siquiera me diste un vaso de agua, aweonao —y salí de su habitación.
Salí de la casa y cerré la reja de la calle, y recién ahí, cuando comencé a caminar por las calles sin rumbo, dejé que las lágrimas cayeran como ríos por mis mejillas.
Siguiente Capítulo: El Escritorio
Até as menores coisas podem fazer uma enorme diferença.
O Navio dos Mortos.
Dicen que la cabeza olvida pero el corazón no...
Entonces, ¿Por qué Lysandro sigue enamorado de Rosa?
Sucrette:
"What if I say I'm not like the others? What if I say I'm not just another one of your plays? You're the pretender What if I say I will never surrender?"
Doce Sacrifício capítulo 31 - leia aqui.
Doce Sacrifício - Capítulo 31 [Sneak peek]
Era mais uma das memoráveis festas de Cassandra Prescott. A casa estava lotada de alunos do Roundview. Entre eles encontrava-se Nicholas e Rachel, em ambientes diferentes, porém igualmente distraídos e negligentes com seus copos em algum lugar próximo, que por não estarem recebendo a atenção que deveriam, foram facilmente utilizados como um meio de fazer o plano de G funcionar.
Todo es culpa de Sungmin
Capítulo 31: Romanet y Eunhyuk
Los chicos iban caminado frente a nosotras, guiándonos al parque que solo ellos conocían, hablaban entre ellos en coreanos, cosa que no nos sorprendía, nosotras hacíamos lo mismo.
-Son más guapos en persona –comenta Cony
-Sí, se ven hasta más alto- la sigue Roma, de repente los chicos se dan vuelta, y no miran fijamente.
-¿qué pasa? –pregunta Cony
-La idea es conocernos –dice Eunhyuk, como si fuera lo más obvio del mundo- y no hacemos eso- nos miramos extrañadas- ¡yo quiero conocer a Roma! –pide, sorprendiéndonos a todas
-¿a mí? –pregunta muy extrañada, los dos a sentiente de forma cómplice- bueno – Roma, sede sin problemas
-Ok! –grita el mono y se acerca a nosotras, para quedar al lado de Roma
-Vale ¿caminarías conmigo? –Le pregunta Siwon, provocando que se vuelva un tomate, Siwon le sonríe, y ella asiente y se acerca a él-soy Choi Siwon–le extiende la mano cuando está a su lado, y ella corresponde el gesto extrañada- un gusto concerté
-Valentina Ormeño – me dice ella- lo mismo digo- los dos se giran y continúan caminado
-Nos han abandonado- dice mi dramática amiga-
-Si- le sigo el juego, suspirando- sigámoslos, o se olvidaran de nosotros- detrás de nosotros se queda Eun con Roma.
-no nos quieren –lloriquea
-Dramática –le dice Roma, que ha escuchado su show, Cony se gira y le saca la lengua, y las tres reímos
-no me dejen afuera- pide Eun- ¿Qué sucede? – las tres nos miramos, no sabemos si responder –díganme- Roma suspira
-Lo que pasa- comienza la chica- es que Cony- la señala- siempre ha sido muy dramática- el asiente con la cabeza, señalando de que ha comprendido la idea- y ahora estaba haciendo show –le dice y nosotras reímos
-¿Qué ha dicho?- pregunta Eun
-que la hemos abandonado y no la queremos- le dice Roma imitando a Cony, causando que todos riéramos
-Cony, ya llegara tu turno de que nos conozcamos –dice muy serio Eunhyuk, sorprendiéndonos a todas- no te preocupes, nunca abandonaría a una ELF –ella se vuelve tomate, y asiente con la cabeza
-Continuemos –nos dice Cony, nosotros reímos
-Se han adelantado –comenta Eunhyuk, mirando a su amigo con Valentina, que iban ya muy delante de nosotros
- Piernas largas, pasos grandes –dice Roma, él asiente, ahora caminamos los 4 juntos.
-Cuentéenme de ustedes- dice Eun
-Somos amigas de Paula –Dice Cony, nosotros reímos- y las 3 tenemos la misma profesión
-¿de verdad?- las 3 asentimos- ¿entonces eran compañeras? – Negamos con la cabeza- ¿Cómo..?
