- Pedí tres deseos antes de soplar las velitas.
- Quiero poder volar, viajar en cohete, y salir volando en un corazón.
Creo que esos tres deseos ya dependen de ella, mamma mía. En comparación, cuando me pidió que su torta de cumpleaños sea un gatito rosa, estábamos en mi terreno. Un desafío a mi alcance. Así que con cierto pánico escénico y bastante curiosidad, me até el delantal y como le gusta decir a ella: ¡manos a la obra!
Empecé a fantasear con esta torta con meses de antelación. Al igual que el año pasado, cuando hice la torta monito, me basé para el bizcochuelo en una receta conocida y confiable, de ésas que uno sabe que no le van a fallar, así podía dedicarme a lo importante a la hora de improvisar. Usé mi archiadorado budín de yogur y frambuesas con algunos cambios que luego les explico, y duplicando la cantidad para llenar un buen molde de torta. Quedó esponjoso, perfumado, seguimos adelante!
El relleno y cubierta son de una simpleza absoluta, tampoco me desvelaron ni los desvelará a ustedes, tranquilos. Combina increíble con el bizcochuelo: es una crema de yogur, chocolate blanco y más frambuesas. Como para aprovechar y experimentar un poco, usé un yogur de coco vegano y descubrí que sale... un espectáculo.
No les voy a mentir, dibujar la cara de gatito me estresó más que todo el resto del emprendimiento cumpleañero. Sudé, protesté, me mordí el labio, me escondí un rato en la cama bajo una montaña de frazadas y volví al ruedo con un poco más de equilibrio mental. Salió. Fiuf.
El cumple estuvo hermoso, la torta la hizo sonreír a pleno cachete con hoyuelos y después comimos como locos. ¿Importa algo más?
No hace falta que hagan todo junto, o que le den forma de gatito, ni que hagan el dibujo... pero prueben estos sabores y texturas juntos, que los van a hacer maullar.
La receta, haciendo click aquí.
FOTOS: Cecilia González, un aplauso por favor.










