seen from Germany
seen from United States
seen from United States
seen from Türkiye
seen from Germany
seen from China
seen from Lithuania

seen from Malaysia

seen from Australia
seen from Canada
seen from United States
seen from Brazil
seen from United States

seen from United States
seen from Brazil
seen from Vietnam
seen from Brazil
seen from Brazil

seen from Brazil

seen from United States
“Elias: You were the only one who always looked to me”
Mahou Tsukai No Yome - Cap 38
PD: Es mi primer intento, espero mejorar..
Tsubaki-Chou Lonely Planet - Aioi x Yoh <3 Capitulo 38
CDN 38
Capítulo 38: Despedida
La investigación continuó hasta el atardecer. Park Noah siguió a Kyle Leonard cuando interrogaba a numerosos transeúntes por el mercado, su respiración irregular.
—Será mejor que te vayas ahora a menos que quieras volver a caerte.
—Huf, huf… No, puedo caminar un poco más. Está bien.
—Sin embargo, no creo que sea muy bueno—Kyle Leonard agarró a Park Noah por los…
View On WordPress
El Huaso, parte 38: Mari
Lista de capítulos
—Hijo, ¿Qué te pasó? —me preguntó con terror en la voz mi madre, al verme tendido en el sillón con los moretones al aire, ignorando por completo que mi cabeza descansaba en las piernas de mi pololo.
—Me caí jugando a la pelota —respondí, aún medio dormido, intentando levantar el brazo para taparme los ojos.
—No te muevas —me dijo en voz baja el Huaso, intentando no sonar muy preocupado por mi bienestar—. Lo empujó un loco del otro equipo, pero nada grave —pude identificar por su voz, que también se había quedado dormido.
—¡¿Nada grave?! —preguntó mi madre levantando la voz—, ¡míralo cómo está! —estaba a punto de soltar el llanto.
—Tranquila, mujer —intervino mi padre—, es normal que pasen estas cosas cuando los jóvenes hacen deporte —se acercó y me alborotó el pelo y luego le dio unas palmadas en el hombro al Huaso—. Solo que nunca lo habíamos visto porque nuestro hijo no es muy activo que digamos.
El Huaso no pudo disimular una risita burlona y yo comencé a sudar helado, sin evitar pensar “¿tanto se me nota?”.
—¡Pero esos moretones no pueden ser normales! —seguía preocupada mi madre.
—Mamá, tu misma siempre cuentas que cuando chica a ti y a tu hermana les salían moretones al menor roce. Creo que hay una tendencia —intenté calmarla.
Logramos hacer que mi madre se tranquilizara, y mis padres hicieron que el Huaso se quedara a tomar té con nosotros.
—Hijo, ponte una polera, por favor. No puedo ver esos moretones —me pidió mi madre tapándose los ojos.
—No puedo, me duele el brazo al levantarlo. Aparte hace calor —las temperaturas estivales hacían agradable el estar sin polera.
Mi padre me miraba con un brillo de orgullo en sus ojos, como satisfecho de verme salir de mi zona de confort y haber hecho algo un poco más “arriesgado” para mi (y mas convencional para alguien de mi genero y edad). Mi madre, en cambio, seguía preocupada, pero no lo decía.
—Y al final, ¿ganaron por lo menos? —preguntó mi padre.
—Obvio que si po —respondió de inmediato el Huaso—. El Larry después del golpe sacó fuerzas de no se donde y dominó el resto del partido —mi pololo exageraba la situación, pero al menos mi papá se alegró con sus palabras.
Continuamos conversando y disfrutando en la mesa, hasta que el Huaso dijo que se tenía que ir. Mis padres le agradecieron enfáticamente su cuidado hacia mí.
—No sé qué sería de Larry sin ti —le dijo mi madre a mi pololo, dándole un abrazo.
El Huaso se puso rojo.
—Para eso estamos los amigos, tía —respondió con humildad.