-¿Nos conocimos? –interrumpió Roma, él asiente
-Con Paula fuimos compañeras en High School –dice Cony- nos hicimos amigas, las dos fans de SJ- explica- nunca hemos perdido contacto- yo asiento
-Y yo conocí a Paula para el primer concierto de SJ –le dice Roma- de apoco nuestro amor en común por ustedes nos fue acercando-
-Y para uno de mis cumpleaños, se conocieron las 2 –concluyo-
-¿son las 3 de la misma cuidad? –asentimos
-Y estudiamos en nuestra ciudad natal –dice Cony- pero en diferentes casas de estudios
-aaah –dice Eun –así que SJ une personas
-No solo super junior –digo, Cony me sonríe comprendiendo lo que digo, el mono mira extrañado
-La música une persona –dice Roma- el amor en común por un artista u algo, une personas
-aah –vuelve a decir Eun-comprendo –nos sonríe- a nosotros nos unió un objetivo en común-nosotras reímos- cuénteme más de ustedes
-¿Cómo qué?- pregunta Roma
-Eh- piensa Eun- no lo sé- todos reímos -¡ya sé! –dice de repente, mirando una tienda
-¿Qué? – Pregunta Roma, imitando su entusiasmo, reímos
-Les invito un helado –nos mira ilusionado – así al menos sabré su helado favorito –todos reímos
-Bueno –decimos todas
-¡Vamos! –grita señalando la tienda, y nos dirigimos a ella
-¿deberíamos decirle a Siwon y Vale? –pregunto, y todos los buscamos con la mirada, van cuadras más allá.
-van muy lejos –comenta Eun- ellos se lo perderán
La tienda es enorme, pintada de celeste cielo, con dibujos de barquillos y diferentes copas de helados, tienen una gran variedad de sabores.
-Es la mejor heladería de Londres- comenta Eunhyuk
-Se nota- le dice Roma- está repleta
-Iré a hacer la fila para pedir –nos dice Eun- elijan mientras sabor de helado –nosotras asentimos – ¿Cuántos sabores quieres?
-¿de qué porte son? –pregunta Cony, y el mono le muestra con las manos
-Así más o menos, el de uno – no sabíamos si exageraba o era verdad, pero el tamaño que nos mostraba era aproximado a un balón pequeño
-Solo uno –dice rápidamente Cony
-Yo igual- levanto la mano
-¿Roma, y tú? – ella lo mira, aun piensa cuantos quiere - ¿dos? – No responde -¿tres?
-no, que sean dos –dice, sorprendiéndolo, creo que esperaba que fuera uno al igual que nosotras
-¿Segura? –Ella asiente con la cabeza –ok, vayan a elegir –nos dice antes de ir a la fila de la caja.
Nos acercamos al mostrador, sorprendiéndonos por la variedad de sabores que nunca habíamos visto
-¡Umma!- me grita Cony- hay de algodón de azúcar- dice feliz, hace años lo ha querido probar
-ya sé que pedirás – ella me sonríe feliz- yo pediré pasas al ron, no me tinca otro
-Yo quiero chocolate suizo y cereza –dice Roma
Pronto llega Eunhyuk con un papel en la mano
-¿ya escogieron? –Todas asentimos –bien ¿qué sabor quieren? – pregunta
-Yo quiero chocolate suizo y cereza –dice Roma
-Algodón de azúcar- dice Cony levantando la mano
-Pasas al ron
-Ok, yo quiero de tiramisú
-¿Qué numero tienes? –pregunta Roma
-56, faltan 7
Los números avanzan rápidos, y Eunhyuk se encarga de pedir nuestros helados, con un perfecto inglés, quien pensaría que ese hombre años atrás con suerte decía hello.
Con nuestros helados ya en mano, salimos de la tienda, para seguir nuestro camino
-¿A dónde nos llevas? – le pregunta Roma
-A un parque que nos encanta a todos –le dice
-aah
-hay algo que quiero preguntarte Roma – le dice Eun, con Cony nos hablamos con la mirada, decidiendo darle su espacio y caminar un poco más adelante, aunque aún los escuchábamos
-Dime
-¿te gusta super junior? –Con Cony nos volvemos a mirar, él sabía que si ¿por qué preguntaba eso?
