El Huaso, parte 34: La Verdad
—¿Qué pasó anoche? —me preguntó el Huaso cuando despertó.
—Te curaste raja po —le respondí, un poco enojado por su descontrol.
—¿Me mandé alguna cagá? —preguntó asustado y con vergüenza.
—No, obvio que no —lo tranquilicé—. Si te mandabai alguna cagá te hubiera dejado botado en la disco.
—Amor, perdón —me dijo acercándose a mí y tomándome del brazo.
—No tengo por qué perdonarte. El hígado es tuyo y tu sabrás como lo tratas.
En realidad no me daba lo mismo lo que hiciera el Huaso o que tomara hasta borrarse. Me importaba y mucho, pero en ese momento esta distraído, dándole vueltas a la ausencia del Bryan la noche anterior.
—¿Y cómo llegué acá? —su pregunta me trajo de vuelta a la realidad.
—Con el Victor te trajimos casi a rastras —le respondí acomodándome en la cama, con la espalda apoyada en el respaldo de la cama.
—Si po, y no fue fácil. Si cachay que los dos somos re flacuchos —le dije enrostrándole su alta masa corporal.
—Ya, pero el Victor se ve flaco pero igual tiene harta fuerza. Y tu tampoco erí debilucho. Con tus piernas —dijo acariciándolas— demás me podías soportar.
—No sabes cuánto nos costó —le dije haciéndome el difícil.
—No, creo —subió sus manos por mis muslos y le dio un agarrón al borde de mi glúteo—. Tengo total confianza en tu musculatura.
Se acercó a besarme y con su lengua me hizo enfocarme completamente en él. Con mis manos acaricié su abdomen desnudo, marcado por su preparación intensa para la noche anterior.
—Te esmeraste para causar una buena impresión —le dije.
—¿Cómo? Si esas siempre han estado ahí —dijo haciéndose el tonto.
—¡Mentira! Te esforzai para tener locas a un monton de minas y por mí nada —le dije dándole un suave combo en el abdomen.
—No es eso, tonto —me calmó besándome con pasión, mientras me apretaba con fuerza los glúteos por debajo del bóxer y jugaba con sus dedos en mi ano—. Lo que pasa es que no quería quedar en ridículo frente a ese montón de gente. Aparte sé que tu me quieres como sea, fofito o marcado —me besó pero ahora mas despacio, con delicadeza.
—Obvio que te amo como sea. Gordito o marcado, te amo igual —esta vez yo lo besé—. Aparte con qué cara te voy a exigir que tengas buen cuerpo.
—Tonto, deja de tirarte para abajo —me dijo acariciándome el rostro—. Eres el mino mas rico que he visto. Por eso eres el único que me ha conquistado.
No pude no sentirme ultra bacán con sus palabras. El saber que era el único que lo había conquistado me subía el ego y reafirmaba mis sentimientos por él.
Nos volvimos a besar, recorriendo con nuestras manos el cuerpo del otro. El Huaso se disponía a sacarme el bóxer cuando sonó mi celular por la llamada entrante de mi padre.
—Querían saber si iba a llegar a almorzar —le informé.
—Si caché —había escuchado toda la conversación—. ¿Qué hora es?
—Casi las dos —respondí viendo la hora de mi teléfono.
—¿Tan tarde? —me dijo sorprendido, sentándose en la cama—. ¿Por qué no me dijiste? Tengo que juntarme con la Claudia a las tres.
—No me habías dicho que te tenías que juntar, así que asumí que no tenías nada que hacer —le expliqué.
—Bueno igual la Claudia demás que también se quedó raja —reflexionó calmándose un poco.
—No creo, se despidió de nosotros un rato después de terminar el miss reef. Se vistió y se fue.
—Puta la wea —no le gustó la información.
El Huaso se despidió de mi y se fue a duchar. Mientras él se bañaba yo me fui a tomar la micro para irme a mi casa, aunque como no pasaba la micro, seguía caminando en dirección norte, siguiendo el recorrido de la locomoción. A medida que caminaba me iba acercando más y mas a la casa del Bryan, hasta que tomé la decisión de ir a verlo.
—Larry, ¿Cómo estay? —me saludó el Pedro con una sonrisa al salir a abrirme la reja.
—Bien, ¿y tu? —le di un abrazo.
—Todo bien. El Bryan no me dijo que ibas a venir…
—Es que vine de sorpresa. Quería hablar con él.
