«La historia de la filosofía es, en gran medida, la de un cierto choque de temperamentos humanos. Ya que este tratamiento puede parecer indigno a algunos de mis colegas, tendré que tomar cuenta de tal choque y explicar gran parte de las divergencias a causa de él. Sea cual sea el temperamento de un filósofo profesional, cuando éste filosofa trata de ocultar que tal temperamento existe. El temperamento es una razón que convencionalmente no se reconoce; así, argüirá con firmeza razones únicamente impersonales de las que saca sus conclusiones. Sin embargo, su temperamento le proporciona en realidad una parcialidad que es más acusada que cualquiera de las premisas más estrictamente objetivas que él exponga. Es el temperamento quien, de un modo u otro, le sopesa la evidencia, propugnando una visión del mundo más sentimental o más fría, del mismo modo que tal hecho o tal principio habrían de hacerlo. Él confía en su temperamento. Deseando un universo que le convenga, creerá en cualquier representación del universo que de verdad lo haga. Siente que los hombres de temperamento opuesto al suyo no tienen la clave del carácter del universo y en su corazón los considera incompetentes y "fuera de línea" en el quehacer filosófico, incluso si le superan, y con mucho, en habilidad dialéctica.»
F. M. Conford: «La filosofía no escrita», en La filosofía no escrita y otros ensayos. Editorial Ariel, pág. 76. Barcelona, 1974.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1