—Que tengas buen viaje mañana —le deseó mi padre abrazándolo—, y gracias por todo.
—De nada tío —el Huaso seguía rojo.
Me despedí de él con un abrazo no muy fuerte, por el dolor. Hubiera deseado hacerlo con un beso por último, ya que era la última vez que nos veríamos en semanas, pero la presencia de mis padres lo impidió.
Apenas el Huaso cerró la puerta de entrada tras de sí, mi madre comenzó a regañarme por haberme arriesgado a hacer tal estupidez. Típica madre preocupada, que después del shock inicial, se enoja.
Con el Huaso acordamos que nos veríamos en febrero en La Serena, ya que en el mes de enero viajaría con mis padres a Buin a visitar a mis tíos. La idea de pasar mucho tiempo en esa ciudad no me causaba mucha emoción a decir verdad.
Allá vivían mis tíos (hermana de mi madre y su esposo), junto con mis dos primos: Soledad y Damian. No los veía hacía años y antes de eso nunca tuve relación cercana con ellos por la distancia. Soledad era de mi edad, así que por la cercanía etárea aprovechó de presentarme a sus amigas y amigos para no aburrirme. Damian, por otro lado, era un pendejo agrandado que se creía el dueño del mundo solo por tener 18 años recién cumplidos. En la casa de mis tíos también estaba de visita mi abuela materna (la de coquimbo), que había llegado un par de semanas antes.
Por suerte las tres semanas en Buin se me pasaron volando y por fin pude irme a La Serena a reencontrarme con mi pololo.
Al llegar al terminal estaba el Huaso con su papá esperándome. Nos saludamos con un fuerte abrazo por todo el tiempo que no nos habíamos visto. Mi suegro, me saludó cortésmente con un apretón de manos y una sonrisa.
La mamá del Huaso se había quedado en casa terminando de preparar el almuerzo, y al verme llegar me saludó alegremente con un gran abrazo. Me recibieron con hospitalidad en su casa, y me tenían preparada la habitación de invitados para dormir.
—Que fome que no vamos a poder dormir juntos —le dije al Huaso mas tarde, mientras acomodaba mis cosas en mi nueva habitación.
—Pero por lo menos estamos juntitos —me dijo tomándome de la mano y acercándome a él, que estaba sentado en la cama—. Te extrañé tanto…
Hizo que me sentara en sus piernas y me besó.
—Yo también te extrañé mucho —le respondí y lo volví a besar.
Sentimos pasos que se acercaban por el pasillo y la voz de su madre gritando voz en cuello el nombre del Huaso. Mi pololo se asustó y me lanzó a un lado, poniéndose de pie de un salto y acercándose a la puerta para abrir. Se volteó primero a verme como estaba, y me pidió disculpas con la mirada al verme tratar de salir aparatosamente de entre la cama y el velador.
El Huaso abrió la puerta y la cabeza de su madre asomó por el marco.
—Te vienen a ver —dijo con cara de emoción.
—Ah ya, salgo altiro —respondió el Huaso, poniéndose nervioso.
—¿Y usted que hace ahí? —me preguntó al ver que me estaba sentando en el borde de la cama—. ¡Salgan a tomar aire!
Acto seguido salió de la habitación, dejándonos a solas nuevamente.
—Ya vengo —me dijo escuetamente el Huaso, dejándome solo en la pieza.
Me quedé confundido por la reacción del Huaso frente a la visita, pero no le di muchas vueltas al asunto, porque me estaba empezando a doler la cadera por la caída. Guardé la maleta y el bolso en el clóset, y me sorprendí al ver que había una polaroid cara abajo en uno de los cajones vacíos. La tomé y vi que era una foto del Huaso conmigo, él posaba su brazo en mi hombro de forma fraternal, ambos con una corona en la mano. En su rostro su habitual sonrisa coqueta ladeada, y en mis ojos se podía ver que me sentía muy feliz por estar con él. La foto era del primer carrete donde compartimos, cuando celebramos el haber pasado todos los ramos, ayudándonos mutuamente.
