Es increíble sentir cómo todo en tu vida se marca de a poco. Abrir los ojos y de golpe estar en un túnel que te marca sólo una luz al final.
Hay dos etapas en la vida que vivímos (si no más) bien diferenciadas y que nos marcan para siempre. Y de pronto ver cómo todo se pasó volando, cómo cuando abríamos los ojos y pensábamos “hoy voy a jugar a los soldaditos” o “le voy a decir a mamá que quiero vainillas para la leche”, y ahora nos dormimos pensando que quizás no llegamos a fin de mes. Que un mal paso puede arruinarte toda la vida, el pensar “mañana tengo que ir a trabajar para poder comer”.
La vida es muy finita, y corta. Si, demasiado corta. Todo se pasa como si no te dieras cuenta de que sucedió. En un segundo, estamos disfrutando de una reunión con los chicos del secundario, discutiendo si hicimos la tarea de matemáticas, y al otro pensamos en ser padres, en mantener una casa, una vida sin depender de otra persona.
Parece ser ayer que me levantaba a leer esos libritos infantiles que tanto me gustaban, parece ayer que abrías los ojos y tenías que ponerte el guardapolvo para ir al colegio, que nos peleábamos con nuestros papás porque no queríamos ir. Disfrutar de una buena chocolatada mirando los dibujitos, reirte, llorar, saltar, gritar, todo sin saber lo que estábamos haciendo, sin sentir el peso de una responsabilidad sobre la espalda.
Cada etapa en la vida, cada momento, es fugaz. Por eso tenemos que disfrutar de cada uno de los pequeños detalles, y aprovecharlos. No trato darles una lección de cómo vivir su vida, todo lo contrario, pienso contarles mis formas de vivir la mía.
Hoy abro mis ojos día a día, en una casa en la que vivo sólo, pienso en el trabajo, pienso en la carrera, pienso en el dinero. Pero, ¿Algunas de esas cosas me llenan? Ninguna. Lo que me llena son las cosas que no se pueden tocar. Sonaré muy romántico, cursi, como ustedes quieran llamarlo. Pero necesitamos amar. Si no saben lo que es el amor, no saben lo que es vivir. Amarse a uno mismo, para luego poder enamorarse de otra persona. Cuando llega ese momento es el momento en donde nos damos cuenta de que dejamos de ser uno niños y nos convertimos en adultos. Cuando empezamos a pensar las cosas de a dos. Cuando la/o mirás y ves que te da muchísima felicidad verla/o feliz, cuando en unos ojos ves un infinito, cuando en una sonrisa te perdés.
Dejé de ser un niño, cuando vi en otra persona todo lo que quería en mi vida. Cuando tratas de cuidarla (cuidarlo si sos mujer) incluso más que a vos mismo. Cuando sentís que estar con esa persona es incluso más enorme e inmensa que ese cuerpo que la contiene. Cuando la mirás y ves que un par de alas le sobresalen.
Mirarla y admirarla, creer que con esa personas podrías formar lo que de verdad importa en ésta vida. La familia, el amor más puro que uno pueda tener.
Muchas veces las dudas me matan, que si hago bien, que si no me estaré equivocando, que si no hago lo que esperan que yo haga.
Les voy a decir la verdad, la vida, sólo se vive una vez. Hay que aprovecharla, y si amás, decilo, si extrañás, buscá. No dejés pasar el tiempo ni un segundo más para empezar a vivir.
No hay carga peor en la vida que mirar para atrás y darte cuenta que no viviste nada.
Perdonen, pero voy a brindar, voy a brindar por el amor, por las responsabilidades, por los abrazos, los besos, las idas y las vueltas. Hoy brindo por la vida!