Death King - Leszek Woźniak
seen from Finland

seen from Finland
seen from United States
seen from Uruguay

seen from Türkiye

seen from Türkiye
seen from Vietnam
seen from France

seen from Poland
seen from United States
seen from China
seen from United States
seen from United States

seen from Finland
seen from United States
seen from United States
seen from Netherlands
seen from China
seen from United Kingdom
seen from China
Death King - Leszek Woźniak
Death King - Leszek Woźniak
El dolor es constante, como una alarma que no puede apagarse. A fuerza de hábito nubla los sentidos, te vuelve incapaz de prestar atención a algo que no sea su propia existencia. El dolor se vuelve lo único que conoces, tu método de expresión, tu comodidad y tu lugar seguro. Te sientes cómodo en el dolor, consigues paz en la melancolía. Finalmente eres libre. Encadenándote eres libre.
Pero algo debo admitir: vivir sintiendo dolor no me hace tener el poder para decidir quién más sufre.
💀💀💀
Illustration by Ken Kelly
En el polígono de tiro
Recuerdo la vez que le pedí a papá que me enseñara a disparar.
Yo tenía aún puesto el uniforme de la secundaria. Él nos llevó al polígono de tiro. La idea tenía meses rondando en mi cabeza, pero hacía muy poco que me había decidido a comunicársela en voz alta. No esperaba que él accediera, pero lo hizo; era uno de esos momentos de padre e hijo que siempre quise tener con él, y que siempre deseé que sucedieran.
Papá era policía. Era normal para él tener un arma consigo. Yo siempre la veía, pero era rara la ocasión en la que de verdad la veía. Usualmente siempre estaba metida en su funda. Pero de ese día, si puedo rescatar un recuerdo, es el de él explicándome todas las medidas de seguridad; cómo debía sostener el arma y por qué; cómo podía asegurar mi propia protección en todo momento. Para él, eso solo era un ejercicio más. Años y años de práctica junto a su propia forma de ser lo habían convertido en un maestro tenaz - mi padre no tenía expresión alguna al explicarme todo eso.
No puedo recordar su cara. Es solo un borrón tapado por el sol inclemente del mediodía.
Lo que sí recuerdo claramente es que, luego de explicarme todo, me ofreció el arma. Me dijo que disparara, pues, ya que a eso habíamos ido. Tuve el arma en mis manos y quise hacerlo. Total, por eso se lo había pedido. Tenía toda la voluntad de hacerlo, podía sentir mis emociones creciendo en mi interior. Una extraña sensación de zozobra se adueñó de mi estómago, mientras el sudor corría por mi cara y me hacía sentir mareado. Febril. Deseoso de terminar ya aquello de una vez por todas. Y así, apunté a donde él me estaba señalando. Las manos me temblaban. Era un niño apenas. Pero quería hacerlo. Moría por hacerlo.
Pero no pude. No lo hice. Bajé el arma y se la devolví sin decir una sola palabra, mirándolo. Mi papá me devolvió la mirada con una expresión que jamás pude descifrar: una mezcla extraña de lástima con ternura.
Él sostuvo el arma en la mano unos 5 o 6 segundos. Luego se movió con una soltura y una rapidez que yo jamás le había visto, y disparó al blanco que me había dado. El sonido me dejó sordo y la impresión del hecho me dejó grabada como una huella imborrable la diferencia que siempre existió entre mi papá y yo.
Él era todo lo que yo hubiera querido ser, y también todo lo que yo odiaba de mí mismo.