Temo que el cuento termine y me deje afuera del jardín anhelado
por demasiado grande no pasaré la puerta
por demasiado chica no alcanzaré la llave
me quedaré llorando un mar, hasta dormirme
y soñar un jardín
de corazones rojos tendidos en el pasto.
Yo merendé la locura y la hice tiempo
y vi entonces cómo todo me hablaba
me llamaba la vida del otro lado para escribir poemas
pero se me olvidaban las palabras.
Entonces canté; inventé; comí, bebí
todo lo que me era ofrecido
hice una reina tan pequeña que cabía en la palma de mi mano
y la puse a vivir; y ella, roja, mataba
roja también moría, sin saber.
Cuando vuelva dirán que me he dormido
que no he sido más que una niña inofensiva
que, sumergidos en el té, los años y los minutos son iguales
pero yo sé
yo vi
todo lo que caía conmigo
las orejas peludas, los frascos, los secretos
las sonrisas gatunas, las cartas, la hojarasca
siempre en puntas de pie, todo bailó una historia
guardada en el bolsillo de mi delantal.
Se las mostraré, cuando vuelva;
pero querrán despertarme, y entonces, verán sólo
una bolita de vidrio.