-Me encanta –le responde -¿Por qué lo preguntas?
-Por cómo nos trataste en el café –dice- no es típico de una fan
-Que sean miembros del grupo que amo no hará que confié en ustedes con los ojos cerrados –le explica- es la primera vez que los veo, y ustedes nos piden aceptar un plan, que ni siquiera conocemos – su voz es suave- no quiero que mi amiga salga daña
-solo las cuidas –le dice Eunhyuk, y al igual que Roma le habla de forma suave- te respeto por eso –continua- pero te puedo asegurar que no tenemos malas intenciones, que solo queremos que nos ayuden- hay silencio por unos segundos- Paula es amiga de mi mejor amigo, por lo que es mi amiga, no le haría daño a ella, y ni a sus amigas
-eso me tranquiliza – le dice Roma
-las protegeré, a todas ustedes –le promete Eun, con Cony nos miramos, eso era tan dulce de su parte-Bueno Roma- dice fuerte y alegre
-Dígame señor –le responde de la misma forma Roma, son tan parecido, ahora que los veo juntos entiendo cuando Vale nos lo decía.
-¿me dirías tu top 5? –le pregunta
-Claro, Kyuhyun es mi bias, el número 1 –le dice- Kangin, el 2, despues Yesung, Henry y peliado el quinto, tú y Sungmin
-Entonces ¿o soy el quinto o el sexto? –pregunta
-Si
-¿de qué depende? –pregunta
-De mi estado de ánimo –le responde- y lo último que sepa que hayan hecho, y sus look
-aah –suspira- tratare de por lo menos llegar a ser el quinto fijo- ella ríe - ¿Qué es lo que más te gusta hacer?
-Bailar- le comenta con toda la sinceridad
-¿de verdad? – se sorprende Eun
-Me encanta –en su tono de voz se nota lo feliz que es, al hablar del baile- es desestresante, relajante, liberador
-¿eres buena?- le pregunta
-no sabría decirlo, es algo que no puedo juzgar objetivamente
-muy cierto –le dice- ¡Paula, Cony! –nos grita para que volteemos, cosa que hacemos enseguida
-Dinos –le digo
-¿Cómo baila Roma? –nos pregunta
-Ella es genial –digo
-Es grandiosa, una gran bailarina –comenta Cony
-Gracias chicas- dice Roma
Le contamos algunas historias de presentaciones a Eunhyuk, que nos hace prometer que le demostraremos nuestras habilidades de baile de las 3, y que más tarde le mostraremos videos de nuestras presentaciones. Y entre las risas provocadas por los recuerdo de presentaciones, y las preguntas sobre los eventos de Eunhyuk, el camino al parque se hizo realmente corto.
Al llegar divisamos a Vale sentada en una banca sola, observado a Siwon que hablaba por teléfono, rápidamente nos acercamos a ella.
If They Only Knew | Capítulo 31
And it’s dark in a cold December
But I’ve got you to keep me warm
If you’re broken I will mend you
And I’ll keep you sheltered from the storm that’s raging on now
POV Lauren
Apoyé la cabeza contra la pared, mientras estaba sentada en el frío, suelo de baldosas del cuarto de baño de Camila con mis rodillas tirado profundamente en mi pecho. El silencio llenó el aire y me pregunté qué estaba pensando Camila... lo que iba a terminar haciendo después de que salió de la habitación. Todo era tan perfecto antes. Bueno... al menos tan perfecto como podría haber sido. Ella me había concedido otra oportunidad para cuidar de su corazón. Ella me había sostenido en sus brazos mientras derramaba muchos años de lágrimas guardadas. Ella me había provisto de un sentido de seguridad y protección que había anhelado durante tanto tiempo. Pero ahora que mi secreto final quedó expuesto, Desesperadamente traté de luchar contra la rabia y el agotamiento mental que de repente abrumaba mi cuerpo.