—¿Te gusta? —me preguntó el Huaso mirándome desde la puerta. Me sobresalté ya que no lo había visto llegar.
—Si, me encanta —le dije sonriendo—. Aunque no recordaba que nos habíamos tomado esta foto.
—Esa vez la Claudia llevó su cámara donde el Basti —me recordó—. Y yo le pedí que nos tomara esta foto. Quería tener un recuerdo de nosotros dos juntos.
—¿Incluso antes de que pasara algo? —le pregunté sorprendido.
—Si po —me dijo cerrando la puerta y acercándose a mi—. La dejé aquí para que la vieras cuando llegaras —me tomó de la cintura y me dio un beso en los labios. Luego me miró a los ojos y me sonrió.
—Gracias por eso —le agradecí con un beso—. Te amo —lo abracé y apoyé mi rostro en su hombro.
—Yo también te amo —dijo en un susurro y me acarició la espalda y el cabello.
Salimos a caminar (él insistió que saliéramos rápido antes de que se hiciera tarde), y bajamos por la avenida Aguirre hasta el faro.
—¿Quién te fue a visitar, cuando estábamos en la casa? —le pregunté, para salir de dudas.
—Ah… —se volvió a poner nervioso—, promete que no te vas a enojar.
—¿Y por qué me voy a enojar? —empecé a formular teorías en mi mente.
—Era la Mari.
Tenía que ser ella.
—¿Qué? ¿y por qué te fue a buscar a la casa? —le pregunté.
—Es una larga historia —se excusó.
—Tenemos tiempo —aún no llegábamos al cruce con la carretera.
—Bueno, mira. El año pasado, cuando murió mi abuela, la Mari y su familia se acercaron a mi papá para saber como estaba, como se sentía y asegurarse que estuviera bien. Igual nuestras familias se conocen hace muchos años. La Mari con el tiempo empezó a ir mas seguido a la casa, obviamente cuando yo estaba presente, y se portaba super bien, haciéndoles ver a mis viejos la nuera que se perdieron. Mis papás están super felices con ella, dicen que es super atenta y todo, que como era posible que hubiera terminado con ella.
—¿Les contaste que te cagó con otro weon? —le pregunté serio, recordándole el por qué.
—No, obvio que no. Bueno eso era. Así que por favor no te enojes si hacen algún comentario desubicado frente tuyo —me pidió.
—¿Cómo que comentarios?
—No sé, como “que se ven bonitos juntos” o cosas así…
—No me voy a enojar por esa wea. Si sé que nosotros dos nos vemos mejor juntos que tu con ella —intenté hacer como que no me importaba, pero por dentro igual me dolía un poco la situación. El tener que volver a ver a su ex hacía que se me revolviera el estómago.
Llegamos al faro cerca de las siete de la tarde. El sol ya estaba encaminandose al horizonte, inundando toda la playa de un agradable tono anaranjado. Al llegar deseé que al otro lado del faro no hubiera nadie y así con el Huaso podríamos demostrarnos nuestro cariño, pero obviamente no fue así: adelante del faro habían unos puestos de vendedores artesanales que, aparte de entorpecer la vista hacia el faro, atraían a muchos clientes, y por lo tanto, menos posibilidades de tener un poco de privacidad.
Rodeamos el faro y nos sentamos en la arena, por detrás de la construcción emblemática de la ciudad. Uno al lado del otro mirando el horizonte.
—Ojalá esta tarde no termine nunca —le dije al Huaso.
—¿Por qué? Tenemos muchas mas para seguir disfrutando —se extrañó—. Aparte se nos viene el catorce —me dijo coquetamente, y pasó su brazo izquierdo por mi espalda y me alborotó el pelo con su mano derecha.
