El héroe del río (1928)
Nos encontramos hoy ante una de las mejores comedias de Buster Keaton, y quiero creer que de su época también. Conserva la dulzura, la gracia, la ternura y lo innovador de su filmografía, contándonos una historia sencilla pero cautivadora.
Los gags, como no puede ser de otra forma tratándose de Buster Keaton, son ingeniosos, sorprendentes y sobre todo hilarantes. En mi caso particular, nadie me ha hecho reír tanto (y hablo de carcajadas), como Buster Keaton.
Es impresionante la cantidad de escenas emblemáticas que posee este film, como la escena donde Willie Canfield (Buster Keaton) se prueba sombreros y le colocan uno idéntico al mítico sombrero que Keaton utilizaba en sus cortometrajes (el sombrero más chato que verás alguna vez), por lo que vemos una reacción muy graciosa de parte suya; una de mis escenas favoritas.
Otra escena que quedó marcada en la cultura popular, siendo referenciada incontables veces, es aquella en donde a Keaton se le cae una pared encima, y tiene tanta suerte que esta no logra aplastarlo.
Y es que toda la secuencia del huracán, la cuál ocurre en los últimos veinte minutos de la película, es impresionante. El viento cobra protagonismo para abrir paso a gags increíbles que no solo te hacen reír a carcajadas, si no también te dejan boquiabierto por las hazañas que realiza Keaton. El entorno completo se desploma y vuela en pedazos alrededor de un Keaton confundido, como siempre sucede debido a la inocencia de sus personajes.
No nombraré todas las escenas que me encantaron de la película porque son prácticamente todas, pero si rescatar la secuencia en donde tanto Keaton como su padre, Bill Canfield (Ernest Torrence), se buscan mutuamente. Es encantador como construyen el ambiente para el momento en que se nos es presentado el personaje de Keaton, Willie; porque generan una duda de como es, a la vez que nos reímos por adelantado ya que sabemos que probablemente no sea como Bill sueña o imagina. Es decir, aunque no vemos a Willie hasta unos momentos después, sabemos que al tratarse de Keaton, no será alto y fuerte como dice su padre.
Cuando finalmente William aparece, lo hace de una forma irónica que además nos muestra la inocencia de este, ya que se baja del lado equivocado del tren. La «pilcha» que trae el personaje termina con nuestra duda haciéndonos reír al mismo tiempo. Nos morimos de ganas de que lo encuentre Bill, y cuando lo hace y no lo identifica es aún más gracioso. Y es que la broma de que la manera de ser de Willie, que se ve claramente reflejada en su vestimenta, no es «común» o «varonil» continúa durante gran parte del film y es muy gracioso.
Esta secuencia es una de mis preferidas de la película sencillamente porque es una de las que más me hacen reír, y a pesar que, como dije anteriormente la secuencia del huracán se roba el film por completo, ésta es tan simpática y construye tan bien su humor que es muy disfrutable y perdurable en la memoria.
Quiero mencionar también otra excelente escena (les dije que no acaban) la cual se da cuando Willie va a «rescatar» a su padre en la comisaria. La manera en que Willie se la rebusca para hacerle entender a Bill que tiene que aceptar el pan es muy divertido, sobre todo cuando empieza a cantar y a hacer señales con sus manos disimuladamente. Lo mejor es que, cuando Bill entiende y acepta el pan, Willie para disimular se hace el ofendido y comienza a decir que su padre nunca creyó él que pudiera hornear pan (lo cuál siempre me hace reír mucho y me da ternura al mismo tiempo), rematando con el descubrimiento de su pequeña trampa. Esta es otra de las escenas que demuestran lo gracioso e hilarante que es el filme, construyendo perfectamente su humor, utilizando la gran dinámica que tienen ambos personajes.
Esto último se sostiene no solo por lo bien pensados que están ambos personajes, si no también por sus actores. Ernest Torrence hace un excelentísimo trabajo como actor de reparto, complementándose muy bien con Keaton y logrando que nos creamos su personaje, inclusive que le tengamos cariño. A su vez, su personaje también nos logra sacar varias risas por la gran química que tiene con Keaton.
Keaton, por su parte, logra que su personaje sea dulce y cautivador, logrando que lo adoremos y que deseemos que pueda concretar su amor con Kitty (Marion Byron) a pesar de que se vea prohibido por sus padres. Como en todas sus películas, sus personajes parecieran amar, y mucho. A su vez, verlo querer ser aceptado por su padre es muy tierno. Keaton logra hechizar con su interpretación y aquella icónica «cara de piedra» suya. Como ya se ha dicho, «él no puede reír, pero hace que otros rugan».
Para no extenderme más concluyo, como mencioné al principio, que ésta es una de las mejores películas de Buster Keaton. Es muy dinámica y entretenida, teniendo secuencias muy divertidas que se enlazan unas con otras, provocando que no te aburras en ningún momento. Se nota que en esta película hubo muchísimo control creativo de Keaton, siendo un sin fin de ideas cómicas muy bien ejecutadas; ideas que incluso parecerían en papel imposibles de filmar, pero que son llevadas a cabo con resultados aún más impresionantes. Es una película que siempre, en algún momento, me urgen las ganas de volver a verla, y no pierde su encanto ni su fantasía al hacerlo.











