(...) Son carne las canteras, las lajas obsidiana, es mármol y alabastro la aguja del crestón, y son gigantes bloques de tersa porcelana los riscos de la sierra que descuajó el turbión. La tarde va cayendo, y aún llueve. Ya reclina el sol en la montaña su coruscante sien; con ópalos y perlas esmalta la colina, irisa los picachos con ópalos también.
A través de la lluvia | Manuel José Othón