—¿Piensas prepararme algo especial acaso? —le pregunté sorprendido.
—Eso veremos —dijo misteriosamente—. A ver si te portas bien —se rió.
—No tengo muchas opciones de portarme mal si estamos en piezas separadas…
—Entonces no habrá problemas para llegar al catorce —sentenció él.
—Son solo seis días… creo que puedo manejarlo —intenté hacerme el bacán.
Nos levantamos y comenzamos a caminar de regreso cuando el sol empezaba a tocar el mar.
Al llegar a la casa del Huaso, nos sorprendimos al ver que estaba la Mari con su mamá tomando té con mis queridísimos suegros, y todos nos quedaron mirando con curiosidad al vernos llegar, como esperando que hiciéramos un truco o algo así.
—Hola, hola tía —saludó el Huaso—. Él es el Larry, un amigo de la U —me presentó.
Saludé a la ex suegra de mi pololo, una señora gorda de cara ancha y grandes pómulos que le daban un aspecto de simpatía.
—Y bueno, tu ya lo conoces —le dijo el Huaso a la Mari.
—¿Cómo estay? —me saludó con un tono bastante cínico.
—Bien, ¿y tu? —intenté sonar lo menos pesado posible. Ella obviamente ignoró mis palabras.
Con el Huaso nos sentamos a comer junto a los demás, y la mamá de la Mari mostró particular interés en mí. Supuse que era porque de los presentes era el único desconocido para ella, pero de todas formas, fue bien amable conmigo, y yo le respondí en concordancia.
Después de la comida, con el Huaso nos levantamos de la mesa para dirigirnos a la pieza y tener un momento a solas.
—Iremos a jugar play a mi pieza —explicó el Huaso.
—¡Pero cómo se van a ir a encerrar si hay visitas! —se quejó el patriarca. Me dio un poco de nerviosismo su repentina actitud estricta.
—Pero… —balbuceó el Huaso, sin saber qué decir.
—Deja que los niños vayan a jugar a la pieza, y los adultos nos quedamos acá conversando —solucionó mi suegra, aunque no convenientemente para mí. Sentía como que volvía a tener once años.
Con la solución de su ex suegra, la Mari se levantó feliz de su asiento. Con el Huaso acatamos la situación y nos fuimos derrotados a la habitación.
La Mari se sentó de inmediato en la cama y sacó su celular.
—Sientate aquí, Pato —le dijo a mi pololo, indicándole el espacio al lado de ella.
Mi pololo se sentó donde le había indicado, ante mi atónita mirada. No le dije nada y disimulé la molestia, que al rato razoné como desmedida, ya que era su cama y él podía sentarse donde le diera la gana, y si le gustaba sentarse ahí, mala suerte la mía.
Comenzamos jugando una partida de PES con el Huaso, pero al rato la Mari alegó que se aburría.
—¿No tienes otro juego mas entrete? Me aburro —le preguntó ella al Huaso.
“Si te aburres puedes irte” pensé, y deseé que eso le respondiera mi pololo.
—¿Qué quieres jugar? —le preguntó.
—Tu sabes cuál me gusta —respondió ella con naturalidad.
El Huaso se levantó para buscar el juego solicitado, y sacar el PES de la consola.
—Después jugamos otro partido —me dijo mirándome a los ojos, como pidiéndome disculpas. Yo le respondí con una sonrisa, indicándole que no importaba.
Le pasé el joystick a la Mari y empezaron a jugar. Al estar sentados uno al lado del otro se les hacía mas fácil sabotearse, se pegaban codazos, se tapaban las teclas del joystick al otro, y se hacían cosquillas, todo para poder ganar. No soporté ver tanta afinidad entre ellos, así que decidí sacar mi celular y navegar en internet.
Al rato apareció la mamá de la Mari diciéndole que se iban. La hija le dijo que se fuera sola, que después el Huaso la iría a dejar (vivía a dos cuadras de la casa del Huaso). La señora se fue y quedamos los tres a solas nuevamente.
