II. HISTORIA
Los mitos y leyendas sobre vampiros, hombres lobo y otros seres sobrenaturales han existido por siglos. Nadie pudo demostrar su existencia, hasta que la verdad salió a la luz de la manera más trágica, revelando que esos seres no eran criaturas mágicas, sino el resultado de una enfermedad. La infección Tenebrae siempre había estado presente en la humanidad como un parásito latente que solo despertaba en condiciones específicas. Su descubrimiento en el siglo XXI marcó un antes y un después en la historia del mundo.
Todo comenzó con un brote en un hospital clandestino, cuando los primeros casos documentados de mutación captaron la atención de los gobiernos y corporaciones privadas. O.N.Y.X., una empresa de seguridad, fue la primera en reaccionar y la que se impuso sobre las demás. Rápidamente, la infección dejó de ser un secreto y el mundo entró en una era de caos. Algunos abrazaron la mutación, otros intentaron erradicarla, pero el mercado fue quien tomó el control.
La sociedad no colapsó, se transformó. La economía definió el destino de los infectados: los ricos accedieron a Nyx Pharmaceuticals, una compañía farmacéutica, filial de O.N.Y.X., que desarrolló un suero capaz de ralentizar la infección y mantenerlos humanos. Solo los privilegiados podían pagar el tratamiento. Mientras tanto, en el Veiled Market, versiones baratas del suero circulaban con efectos secundarios impredecibles.
La humanidad dejó de dividirse por razas y se fragmentó entre amos y mercancía. Los Crowned se alzaron como la élite, y los Shadowed fueron vendidos al mejor postor. Los gobiernos, impotentes, regularon la esclavitud para evitar un desastre mayor, permitiendo la creación del Tenebria Emporium como la única entidad autorizada para comerciar con infectados. Pero en las sombras, el mercado negro prosperó.
El mundo pertenece a quienes pueden pagarlo. Para los demás, solo hay servidumbre o rebelión. Actualidad.
Londres sigue latiendo. La niebla cubre las orillas del Támesis, pero ya no es solo humedad lo que flota en el ambiente, es el miedo. La desconfianza en el sistema y en el prójimo. En las alturas, los rascacielos brillan y los drones patrullan el cielo como aves de rapiña. Abajo, en los túneles del metro y callejones olvidados, los rumores sobre nuevos brotes cobran más fuerza.
Dicen que todo está bajo control. Que el Suero funciona. Que O.N.Y.X. protege y el Tenebria Emporium mantiene el orden. Mientras, en los suburbios del East End, donde las cámaras no llegan y los barrios llevan semanas sin energía estable, las reglas son otras. Allí, si escuchas un gruñido entre los muros o una sombra arrastrarse por la alcantarilla, sabes que es mejor no mirar atrás.
Los Crowned, encerrados en sus torres inteligentes, celebran el lujo con fiestas privadas. Cada uno con su Shadowed de compañía: bellos, obedientes, letales. Más allá de las luces, la ciudad se arrastra. La clase trabajadora intercambia horas por tratamientos caducos, los infectados legales cumplen funciones que rozan la esclavitud y los que no tienen dueño rezan por no ser detectados.
El monstruo no es la infección. Es el sistema que la alimenta.