—¿Sobre qué? —preguntó sorprendido—. ¿Pasó algo?
—No, nada. Tranquilo —le dije con una sonrisa.
—Ah. Oye, supe que volviste con ese Huaso —me dijo con tono de reprobación.
—Si, ya nos arreglamos —le dije con una sonrisa, tratando de convencerlo de que era la opción correcta.
—¿Incluso después de haberte echado a la calle?
—Si —dije un poco avergonzado—. Lo conversamos y quedamos en que trabajaríamos en el manejo de nuestras emociones.
—Larry, tu no tienes que trabajar nada —me dijo tomándome de los hombros—. El Bryan está con el Victor en su pieza —cambió de tema—. Vuestro Victor, not mine —agregó aclarando la confusión de nombres—. Sube nomás, dudo que estén muy ocupados.
Subí las escaleras, y me pareció raro que estuviera todo en silencio. Me acerqué a la puerta de la pieza del Bryan, y antes de abrirla escuché unas carcajadas desde el interior que me hicieron saltar del susto. Golpeé la puerta y esperé que respondieran.
—Pasa —dijo la voz del Bryan, aún entre risas.
Abrí la puerta con lentitud, costumbre empática mía para darle tiempo a quien esté dentro de disimular bien lo que sea que estuviera haciendo. Estaban ambos sentados en la cama mirando la pantalla del notebook.
—Wena, Larry —me saludó el Victor con alegría, mientras el Bryan intentaba disimular su sorpresa—. ¿Nos vienes a ayudar con la tesis? —preguntó medio en broma y medio en serio.
—No se ve como que estén trabajando mucho —le dije señalando el notebook que tenía el Bryan en sus piernas.
—Es que estábamos viendo un video —me explicó el Bryan—. Mira —me hizo señas para que me sentara a su lado y yo obedecí. El video que estaban viendo era de un programa de televisión español, donde los invitados se ponían unos audífonos que los hacían hablar como idiotas. Comprendí completamente sus risas y no podía parar de reir.
Nos pusimos a conversar livianamente, pero dado que no tenía demasiado tiempo para esperar el momento adecuado, le pregunté al Bryan las razones de su ausencia.
—Oye, ¿y que onda anoche? ¿por qué no fuiste? —le pregunté intentando no sonar demasiado entrometido.
Noté cierta incomodidad en su mirada. Miró hacia el lado y se ruborizó.
—Lo que pasa que nuestro amigo andaba pelándose por otros lados —respondió el Victor ante el silencio del Bryan.
El Bryan miró al Victor serio, como enojado por su desliz de lengua.
—¿En serio? —le pregunté al Bryan, intentando no parecer enojado, sino mas bien curioso por la verdad—. Espero que sea la misma niña de la que me hablaste la otra vez…
—Si, la Karen —comenzó a explicar—. Nos juntamos anoche para… celebrar nuestro primer mes.
No pude evitar expresar en mi rostro la sorpresa por sus palabras. Tenía muchas preguntas acumuladas en la cabeza pero no pude formular ninguna. Vi a mi amigo sumamente incómodo, debatiéndose entre la vergüenza, la culpa y la furia por la poca complicidad del Victor.
—Me tengo que ir, me están esperando en la casa —dije finalmente, intentando cortar el momento incómodo.
—Te acompaño a la puerta —me dijo el Bryan poniéndose de pie. Acepté con una sonrisa y me despedí del Victor.
—Perdona si te incomodé con la pregunta, no fue mi intención —rompí el silencio mientras bajábamos las escaleras.
—No te preocupes —respondió en voz baja—. Prometo que te explicaré todo. ¿Juntémonos más tarde? —propuso.
—Bueno —acepté de inmediato.
—Voy a tu casa después de terminar aquí con el Victor —me dijo con una sonrisa genuina.
Nos despedimos con un abrazo en la entrada de su casa, y al emprender mi partida le hice señas de despedida al Pedro que me saludaba desde la ventana.
Llegué a mi casa a almorzar, y tras contarle a mis padres qué tal estuvo la noche, me senté a ver tele esperando que pasara la tarde. Tenía un poco de sueño, pero la ansiedad de saber las razones de la ausencia del Bryan no me dejarían dormir. Al final me quedé pegado en una maratón de Friends en el cable, y así pasó volando la hora.
El Bryan llegó pasadas las 7 de la tarde, justo a la hora que mis padres preparaban la once.