La ex pareja continuó jugando por un largo tiempo más, y cuando ya mi aburrimiento (y enojo) era demasiado grande, les dije que me iría a dormir.
—¿Tan temprano? —me preguntó la Mari, fingiendo tristeza por mi partida.
—Si, es que estoy despierto desde temprano, aparte del viaje… —me excusé.
Me despedí de ambos a la distancia y salí de la habitación. Me saqué la ropa y me acosté de inmediato, esperando quedarme dormido. Tras unos quince minutos dando vueltas en la cama, intentando dormir, escuché las voces y pasos de los ex pololos, alistándose para salir. Al poco tiempo de escuchar la puerta de entrada cerrarse, me quedé dormido.
Al día siguiente me desperté tarde, cerca del mediodía. Al salir al comedor para desayunar me encontré con la sorpresa que habían mas visitas: el Kevin, primo del Huaso y hermano del Sergio había llegado de improviso (al menos para mi)
—Wena po Larry, ¿Cómo estay? —me saludó con una sorpresiva efusividad, levantándose de la silla y dándome un abrazo.
—Bien, ¿y tu? —le respondí el abrazo y mis ojos recorrieron la habitación, buscando si habían rastros del Sergio.
—Bien wn. No sabía que estabai acá. La tía me dijo que me ganaste la cama.
—Si, pero si quieres te la dejo y yo duermo en la pieza del Huaso —le propuse, esperanzado de que aceptara.
—¿Cómo se le ocurre? —preguntó mi suegro, entrando al comedor, desde el patio—. Usted quédese cómodo nomas en la habitación de invitados —dijo intentando no sonar dominante, pero de todas formas fue una orden.
Me senté a tomar desayuno con el Kevin, que estaba a punto de terminar (los suegros ya habían comido hacía horas, y estaban ocupados en sus propios asuntos). El Kevin estaba muy conversador, y yo lo escuchaba simulando interés, ya que la mayor parte de su temario era sobre las mujeres de La Serena, y el resto era sobre sus métodos para hacerlas caer en sus encantos (que eran bastante pocos, desde mi punto de vista, pero qué iba a saber yo).
—Oye, ¿y el Sergio? —le pregunté disimuladamente al Kevin, tratando de no demostrar mucho interés.
—El Sergio se fue pal sur de vacaciones, con un amigo —me explicó—. Anda mochileando ese weon.
Me deprimió un poco saber que no lo vería. De los dos hermanos, el Sergio era mucho mas simpático y ubicado que el Kevin (aparte de mucho mas guapo).
El Huaso se levantó a tomar desayuno cuando yo ya estaba por terminar. Saludó con alegría a su primo y se sentó a comer.
—Tengo tanto sueño —comentó bostezando.
—¿Todavia?, si te levantaste re tarde —le dijo el Kevin.
Yo los miraba en silencio. El Huaso me miró antes de responder.
—Es que la Mari, la fui a dejar a su casa anoche y nos quedamos conversando un rato —explicó.
—¿La Mari? —preguntó sorprendido el primo—, ¿tu Mari?, ¿te arrepentiste de haber dejado ir a esa tremenda mina?
—Na que ver weon —le dijo riéndose el Huaso.
—Seguro te voy a creer, weon. ¿Sigue tan rica como antes?
—Está mejor…
El Kevin hizo desagradables sonidos de calentura.
—Yo la encontré igual que antes —comenté intentando impedir que se me notaran los celos.
—¿Igual de rica entonces? —preguntó el Kevin.
—Si… —tuve que responder—, igual de guapa.
Me estaba empezando a sentir incómodo. La verdad me daba lo mismo si la familia del Huaso sabía de mi homosexualidad, pero tenía claro que ese dato generaría suspicacia entre sus familiares, y comenzarían las dudas de “¿Por qué te juntas con el?, ¿acaso tambien eres gay?”.
