Que sus padres le dejaran asistir a aquel viaje no había sido algo precisamente fácil, para ser franca, Ophelia estaba sorprendida que se le hubiera permitido ir tan lejos de casa, quizás lo más lejos que había ido alguna vez sin sus padres. La lista de reglas, sin embargo, fue extensa. No exponerse a mucho frío, visitar la enfermería como chequeo de forma seguida, evitar cualquier tipo de problema, evitar cualquier tipo de situación peligrosa. Eran parecidas a las reglas que le daban para asistir a Hogwarts, con más recordatorios considerando lo lejos que estaba de casa. Y aunque Ophelia era de obedecer dichas cosas, estando en lugar desconocido no podía evitar que sus ojos brillaran con curiosidad. No llevaban más de un rato en el sombrío castillo, cuando la joven Slytherin ya estaba recorriendo los helados pasillos.
Siendo primavera, tal vez no hacía frío en realidad, pero Ophelia siempre estaba helada, así que a pesar de traer un suéter y la bufanda con los colores de su casa enrollada alrededor de su cuello, no podía evitar dar unos cuantos tiritones que intentaba pasar desapercibidos. Y aunque todo era tan oscuro y, de cierta forma, muerto, la pelinegra miraba todo con una especie de fascinación. Fijó la mirada en uno de los cuadros colgados en las paredes, con una pequeña inscripción en noruego bajo éste. Entrecerró los ojos, como si eso fuera a ayudarla a leerlo.
--Me pregunto que dirá --susurró tan bajo, un pensamiento que escapó de sus labios sin que se diera cuenta, pensando que estaba sola así que en realidad no importaba.