Poco a poco levanté la mano derecha de modo que estuviera a la altura de mi pecho y miré con disgusto como se sacudía y temblaba. Cuanto más trataba de estabilizarla, más energía drenaba fuera de mi cuerpo. Suspiré con frustración al contemplar si el temblor era de mi falta de comer hoy... y ayer... y el día anterior, o si fue por miedo a que Camila fuera consciente de ello. Hice una mueca involuntariamente al sentir un dolor agudo llenar mi pecho mientras inhalaba una respiración profunda. Mi respiración se hizo más trabajosa mientras trataba de ahogar el dolor y calmar mi ansiedad. Llevé mi temblorosa mano hasta mi corazón, podía sentir que corría con tal ferocidad que empecé a temer que estuviera teniendo un ataque de pánico. Mi visión de repente se convirtió borrosa y mi respiración se hizo más corta cuando un gemido escapó de mis labios.
Ella lo sabe.
Apreté los ojos cerrados y permití que el pánico se estableciera en mí. Estaba cansada de luchar contra mí misma, y el dolor emocional del mundo exterior se había infligido a mí, empecé a componer con el dolor físico que me había infligido a mí misma, y me empecé a sentir cada vez más mareada.
El olor de crepes de repente se filtraba a través de la puerta, y apreté los dientes en un intento de contener lo que ahora era la ira explosiva, con ansiedad a la espera de ser puesta en libertad.
¿Ella no me escuchó cuando le dije que no quería comer? ¿Ella no entendía lo que acababa de decir? ¿Ella no entiende una mierda?
Las lágrimas comenzaron a manchar mis ojos cuando mi última gota de energía restante fue en tratar de reprimir mi ira hacia Camila. Yo sabía que a ella le importaba. Yo sabía que ella estaba tratando de ayudar. Ella me conocía mejor que nadie, pero ella no entendía mi aflicción... mi lucha... nadie lo hacía. Un sentimiento de desesperanza venció mi cuerpo cuando el último de mis demonios comenzó a aparecer. Camila había estado a mi lado durante toda nuestra relación como llegué a un acuerdo con mi propia sexualidad, y he recibido consuelo en el hecho de que ella estaba de acuerdo con el suyo también. Pero esta batalla que yo estaba luchando ahora... que yo había estado en secreto luchando sola por años... nadie podía ayudarme. Sentí un nudo en la garganta y el pecho se empezaba a calentar cuando yo había previsto lo que iba a decir... lo que nadie diría si supieran de mis hábitos alimenticios.
Lauren, eres tan hermosa, que no es necesario hacer esto para ti misma.
Lauren, sólo trata de comer algo, no vas a engordar.
Lauren, tienes que comer.
Lauren
Lauren
Lauren
Las voces llenaron mi cabeza como un sentido de soledad filtrando en mi corazón. Esta fue una sensación que era muy familiar para mí. Antes de Camila, yo podría estar en una habitación llena de gente que sabía mi nombre. Ellos saben qué tipo de alcohol prefería, el tipo de música que escuchaba, los tipos de personas que me gustaba. Sabrían las clases que tomé, las fiestas a las que fui los fines de semana, e incluso la cantidad de chupitos de vodka que me llevó a emborracharme. Ellos saben de mí... y no conocen el verdadero yo. Camila se filtraba a través de las capas de las fachadas por encontrar mis defectos, mis imperfecciones, mis secretos. Ella sabía de mi dolor. Sabía que mi dolor. Ella sabía lo que me hacía reír. Ella sabía lo que me hacía llorar. Ella podía ver el centro de mi alma. Ella era mi fuerza cuando yo no tenía ninguna. Pero esta noche, ella no entendía este dolor... ella no podía entender este dolor... y fue la realización de este que causó un aire de aislamiento que me rodeaba.
POV Camila
Espero que le guste estos panqueques. Ella necesita comer. Ella tiene que comer.
No entiendo por qué se está haciendo esto a sí misma. Ella es tan hermosa. Ella es tan hermosa para mí.
Tengo que demostrárselo. Tengo que mostrarle lo que parece que no puede ver.
Espero que le guste estos panqueques.