Bajé la mirada, intentando no mirar a los ojos a nadie. El Huaso supongo que se dio cuenta de mi incomodidad y cambió el tema.
—¿Por cuantos días te quedas? —le preguntó mi pololo a su primo.
—Una semanita yo cacho. Vengo a ver que tal las veraneantes de La Serena.
—Te perdiste las mejores po. En enero se llena de argentinas.
Me levanté de la mesa, con la excusa de que me iría a duchar. Los dejé conversando y me fui a la pieza, preparé mis cosas y me metí a la ducha.
Al salir de la ducha, pude ver por la ventana de mi pieza que los primos estaban en el patio conversando mientras el Kevin se fumaba algo, y mis suegros no estaban a la vista.
Me acosté en la cama con la toalla puesta, meditando. Escuché que los papás del Huaso llegaron a la casa, con ruido de bolsas (de comida supuse), y salieron al patio para conversar con los primos, y anunciaron que harían un asado para celebrar la llegada del sobrino.
—Voy a ver qué está haciendo el Larry —esuché decir al Huaso, y al rato golpeó la puerta.
—Pasa —le contesté.
El Huaso abrió la puerta y vio que estaba acostado boca arriba con la toalla puesta, y con mi brazo izquierdo tapándome los ojos. Se acercó a la cama y se sentó en ella. Me quitó el brazo de la cara y me miró a los ojos.
—Vamos a comer asado —me dijo con una sonrisa. Pasó su mano izquierda por mi mejilla.
—Bueno —intenté sonar amable.
Me levanté trabajosamente para poder pararme sin molestarlo a él. Saqué un bóxer del cajón y me lo puse por debajo de la toalla.
—Que eres tonto Larry, si sabes que no es necesario eso —me dijo riéndose. Se levantó y se acercó a mí. Cerró la puerta de la pieza y me sacó la toalla, con el bóxer todo desajustado en mi cuerpo.
—No hagas eso, que nos pueden ver —le advertí. Nos quedamos en silencio y escuchamos una carcajada de los tres que estaban en el patio.
El Huaso ignoró mi advertencia y me abrazó.
—Perdona por ser tan aweonao. Te lo voy a compensar, lo juro —prometió.
Me relajé por completo en sus brazos tras sus palabras. No tuve la fuerza de voluntad para alejarlo y hacerle saber como me sentía.
—¿Y como me lo vas a compensar? —le pregunté después de unos segundos de disfrutar su abrazo apretado.
—El catorce, ya te dije —me respondió separándose de mí y mirándome a los ojos. Dio un vistazo a la ventana para asegurarse que no había nadie mirando, y me besó.
Me besó con pasión, usando su lengua para masajear la mía. Me besó como no lo hacía hace semanas, mientras sus manos jugueteaban con el elástico de mi bóxer, como debatiéndose entre acomodarlo o bajármelo. Finalmente se decidió por la segunda opción, y así tuvo total libertad para apretar mis glúteos con fuerza.
—Espera… —le dije, interrumpiendo la apasionada sesión de besos. No podía seguir con toda la situación—, ¿Por qué te quedaste hasta tarde con la Mari anoche?
—Ay, Larry, si sabes que tenía que ir a dejarla a su casa —respondió.
—¿Tenías que?, pudiste decirle que no podías ir a dejarla, y así ella se iba con su mamá.
—Ya, si, pero no se me ocurrió —se excusó.
—¿Y por qué no fuiste a dejarla y te viniste altiro?
—Porque nos quedamos conversando, te dije. Conversé con su hermano un rato también. No te pongai celoso po, Larry, si sabí que no me volvería a meter con ella…
—¿No te volverías a meter con tu ex, que está “mas rica” ahora que cuando estaban juntos? —le pregunté enojado.
