¿Yo soy lo que soy debido a mi? O ¿soy lo que soy debido al otro?
Sin el otro, no existiría el yo. Sin mi, no existiría el otro. El hombre, es un ser totalmente dependiente. Dependiente de diversas cosas. Para las personas que se consideran totalmente racionales, pensantes, equilibradas, son dependientes y esclavas de su propia mente. Para las personas que se nos considera pasionales, somos esclavos de nuestros instintos, de nuestros sentimientos o afecciones.
Por eso tampoco es raro observar como nos volvemos dependientes de otros seres. Como llegado a cierto punto en nuestra vida, le damos la capacidad de hacernos feliz a otra persona, cuando dejamos de querer ser un yo, para pasar a ser un nosotros. Cuando nos arriesgamos a querer tanto, o a entregarnos a ese sentimiento de compartir con cualquier otro ser que nos pueda llegar a tocar en la vida.
Cuando nos volvemos esclavos de los sentimientos de otras personas. Dejamos todo por poder ver triunfar a otro y ese triunfo se transforma en nuestra propia felicidad, que a la vez se convierte en nuestro triunfo propio.
Dicen que entregarte a otra persona te hace perder la libertad, que “dependencia” y “libertad” no pueden ir en el mismo renglón. Pero, y ¿si solamente somos libres de verdad cuando nos entregamos? Porque estamos ejerciendo el verdado oficio de elegir sin que nadie nos imponga lo que debemos hacer al entregarnos a otra persona.
Por eso volvimos nuevamente al punto inicial, ¿existen un “yo” sin un “otro”? No, no lo existe. Como tampoco existe libertad sin dependencia.
Lo que nos hace humanos, nos hace dependientes y lo que nos hace dependientes, nos hace libres.
“Que tus raíces me están haciendo muy fuerte”