POV Abby
Llamé rápidamente a la puerta de Camila. Mi corazón latía cuando empecé a anticipar mi conversación con Lauren. Ayudar a ella, que estaba frente a mis propios demonios, y sabiendo esto me asustaba. Traté de reunir ideas para hacerme reír. La idea de un perezoso cruzando lentamente una carretera. El pensamiento de la cara de Jordan cuando recibió una D en su papel. La idea de lo mal que baila Ellie. Traté de encontrar algo... cualquier cosa... que aliviara mi mente. Fue mi mecanismo de defensa para luchar contra mi propia vulnerabilidad. Era más fácil hacerme reír... que hacer reír a los demás... porque me distraería de ellos, y yo misma, de mis defectos. Es mejor reír conmigo que de mí. Pero esta noche, yo no era capaz de encontrar una manera de protegerme de la ansiedad abrumadora que sentía al hablar con Lauren.
Después de lo que parecieron minutos, la puerta se abrió de golpe de repente, y me encontré mirando a una Camila con los ojos bien abiertos. Manchas de harina tiñeron su camisa cuando ella comenzó a agitar una espátula alrededor frenéticamente.
"No sé qué hacer! Estoy haciendole panqueques porque necesita comer. Abby, ella tiene que comer. No sé por qué está haciendo esto para sí misma... ella es perfecta. Por qué no puede ver que ella es perfecta..." Camila se fue apagando, ampliando el frenesí en su rostro. Mi corazón se hundió mientras veía a Camila tratar desesperadamente de dar sentido a la situación. Ella simplificó lo que Lauren estaba pasando por la idea de que sus hábitos alimenticios estaban alimentadas por el deseo de lucir perfecta. Si sólo fuera así de simple.
Di un paso adelante y lentamente tiré a Camila en un abrazo. "Respira Camila. Ella es muy afortunada de tenerte en su vida, pero hay mucho más en juego... hay mucho más detrás de lo que está pasando. Confía en mí. Eres tan dulce por hacer panqueques, pero probablemente no va a comer ahora mismo..." dije en voz baja, tratando de tranquilizar a Camila porque lo que estaba haciendo no era exactamente malo, pero eso simplemente no era lo que Lauren necesaria en estos momentos.
"B-bien," murmuró en voz baja, la palabra luchando por escapar de su boca. "Q-quieres uno?" Ella preguntó, alejándose del abrazo y mirándome con ojos esperanzados. Le devolví la sonrisa, la tristeza llenaba mi pecho. Ella era tan cariñosa. Ella era muy amable. Ella tenía las mejores intenciones, tanto para Lauren y yo, pero ella no entendía. No mucha gente podía.
"Tal vez más tarde", le dije, poniendo una mano tranquilizadora en el hombro, pero sabiendo que no iba a aceptar más adelante tampoco. Todavía era demasiado duro.
"¿Dónde está?" Le pregunté consternada, ya que mi atención se desvió a Lauren. "Ella esta... ella está en el baño todavía creo... espero", respondió ella, tristeza entrelazando su voz. "Está bien", le dije, dando vuelta hacia las escaleras y haciendo mi camino a Lauren. "¿Debo ir contigo?" Preguntó Camila, su voz cada vez más aguda, muy probablemente con la esperanza de que yo diría que sí. Pero ella no podía. Necesitaba hablar con Lauren sola. "No, está bien Camila. Creo que es mejor si hablo con ella a solas ", le contesté en voz baja, negándome a mirarla a los ojos porque tenía la sensación de que las lágrimas se formaban en ellas.
Lentamente subí las escaleras y la puerta que asumí era el cuarto de baño. Estaba cerrada, y pensé que estaba trancada también, pude ver que una tenue luz se filtraba de debajo de la puerta. Me acerqué más, me senté, traje mis rodillas a mi pecho, y apoyé la espalda contra la puerta. Suspirando, rápidamente me puse a pensar en qué decir. Volví a pensar en cómo empezó todo, lo que perpetúa, y cuando mi compañero de equipo de voleibol me reprochaba acerca de mis hábitos alimenticios. A medida que estos recuerdos inundaron mi mente, permití que las palabras fluyan de mi boca, a través de la puerta y en los oídos de Lauren.
"Lauren... es Abby. Sé que no hemos hablado mucho... sé que no puedes confiar en mí para entender lo que está pasando. Pero yo sí. Estoy viviendo todos los días. Camila me llamó porque estaba preocupada por ti, pero sabía en el fondo que ella no sería capaz de comprender realmente lo que estás tratando... lo que estamos tratando." Me detuve y esperé una respuesta a través de la puerta. Pero ella se mantuvo en silencio.