—Obvio que no. Lo que le dije al Kevin no fue en serio. No pienso que la Mari esté más rica que antes. Y si lo estuviera, no me importaría, porque el único que me importa eres tu —la última frase la dijo en voz baja, para asegurarse que no lo escucharan.
—¿Seguro? —quise confirmar.
—¡Si po! —se acercó a mí y me tomó las manos—. Te pido perdón por ignorarte y por hacerte sentir incómodo, en serio —me miró a los ojos—. Haré lo posible para que lo pases bien mientras estas en mi casa —selló su promesa con un beso, y salió de la habitación.
Me sentía raro. De verdad era muy incómodo estar ahí en su casa, con mas personas de las esperadas cuando planeamos pasar estas semanas juntos. Solo con sus padres podíamos evitarlos y salir juntos y tener momentos a solas, pero con la llegada del Kevin, y las visitas inesperadas de la Mari (que estaba seguro iba a volver a aparecer), se complicaba todo.
Me senté en la cama, respiré hondo y terminé de vestirme. Salí de la pieza poniendo mi mejor cara de felicidad, aunque por dentro me sentía pésimo. Con el transcurso de la tarde mi estado de ánimo se recompuso, y me empecé a sentir mejor.
Los días siguientes las cosas fueron mejorando. El Huaso no se ponía demasiado frío en presencia de su familia, pero apenas había un momento a solas lo aprovechaba, dándome un besito en el cuello mientras me lavaba los dientes, o acariciándome el pelo mientras veíamos tele. La Mari aparecía día por medio y mis suegros insistían en que se quedara a almorzar o a cenar, dependiendo de la hora que llegara. Al estar el Kevin en la casa, la Mari aprovechaba de buscarle conversa al Huaso a través de él.
La noche del trece de febrero, salimos con el Kevin y el Huaso a tomar a un pub. El primo de mi pololo cada cierto tiempo se levantaba a ofrecerles un trago a alguna chiquilla del local, pero todas lo rechazaban y volvía a nuestra mesa derrotado.
—¿Por qué no te rindes? —le pregunté, cuando volvió después de su enésimo intento.
—No entiendo, ¿Por qué me rechazan? —se preguntaba, ensimismado.
—Quizás no están interesadas —le dije—. Es difícil de creer, pero de repente es posible que haya gente que no se siente atraída por ti.
Se quedó analizando mi frase, sin percatarse del sarcasmo. El Huaso me miró con complicidad, riéndose por la falta de luces de su primo, quien se tomó varios tragos de mas para olvidar su fracaso amoroso.
Al volver a la casa, mis suegros ya estaban durmiendo, y con el Huaso tuvimos que ayudar al Kevin a llegar a la cama, ya que no podía sostenerse por cuenta propia. Apenas llegamos al marco de la puerta de la pieza del Huaso, él me hizo señas para que lo llevásemos a la mía. Lo hicimos, y apenas lo acostamos boca abajo en la cama, comenzó a roncar. El Huaso no se aguantó la alegría de ver que por fin teníamos algo de privacidad, y se acercó altiro a besarme, frente a su primo durmiendo.
Con el impulso de su acercamiento perdí un poco el equilibrio, pero él con su brazo fuerte me sostuvo. Me tomó de la mano y me llevó hasta su pieza, donde nos desvestimos rápidamente y dimos rienda suelta a nuestra pasión acumulada.
Se sentó en el borde de su cama, y me paré frente a él. Inmediatamente hizo lo que debía hacer y se metió mi pene en su boca. Me hizo un sexo oral que me hizo olvidar todos los malos ratos de los últimos días.
Me volteó y separó mis glúteos para poder llegar con su lengua hasta mi ano con menor dificultad. Su boca recorrió cada centímetro de mi zona posterior, lamiendo y mordiendo, hasta que creyó que estaba listo para recibirlo.
