CHARLES BOYER: EL LATIN LOVER
OLIVIA DE HAVILLAND, BOYER Y PAULETTE GODDARD
Hay dos actividades que tienen una enorme representación en nuestro lenguaje cotidiano: los toros y el cine. El arte de Cuchares está permanentemente en nuestros diálogos y creo que todos en alguna ocasión hemos usado expresiones como: A mí no me torea nadie; Dar la alternativa; Asomarse al balcón; Cortarse la coleta; Echar un capote o Coger el toro por los cuernos.
Por su parte el cine, en España, también ha servido para crear un buen número de frases que se usan en el lenguaje cotidiano, bien directamente procedentes de títulos como Rebeca, Qué bello es vivir, Siempre nos quedará París o Asignatura pendiente o bien relacionada con algún actor como aquella de La cagaste Burt Lancaster.
En su discurso de ingreso en la Academia de la Lengua el director José Luís Borau hizo una reflexión sobre esta influencia: “Muchas de las cosas que hacemos o decimos tienen su origen en las películas de toda la vida. Las expresiones cinematográficas que forman parte de nuestro lenguaje habitual son muy numerosas, además de las obvias, como rebobinar o primer plano, están las que decimos como frases hechas, y las hay a centenares, más o menos graciosas, y como recién horneadas en Hollywood como: No te enrolles, Charles Boyer”.
Pues a este personaje, a Charles Boyer le vamos a dedicar nuestro capítulo de hoy. Charles Boyer fue el principal sujeto de una historia de amor como pocas se han dado en Hollywood.
Charles Boyer, Rosanno Brazi y Louis Jordan fueron, probablemente, los tres actores europeos a los que Hollywood adjudicó el rol de amantes latinos en un intento de recuperar, o cuando menos mantener, la llama y el gancho publicitario de un Rodolfo Valentino muerto prematuramente. La figura de Boyer hay que situarla, por tanto, en esa extraña fascinación de los norteamericanos por un concepto estereotipado del latín lover. Naturalmente, Charles Boyer nunca aceptó de buen gusto el encasillamiento y en una rueda de prensa dijo: “Nunca hice nada para merecer ese título”.
El actor nació en Figeac (Francia) en 1899 y murió en USA en 1978. Sus relaciones con el cine comenzaron en 1927, con la película El capitán Fracasse y La barcarola del amor.
Tras el éxito inicial fue llamado por los productores norteamericanos. Permaneció en Hollywood una corta temporada, regresando nuevamente a Francia tras un éxito discreto debido, esencialmente, a su poco dominio del inglés. De vuelta a Estados Unidos, triunfó definitivamente con la interpretación del filme Argelia. En 1942 se nacionalizó ciudadano de Estados Unidos.
Intervino en numerosas películas, destacando, entre otras, sus participaciones en Bing House (1930), Hantise (1944), La suerte de ser mujer (1955), Arco de Triunfo (1947) y Horizontes perdidos (1972). Charles Boyer consiguió hacerse un lugar en el cine americano como amante exótico y misterioso en películas como “Si no amaneciera” o la primera versión de “Tú y yo” que cimentaron su éxito. Otro de sus grandes éxitos fue Luz que agoniza en la que interpretaba a un marido manipulador que intentaba hacer creer a Ingrid Bergman que se estaba volviendo loca.
La figura de Boyer se convirtió en poco menos que indispensable cada vez que el filme previsto narraba aventuras galantes o escenarios suntuosos y caballerescos. Cada vez que Hedy Lamarr, Ingrid Bergman, Marlene Dietrich o Jean Harlow requerían los servicios cinematográficos de un caballero surgía la figura de Charles Boyer, impecablemente vestido y, generalmente, con una flor en la solapa.
Los últimos años de la vida del actor fueron de un relativo trabajo pues supo aceptar el desempeño de papeles menores -generalmente en las grandes producciones de Hollywood-, al no tener ya posibilidad alguna de interpretar papeles protagonistas.
Se había casado en 1934 con la actriz Pat Paterson cuando él todavía era un desconocido. Esta pareja fue uno de los casos más inauditos de la historia de Hollywood. Jamás se les conoció un escándalo, una infidelidad, una pelea, nada. Los Boyer se guardaron su amor para ellos mismos y pocas veces iban a las fiestas de la farándula.
Su matrimonio duró 44 años. 44 años de secreta y discreta vida familiar. Los reveses empezaron en 1965, cuando su hijo veinteañero Michael se suicidó tras un desengaño amoroso.
Charles Boyer tenía ya por entonces 66 años, pero hizo todo lo posible por sacar de la depresión y de la tristeza a su esposa. Pero desgraciadamente ella enfermó de cáncer y Charles Boyer pasó varios años cuidándola. Hasta que llegó lo inevitable.
Pat Patterson murió el 24 de agosto de 1978. Dos días más tarde Charles Boyer apareció muerto. Su suicidio fue sobrio: una dosis letal de barbitúricos (Seconal) y ninguna carta de despedida. El suyo no era un adiós sino la búsqueda definitiva de su amor.