Prisión
Entonces comprendí qué sin darme cuenta, le había causado uno de los mas grandes males de su vida, yo, que había prometido por mi vida que nunca le haría derramar una lagrima en mi nombre, el mismo que le juró por su palabra que no dejaría que nadie le volviera a lastimar. Le tenía ahí parada en frente viendo como lloraba con un irremediable desconsuelo, a la vez que sus delgadas piernas como lana temblaban al son de sus sollozos, abrázala imbécil, me digo. ¿Pero de que podría servir un abrazo del culpable de sus lamentos? Al final de que vale la palabra de un mal llamado escritor si no puede hacer ni siquiera valer esta, lo mas importante que tiene. Fui peor que una bestia, siempre promulgué mis ideales sobre el amor y me pasé el tiempo escribiendo sobre este, aparentando dar cátedra ejemplar pero la realidad es que jamas lo entendí una pizca, siempre que recuerdo ese episodio en conjunto se me aparecen imágenes inconexas y abstractas de mi infancia, de la plaza donde solía caminar por las tardes para apreciar el atardecer, de el manzanero cubierto de frutos donde iba a encaramarme para ver las estrellas, de la noche en que fumamos nuestro primer cigarrillo, y no dejo de preguntarme en que momento me convertí en este ser abyecto, carente de sensaciones y sin escrúpulo, me aborrezco una y mil veces ahora que ya nada puede hacerse, araño las paredes de esta prisión con la esperanza de encontrarte al otro lado, que es en lo que se ha convertido esta casa ahora que no estas. Quiero recordar tu sonrisa, pero tu cara de desvelo y vacío no me deja siquiera cerrar los ojos y aparece de vez en vez para recordarme que soy una mierda y lo sigo siendo. Las mismas voces que antes me dictaban poesía para ti, hoy me reclaman que pague mis pecados, sabes bien que no me gusta deberle a nadie.