Me arrodillé frente a él y me metí su pene a la boca. Ya estaba completamente erecto y con mucho precum, el cual saboreé haciéndole sexo oral. Al rato me levanté y me senté en sus piernas, mirándolo a los ojos. Levanté la pelvis y esperé a que él acomodara su pene en mi ano, y cuando lo hizo, empecé a bajar lentamente, hasta donde mi flexibilidad me permitía.
Comencé a mover mi cadera, cabalgándolo con rapidez. El Huaso empezó a gemir, pero lo silencié con mis besos. Fue en ese momento cuando escuché algo que me detuvo el corazón.
—¿Pato? —dijo entre balbuceos el Kevin, que estaba mirando desde el marco de la puerta, apoyado en éste.
Me quedé congelado, sin saber que hacer, y el Huaso estaba en las mismas condiciones. Pasaron dos segundos, que parecieron horas, en los que el Kevin cerró lentamente los ojos y cayó de bruces al suelo.
Me levanté rápidamente, y con el Huaso nos pusimos el bóxer antes de acercarnos al Kevin. Efectivamente volvió a roncar, lo que nos dio un respiro de alivio. Despejamos la cama, y lo acostamos a un costado de la cama del Huaso. No despertó en ningún momento, por lo que había una posibilidad de que siguiera así hasta la mañana y pensara que todo era un sueño.
El Huaso estaba temblando, temiendo lo peor, y yo traté de tranquilizarlo dándole un abrazo fuerte (el cual dudo le haya dado mucha tranquilidad, ya que yo temblaba igual que el).
Dejé que mi pololo se acostara al lado de su primo y yo me fui a mi pieza con mi ropa en la mano.
Al día siguiente, me levante y ya estaban todos despiertos. El Huaso con el Kevin sentados en la mesa tomando desayuno hablando animadamente. El Primo al verme llegar me miró como con vergüenza, pero no me dijo nada, así que supuse que eran impresiones mías. Cuando el Kevin terminó de comer y salió a fumar, el Huaso aprovechó de decirme que en la tarde saldríamos para estar los dos juntitos.
—Para terminar lo que no pudimos terminar anoche —me dijo en voz baja.
—¿No te dijo nada el Kevin? —le pregunté.
—Nada por ahora. Yo cacho que ni se acuerda —se rió. Ya estaba mas relajado.
Después de almuerzo yo me fui a alistar para salir con mi pololo, cuando llegó la Mari de improviso. Mis suegros como siempre la recibieron con alegría y se quedó conversando con su ex familia política en el patio.
El Huaso salió al patio a pedirle las llaves de la camioneta a su papá, mientras yo los miraba desde la puerta.
—Papá, ¿me prestai la camioneta?
—¿Y pa que quiere la camioneta? —le preguntó mi suegro.
—Es que íbamos a salir con el Larry —comenzó a explicar mi pololo.
—¿Cómo se te ocurre salir con el Larry hoydia? —le dijo mirándome fugazmente, intentando controlar la ira en su voz—. ¡Van a parecer maricones dando vueltas por ahí!
—Pero… —intentó decir el Huaso, pero su voz empezó a temblar.
—Mejor invita a salir a la Mari, aprovechando que está acá —propuso su papá, con un gesto de orgullo por tenerla a ella como potencial nuera—. Así liman las asperezas del pasado.
No podía verle la cara a mi pololo, y en ningún momento se volteó a mirarme. Sí podía ver la cara de la Mari, que estaba de frente hacia mí. Tenía una sonrisa de satisfacción en su cara que se acentuó con las siguientes palabras del Huaso, al mismo tiempo que sentí que mi corazón se encogía.
—¿Querí salir a dar una vuelta? —le preguntó mi pololo a su ex, intentando ocultar el temblor en su voz.
Siguiente Capítulo: Rumor
Un rayo de esperanza
owari no seraph capitulo 38 paginas 1-10
Cúmplices de um Resgate (23/09/15) - Capítulo 38