—¿Y el Pato va a venir también? —me preguntó mi mamá después de saludar al Bryan.
—No, solo el Bryan por ahora —le respondí, calculando que preguntaba para poner un lugar extra en la mesa.
El Bryan siempre era muy educado y respetuoso cuando venía a mi casa, y mis papás siempre me comentaban que les gustaba eso de él.
Finalmente subimos a mi pieza para conversar más en privado, mientras jugábamos play. Nuestra sesión de amistad.
—¿Estas bien? —le pregunté apenas cerré la puerta.
—Si, bien —aseguró él, lo que me tranquilizó un poco.
Prendí la tele y el play, y mientras buscaba el PES le dije que se acomodara en la cama. Se sacó las zapatillas y se sentó, apoyándose en el respaldo de la cama.
—Cuéntame, ¿con quién saliste anoche? —le pregunté, tratando de que mi pregunta no sonara tan amenazante.
—Con la Karen, la amiga del Nico, que te conté la otra vez..
—¿Y por qué no me contaste que estaban pololiando?
—No estamos pololiando —me corrigió—, solo estamos… saliendo, creo.
—¿Cómo? ¿se juntan a celebrar que llevan un mes “saliendo”? —no entendía mucho.
—Sí, o sea, es distinto. La semana pasada ella me dijo “oye Bryan, la próxima semana se cumple un mes desde la primera vez que nos juntamos”, y claro, habíamos salido muchas veces, y que ella se fijara en la fecha me pareció bonito, así que le dije que nos juntásemos para “celebrarlo”. Fue a mi casa a ver una película y eso. Fue lindo —terminó de decirme con una sonrisa en la cara, aunque avergonzado.
—¿Y por qué no me contaste esto desde el principio? ¿por qué hasta ayer me decías que irías a la disco?
—Porque si te decía que no iba a ir tenía que explicarte todo esto, y no quería quitarte tiempo porque tienes muchas cosas que hacer…
—Idiota, si tengo tiempo. Podías haberme dicho que querías hablar, como ahora —le dije abrazándolo de costado—. Me preocupé por ti, ¿sabes? Pensé que te pasaba algo, que estabas enojado o no sé.
—¿Por qué voy a estar enojado? —preguntó riéndose—. Era solo eso, no quería quitarte tiempo. Aparte hace rato que no estábamos así, los dos conversando, como antes.
—Si, te he tenido ultra botado, así que perdón por eso —le dije con un sentimiento de culpa.
Nos pusimos a jugar, y mientras lo hacíamos seguimos conversando.
—Oye, ¿y cuándo voy a conocer a la tal Karen? —le pregunté.
—No sé po, el viernes juntémonos —propuso—. Anda a mi casa y ahí la conoces. Así aprovechamos de celebrar tu cumple.
—Ya po —acordé con una sonrisa de alegría. Por fin conocería a la tan misteriosa nueva “algo” de mi mejor amigo—. ¿Puedo llevar al Huaso?
—¡Obvio que puedes! —afirmó con una sonrisa—. Mejor que vayan juntos, si sabes que no tengo problemas con él.
—Aunque no sé si quiera ir si estamos los cuatro nomas… —razoné mejor.
—Pero va a estar el Pedro y el Victor —sugirió, aunque se dio cuenta altiro que no hacía gran diferencia—. También podemos invitar al Nico y al Victor.
—¿Y a la Cata? —propuse, tratando de no hacerlo sentir incómodo.
—¡Tambien! —aceptó sin problemas—, y a la Claudia también —sugirió riéndose.
—¡No! —me puse serio—. Oye empezamos organizando algo piola y ya vamos en el medio carrete.
—Oye si —se rió—. Ya pero dejémoslo así piola nomas. Se cierra la lista.
Seguimos conversando, y a pesar de rogarle porque me mostrara una foto de la Karen, se negó rotundamente ya que quería que la conociera en persona.
Antes de acostarme a dormir le mandé un mensaje al Huaso diciéndole del plan de juntarnos con el Bryan el fin de semana, y a pesar de que por WhatsApp aceptó de inmediato, sabía que lo había hecho a regañadientes.
El día lunes en la tarde tuve turno en la tienda, y mientras no habían clientes nuevos, la Vicky, la promotora de la tienda vecina, se acercaba a meterme conversa.
