Mentimos porque somos humanos.
Mentimos por miedo a perder a alguien,
a no ser aceptados,
a enfrentar consecuencias.
Mentimos por protección
para evitar dolor propio o ajeno,
aunque a veces solo lo postergamos.
Mentimos por deseo
de parecer más fuertes,
más seguros,
más completos de lo que nos sentimos.
Mentimos por costumbre
porque aprendimos
que decir la verdad no siempre fue seguro.
Mentimos por conflicto interno,
cuando ni siquiera nosotros tenemos claro
lo que sentimos o queremos.
Pero casi nunca mentimos porque seamos malos.
Mentimos porque la verdad exige valentía,
y no siempre estamos listos para sostenerla.
Paradojicamente
la mentira busca paz inmediata,
pero la verdad,
aunque incomode,
es la única que da calma duradera.
Y a veces, la mentira más profunda
no es la que le decimos a otros,
sino la que nos contamos para no cambiar.
JM Silva










