"El día que las mujeres desaparecieron"
Tenía que despertarme temprano, pero se me hizo tarde, mamá siempre viene a levantarme y hoy no lo hizo. Salí de mi habitación, fuí a su cuarto y la cama estaba hecha, tal vez está en la cocina preparando el desayuno, así que bajé y fuí a la cocina, pero no había nadie. ¿Dónde estará mamá? me pregunté. Fuí al patio, pero tampoco estaba ahí. La busqué en cada lugar de la casa pero no estaba. Había un silencio que me causaba escalofríos. ¿Dónde está mamá?
Comenzaba a sentir angustia. Mamá había desaparecido. La llamé a su celular pero ni siquiera entraba la llamada. ¡maldición! ¿dónde está?, esta angustia cada vez se hacía tan grande que no podía respirar bien. Siento una sensación en el pecho, como si algo malo estuviera pasando.
Subí rápido a mi habitación, me cambié, me puse mis tenis, bajé, tomé las llaves y salí de la casa. Lo que sucedió después fue aún más aterrador.
Niños, esposos, vecinos, hombres, todos en la calles corriendo y gritando desesperadamente el nombre de sus esposas, hijas, hermanas, sobrinas, primas, tías, madres, amigas, compañeras de trabajo, en fin, gritando y preguntándose ¿dónde están?
La ciudad era un caos total. Tiendas, centros comerciales, escuelas, oficinas, gimnasios, estéticas, iglesias, hospitales, empresas, en ningún lugar, en ningún rincón de la ciudad se veía una mujer, ¿dónde están?, ¿qué rayos está pasando?
En los canales de televisión solo había hombres dando noticias, ni siquiera la mujer que anuncia el clima dió la información del día. Los hombres del noticiero consternados al igual que todos los demás se preguntaban dónde estaban las mujeres, reporteros en algunos puntos céntricos de la ciudad confirmaban la ausencia total de todas las mujeres, no solo en mi ciudad, esto ya era a nivel nacional. ¡Oh Dios! ¿qué está ocurriendo?, ¿es esto una broma?
Nadie puede con esta angustia, todos los hombres están realmente afectados, intentan comunicarse con ellas pero no hay respuesta, el teléfono no da línea, están incomunicados.
Pasan los minutos, las horas, cada segundo es una agonía, ¿dónde está mamá?, ¿dónde están todas las mujeres? Los niños lloraban, los padres no sabían que decirle a sus hijos. Mi padre no sabía que hacer, había perdido a su esposa, y yo a mi madre. Todos habíamos perdido a cada mujer de la familia, nos despedimos la noche anterior sin saber que esto ocurriría.
Las empresas pararon. Las escuelas tuvieron que suspender clases pues no había suficientes profesores para cubrir todos los grupos. Los bancos dejaron de laborar, al igual que todas las oficinas, no había suficiente personal para cubrir cada labor y actividad. En los hospitales era aún peor, sin enfermeras, los médicos se estaban volviendo locos, todos corrían y trataban de sacar adelante cada situación, cada emergencia. Ninguna mujer comprando, ni en algún restaurante, ni en la iglesia, ni corriendo por los parques. Todo se tuvo que paralizar.
Comenzó la búsqueda masiva. Hombres que llevaban de la mano a sus hijos en busca de sus madres, hijas, en busca de todas ellas. Vociferando, pidiendo que por favor regresarán, pero nada. Ninguna mujer respondía al llamado, no se hacían presentes.
Por un alta voz se escuchaba: mujeres ¿dónde están?, por favor, regresen. Las necesitamos. Respondan por favor. En verdad las necesitamos.
Todos comenzaron a preguntarse ¿qué haremos?, ¿cómo vamos a sobrellevar esto?, ¿qué explicación le daremos a nuestros hijos?, ¿por qué no hay ninguna mujer en ningún sitio?, ¿cómo vamos a realizar todas esas actividades que ellas, con tanta dedicación, amor y esfuerzo hacen por nosotros? Solo somos hombres, y malamente nos hemos acostumbrado a sus cuidados, a su forma de atendernos, a que nos tienen listo todo lo que la mayoría de nosotros no realizamos o no estamos acostumbrados a hacer.
Somos tontos por minimizar ese esfuerzo, y ahora que han desaparecido, podemos admitir y valorar. Regresen. Sin ustedes no hay movimiento. Todo es caos. Las necesitamos, los niños las necesitan, la ciudad y el país las necesita. Sí, lo sabemos, fuimos nosotros los que las orillamos a esto, fuimos nosotros, que con nuestros abusos, nuestro machismo, y nuestras agresiones hicimos que desaparecieran. Regresen por favor, sus hijos, sus esposos, sus padres, sus amigos y compañeros de trabajo lloran porque no están. Por favor, den una señal de que están bien, esta angustia nos consume por dentro.
Mujeres, nosotros no somos sus enemigos, y aunque haya hombres que las dañen, manipulen, maltraten, violen y maten, no todos somos un mal para ustedes. Son valiosas, y lamentamos que tengan que vivir eso día con día. Nos duelen. Un día es suficiente para darnos cuenta que todo se paraliza si ustedes no están.
Eran las 7 am, alguien me despertaba, era mamá. Lloré al verla, al ver qué me sonreía y acariciaba mi mejilla. Todo había sido un sueño, una pesadilla que se sintió tan real.
Escrito realizado mediante la idealización de lo que muchas mujeres quisiéramos ver en los hombres: un poco de empatía.