"Tenía 14 años cuando empecé a ver lo que comía. Fue durante ese tiempo que comencé a ser más consciente de mis curvas... y cuando empecé a sentirme más consciente de ellos. Mi cuerpo no era el mismo que todos los demás, y yo no me sentía bien. Empecé a comer menos comida chatarra... Me imaginé que era la manera sana de hacerlo. Empecé a sentirme mejor conmigo misma... empecé a sentirme con más energía, con más confianza en mí misma, e incluso empecé a perder un poco de peso. Yo estaba haciéndolo bien hasta el pasado semestre durante el voleibol cuando alguien me llamó "Muslos de trueno." Sé que lo decía como una forma de obtener que me afectara en el juego, pero esa palabra era como un gatillo para mí. Se volvió a allanar todas mis inseguridades y de repente sentí que con mi dieta saludable no estaba haciendo lo suficiente.
Comencé a restringir lo que comía. Tres comidas al día se convirtieron en dos comidas al día... que luego se convirtió eventualmente en una comida al día. En un momento dado, sólo me estaba comiendo una fruta de aquí para allá... tal vez un puñado de cereal para hacerme pasar el día. He perdido peso muy rápidamente, y creo que fue una muy pequeña parte de mí que me decía que parara... que estaba perdiendo demasiado y demasiado rápido. Pero yo no podía detenerme. Me sentía demasiado bien... demasiado en control.
En control. Eso es lo que más anhelaba. Tener el control de lo que comía, tener control sobre lo que mi cuerpo parecía. Fue esa sensación de control que necesitaba. Me impedía ser vulnerable. Me protegió de comentarios como "muslos de trueno" o la inseguridad de no mirar a las chicas delgadas que me rodeaban. Necesitaba ese control, pero en ese momento, no me di cuenta de que estaba fuera de control".
Respiré profundamente mientras vocalizaba los sentimientos que he intentado tan desesperadamente ignorar antes de que yo empezara a ir a apoyar a las sesiones de grupo. Sólo había hablado acerca de estos sentimientos en las sesiones de grupo, y de repente me sentí incómoda discutiendo mis inseguridades. Pero necesitaba continuar... necesitaba que Lauren sepa que yo la entiendo. Pegué la oreja a la puerta y pude oír su respiración con dificultad. Creo que había llegado hasta ella. Espero haber llegado hasta ella. Así que continué hablando.
"Recuerdo cuando mi compañera de equipo de voleibol se acercó a mí al respecto. En ese momento, fue el peor día de mi vida. Ella era mi mejor amiga en ese entonces, y recuerdo la preocupación en su rostro cuando ella se acercó a mí en el vestuario un día después de la práctica y dijo: "Abby, me di cuenta de que no has estado comiendo mucho últimamente." Fueron las palabras que temía oír, ya que significaban que había metido la pata... que yo no había sido lo suficientemente secreta... que estaba imponiendo a mi lucha. Recuerdo inmediatamente haberme apartado de ella. Recuerdo que le gritaba que ella no sabía nada... que tenía que ocuparse de sus propios asuntos. Recuerdo que ese día fue el último día que yo había hablado con ella porque era el día en que le dijo a mi entrenador al respecto. Recuerdo que este secreto que tanto resguardé afectó a mi mente tanto que no pude ver que mi amiga estaba tratando de ayudar. Y en ese momento, no quería su ayuda. Yo no quería la ayuda de nadie. Yo sólo quería que me dejaran sola.
La odiaba en ese momento... y los meses previos a mi primera sesión de grupo de apoyo. Yo odiaba el sentimiento de ira que, naturalmente, surgía cuando hablaba de cómo ella sacó el tema... la punzada de molestia llenó mi cuerpo cuando la gente empezaba a cuestionar... cuando yo sólo quería que la gente me dejara ser. Pero ahora, también sé de los peligros que venían de lo que estaba haciéndole a mi cuerpo. La fatiga. La ansiedad. La aceleración del ritmo cardíaco. Los temblores. Poco a poco estoy llegando a la conclusión de que su preocupación es lo que me salvó.
