Christiane F.
Queríamos escribir sobre toxicomanías lo que nos llevó a encontrarnos con la película “Christiane F” del director Uli Edel (1981) una película que nos pareció difícil de ver y más difícil aún de pensar y escribir sobre ella. Basada en la vida de Christiane Vera quien relató su historia a los entrevistadores, Felscherinown Kai Hermann y Horst Hieck, que en aquel momento se encontraban cubriendo un juicio hacia un pederasta que pagaba con heroína a los menores de edad a cambio de abusarlos sexualmente. Lo que derivó en la edición y publicación del libro en 1978, que fue un best seller en su momento lo que llevó a su traducción en veinte idiomas.
La película relata la historia de Christiane una joven de 13/14 años que empieza adentrarse en el mundo adolescente, inaugura las salidas a clubs a escondidas, conoce a un chico, se enamora, se hace un tatuaje, lo que se podría pensar hasta ahí, como una salida exogámica del hogar propia del paso por la adolescencia. En estos avatares de la adolescencia el amor y el desamor se encuentra con el tóxico, la heroína. Nos parece sumamente significativo la primera vez que ella la consume, esa escena en la película parece marcar un antes y un después, como la irrupción de un real, y el director (a nuestro parecer) lo supo retratar muy bien. Si se presta atención a la musicalización de la película esto se hace escuchar. Christine era fanática de David Bowie, tenía una campera con su nombre, todos sus discos y en toda la primera parte del film suena su discografía y es luego del recital de su ídolo que ella aspira por primera vez. Decíamos al principio que nos resultó una película cruda y de a momentos difícil de mirar porque relata y muestra cómo la joven pasa de consumir a ser objeto de consumo.
Como dato de interés podemos mencionar la participación de David Bowie en el film, quien no solo fue la banda sonora de la película sino que también realizó un cameo, haciendo su propio show para una escena que mencionaremos después. Gracias a esto y a otras particularidades la película se convirtió en la más rentable de Alemania y hoy en día es considerada de culto.
En este punto nos detendremos a repasar qué entendemos por toxicomanías desde una mirada psicoanalítica, para ello tomaremos al autor Fabian Naparstek (2018) ya que nos parece oportuno la analogía que hace del tóxico con una muleta, muleta que en un principio aparece en un momento como una suplencia, para soportar algo del malestar/angustia, pero esto que viene a solucionarlo puede empezar a generarlo: “Hay un punto en todo toxicómano en que esa muleta que comandaba y servía para paliar el malestar se transforma en siniestra, ya que no la puede manejar y lo deja por fuera de la relación con el Otro (…) lo que en un principio era un bienestar y podían manejar, luego se transforma en insoportable e inmanejable a la vez. Es decir, que la muleta que respondía a los mandos de quien la lleva puesta empieza a caminar sola y lleva al sujeto a un infierno difícil de detener” (pp 25).
De lo que se trata en psicoanálisis, es de no dejar de lado al sujeto, y la relación que tiene con el tóxico y con el Otro.No dejar de lado implica preguntarse ¿Qué función cumple ese tóxico en ese sujeto? es la pregunta clave porque sino se podría caer en la estigmatización del sujeto “adicto” promoviendo así prácticas y discursos que no den lugar a la palabra del mismo. Se podría pensar que en Christiane la sustancia aparece como una manera de ser parte, de ser vista y escuchada. Así es como comienza a consumir, ve a su amado Detlev yéndose con otra chica.
En la joven protagonista podemos suponer, porque en realidad no lo sabemos, que no hubo Otro que aloje y allí apareció el tóxico, que da la posibilidad de romper el lazo con la realidad y a su vez con el Otro; nos detendremos más en su relación con Detlev. Cuando Christiane al comenzar a salir lo conoce y se enamora, pensamos que dicho enamoramiento se da de alguna manera casi identificatoria. Ya Freud en “Psicología de las masas” menciona a la identificación como la forma más temprana de investidura libidinal. Se hace el mismo tatuaje, sigue sus pasos a lo largo del film, Detlev parece que de alguna manera le muestra el camino de lo “prohibido” y a su vez su transgresión; al principio ella intenta que él deje de consumir, al no lograrlo y frente al desamor que esto implica ella se une a él en su consumo. A pesar de que sobraron las advertencias Christiane comienza a consumir, David Bowie deja de sonar. Los sonidos que se escuchan a partir de ahí en la película son el ruido de trenes, vómitos, gritos, gemidos, peleas.
En un momento, tienen una pelea debido a que Christiane en su desesperación masturba a un hombre en la calle para conseguir heroína, lo que dio pie a que él le diga que algún día dejaran esa sustancia que interfiere en su relación. La escena siguiente Christiane se desmaya en el baño, hace visible el consumo frente a su madre, quien interviene para lograr la “desintoxicación” y también lo llama a Detlev para que juntos quiten la sustancia de sus cuerpos; las escenas siguientes transmiten las consecuencias, temblores, fiebre, vómitos, calambres.
Pero si bien pagaron el costo para tener el cuerpo “limpio” esto no implicó una renuncia a la sustancia, ya que luego ambos vuelven a consumir y no es hasta que Christiane se enfrenta nuevamente con la desilusión amorosa y posterior sobredosis que se produce un corte, tanto con la sustancia como con Detlev, lo que permite a la protagonista pasar a otra cosa.