—Oye, ya po, dime si ese amigo tuyo, el Huasito tiene polola —llevaba un mes insistiéndome con saber, desde que lo conoció. Yo evitaba responderle a toda costa.
—Ah, no se yo, aunque últimamente se le ve muy apegado a una niña en la U —inventé para que dejara de insistir.
—¡Maldita! —exclamó con odio a la muchacha imaginaria—. No importa, igual lo voy a conquistar —más dura que la vieja—. Y tu, ¿Cómo no vas a saber bien? Si son super amigos, él pasa metido acá contigo.
Me puse nervioso porque no supe qué responder, pero justo llegó a verme el Huaso, como casi todos los días. Me saludó con un abrazo “de amigos”, y se disponía a saludar de beso a la Vicky, pero ella se le lanzó al cuello para abrazarlo, como si fueran conocidos de toda la vida.
—Justo estábamos hablando de ti —le dije a mi pololo, sin rodeos.
—¿Ah si? —se sonrojó un poco, pero sabía que con eso aumentaba su ego.
—Si —respondió ella, con valentía—. Larry me estaba contando que eres muy pelado en la U…
—¿Ah si? —volvió a preguntar aún mas fuerte, casi riéndose.
—Si po, te saqué del closet de la peladez —le respondí desafiante, aunque noté que se puso un poco nervioso con la palabra “closet”.
—No le creas Vicky, no me ando pelando —le respondió sin esconder su natural coquetería.
—Si siempre dudé de lo que decía el Larry —dijo ella igualmente coqueta.
—El Larry siempre miente —agregó el Huaso.
—¿Ah si? —pregunté yo ahora—, hablemos con la verdad entonces —me puse a reir, por la reacción del Huaso ante mis palabras. Abrió los ojos por la sorpresa y el miedo.
—Oye, Larry, así que donde el Bryan el viernes… —intentó cambiar de tema rápidamente con lo primero que se le vino a la mente.
—¿Entonces es verdad que tienes polola? —preguntó la Vicky, pegada con el tema anterior, y por suerte, sin darse cuenta de nada.
—¿Qué? No, na que ver, no tengo polola —respondió el Huaso sin prestarle mucha importancia.
—Si po, el viernes donde el Bryan. Tienes que ir —le informé, intentando poner un tono liviano.
—¿Puedo ir? —preguntó la Vicky, intentando tener mas oportunidades de ver al Huaso.
—Creo que no, es algo privado del grupo de la U —le expliqué.
Como salvados por la campana, la jefa de la Vicky salió a buscarla, así que se tuvo que ir.
—Un poco cargante tu amiguita —me dijo el Huaso cuando estuvimos solos.
—Es una niña, le falta madurar nomas —reflexioné—. Tu en cambio, ¿Cómo se te ocurre tratarme de mentiroso?
—Era una broma amor —se acercó a abrazarme.
—Ya, pero no me trates de mentiroso, si todas las weas que le inventé a la Vicky fueron por ti.
—Ya, si, perdón —me pidió, besándome—. Entonces, ¿tenemos que ir donde el Bryan el viernes?
—Si, tenemos que ir. El Bryan quiere que conozcamos a su polola —le dije con una sonrisa.
—¿Polola? —preguntó sorprendido—. Pero si ese weon es cola —comentó con displicencia.
—“Ese weon” es mi amigo —le dije serio—, y se llama Bryan. Y no es cola. Tiene la mente bien abierta como para andar buscando pantallas.
—Ya, bueno —aceptó resignado—. ¿Y es bonita su polola?
—No sé, no quiso mostrarme fotos de ella, quiere que la conozcamos por primera vez en persona —le comenté sin ocultar mi emoción.
—Qué raro —dijo pensativo—. Oye amor, ¿no será mejor celebrar tu cumple nosotros dos solos nomas? —me propuso, claramente para evitar tener que juntarse con el Bryan.
—Si, pero tenemos toda la vida para estar solos los dos. Aparte la ultima vez te comprometiste a llevarte mejor con el Bryan. ¿Qué mejor manera que juntándote con él para conocer a su polola?
—Bueno —aceptó resignado—. Oye, ¿y estaremos los cuatro nomas?, ¿no va a ser muy obvio que somos pareja?
—¿Y qué tiene?, ¿acaso te avergüenzas de mi? —le pregunté fingiendo dolor.