Lauren, las dos estamos peleando la misma lucha, pero a veces todo lo que necesitamos es a alguien que entienda... que alguien que está pasando por lo mismo esté ahí para nosotras. No me gusta hablar de esto... lo odio con cada fibra de mi ser. Se me da náuseas. Me hace sentir mal, literalmente, porque me hace sentir vulnerable. Pero quiero que sepas mi historia, para saber de mi dolor, para conocer los obstáculos que aún me defiendo hasta este día, porque sé que tú pasas a través de esto también. Mi esperanza es que no te sientas sola y que veas que el viaje hacia la recuperación es larga, con muchos pasos en falso y recaídas, pero que todavía hay esperanza... todavía hay lucha en ti. No puedo decirle cuántas veces me preguntan por mi propia fuerza... lo sigo haciendo hasta hoy.
Han pasado meses desde que empecé a ir a apoyar a las sesiones de grupo y ver a un terapeuta y especialista en nutrición... idea de mi madre... pero todavía siento estos impulsos cuando veo a los alimentos. Todavía siento repulsión cuando veo ciertos alimentos... Todavía siento la necesidad de restringir lo que como... todavía siento esta ansia de control que parece que no puedo encontrar en ningún otro lugar sino en los hábitos con los que había estado tan acostumbrada, siento como si estuviera tratando de cavar fuera del agujero y cada vez que salgo, alguien me empuja hacia atrás de vuelta. Pero lo estoy logrando... lenta pero segura".
Me detuve y esperé que ella diga algo... dijera algo... pero no lo hizo. Entendí por qué. Probablemente fue abrumador oír todo esto desde otra perspectiva.
"Lauren, no pasa nada si no dices nada. Lo entiendo, yo estaba en su posición... sola en el lado opuesto de la puerta y deseando que la gente me dejara en paz. No hablé de esto con nadie durante meses. Odiaba a todos los que lo mencionaban. Los odiaba tanto. Pero más que nada... Me odiaba a mí misma... probablemente más de lo que odiaba a nadie más. Hasta el día de hoy, sigo luchando por recordarme a mí mismo que mi peso no determina el valor de mi... mi valor... pero es difícil luchar contra la inseguridad que se ha vuelto tan arraigado en mi mente. Supongo que tú necesitabas escuchar mis experiencias y saber que estoy aquí para ti... que peleamos la misma batalla, pero no tenemos que luchar solas. Lauren..." mi voz comenzó a resquebrajarse cuando las lágrimas se formaron en mis ojos. Mis labios comenzaron a temblar, y luché para decir las últimas palabras que yo necesitaba que oyera.
"Lauren... prométeme que siempre recordarás... eres más valiente de lo que puedes creer y más fuerte de lo que puedes pensar. Nunca lo olvides".
POV Lauren
Sus palabras me golpearon como una tonelada de ladrillos. Ellos se filtraban hasta el núcleo de mi alma y verbalizan todo lo que no había podido encontrar una manera de explicar. Respiré profundamente, y en ese aliento, sentí una pequeña pieza de una carga que nunca pensé que se iba a levantar, de pronto se volvió compartida entre Abby y yo. Los sentimientos de inseguridad y vulnerabilidad seguían allí. Los recuerdos de mis padres de presionarme a mirar de cierta manera... ser perfecta, la competencia que sentía con Meg, las luchas que tuve en llegar a un acuerdo con mi sexualidad y ocultárselo a los demás inundaron mi mente. Estas fueron las experiencias que me llevaron a mi búsqueda desesperada de control sobre algunos aspectos de mi vida... y yo sabía que no iban a desaparecer en el corto plazo.
Pero la falta de esperanza que una vez había consumido mi mente estaba ya disminuyendo lentamente. A medida que el mundo parecía derrumbarse a mí alrededor, la gente que nunca esperaba estuvieran ahí para mí... Camila, Abby, y Megan... me dieron la fuerza que necesitaba para salir adelante. Y a veces, así es como funciona la vida.
A veces, esa gente que vienen de la más inesperada de las circunstancias terminan por tener el mayor impacto en su vida.