—No, no es eso —me tomó de la cintura y volvió a besarme—. Lo que pasa es que, tu sabes, no me gusta que todos sepan que soy gay. Aún me da miedo.
—¿Seguro que es solo eso? Porque ella es literalmente una desconocida —le dije con suspicacia.
—Bueno, si, pero imagínate que me conoce, queda la cagá —dijo intentando convencerme.
—Lo dices por si alguna vez te la pinchaste, ¿cierto? —le pregunté levantando una ceja.
—…Si… —respondió después de titubear un rato.
—Eris bien puto —le dije empujándolo suavemente.
—¡Pero eso era antes! Lo juro —aseguró cruzando sus brazos alrededor mio—. Tu sabes que desde que estoy contigo no he mirado para el lado.
—Pato, ¡llevabai como dos años pololeando con la Mari antes de venirte!
—Si, pero es difícil llevar una relación a distancia, aparte la Mari se enojaba a cada rato, te conté. Aparte es tu culpa también.
—¿Cómo es mi culpa? —pregunte riéndome por la desfachatez.
—¿Te acordai que te dije un dia que tenía sospechas de que la Mari me cagaba?
—Si, lo recuerdo muy bien —admití con vergüenza.
—Ya po, en ese tiempo coincidió que me empezaste a gustar po, pero no podía “liberarme” por decirlo así, porque no sabía qué onda tu. Te juro que intenté aguantarme porque no me gustaba la idea de cagar mi relación por una infidelidad, pero de verdad estaba mal, me teniai mal. Tenía la cagá en la cabeza.
—¿Y con cuantas lo hiciste? —le pregunté pasando de la indignación a la copucha.
—Ya ni me acuerdo —dijo con timidez—.Tu cachay que no me cuesta mucho, y no me medí.
—¿Te imaginai que la polola del Bryan sea una de ellas? —metí el dedo en la herida.
—Ya, tranquilízate. Si ya conversamos con el Bryan y dijimos que invitaríamos a mas amigos para que pase piola, que no seamos solo parejas.
El Huaso se acercó a mi y me dio un gran abrazo de agradecimiento.
—Gracias por siempre pensar en mi —me dijo y luego me dio un largo beso.
Se quedó conmigo hasta la hora de cierre, esperándome para cerrar el día.
—¿Por qué no cierras nomas? Si total nadie viene a esta hora —sugirió él—. Y tu jefe es tan pajero que dudo que justo hoy venga a la hora de cierre.
—Si, yo igual lo dudo, pero no puedo cerrar antes. Aparte solo falta media hora.
—Media hora, y podríamos quedarnos un ratito mas aquí, con las luces apagadas… —me ofreció besándome el cuello.
—Acuerdate lo que pasó la última vez que te pusiste así acá en la tienda —le recordé riéndome.
—Ya, pero ahora bien lejitos del mesón —insistió abrazándome por detrás—. Piénsalo, faltan treinta minutos.
Cambié el tema y seguimos conversando. Su idea me tentaba pero no lo quise admitir. De todas formas no fue necesario ya que poco antes de cerrar volvió a aparecer la Vicky.
—¿En que están? —preguntó con su mochila puesta, lista para irse a su casa.
—Esperando que pase la hora nomas, ¿y tu? ¿ya te vas? —le pregunté con cordialidad.
—Si, ya cerró la tienda mi jefa, pero no quiero irme a mi casa aún —aseguró ella, con claras intenciones de quedarse para seguir viendo al Huaso.
—¡Buena! —dije intentando ocultar mi desgano—. Ayúdame a doblar estas camisas —le ofrecí—, ya que el Huaso justo se estaba yendo.
El Huaso me miró con cara de pena, pero asumiendo que era necesario despedirnos por ahora.
La Vicky igual puso cara de pena, pero supongo que no quiso volver a mentir para no ser tan evidente, así que aceptó mi ofrecimiento.
El Huaso se despidió de nosotros y se fue.
“TE AMOOO :(” decían los mensajes que me llegaban a WhatsApp de su parte apenas puso un pie fuera de la tienda.
—¿Y?, ¿descubriste si tenía polola o no? —me preguntó ella como si nada, mientras doblaba las prendas.
—Ah, si —respondí con naturalidad.
—¿Y quien es? —quiso saber ella.
—Una niña… de la U, Karen, se llama —se me ocurrió inventar, sin saber que dar esa pizca de información falsa había sido un grave error.
Siguiente Capítulo: El Deseo