🫠💌
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🫠💌
"A woman is like an angel in our life. Without them, everything's cold and hard and empty." — ✨♥️
"Perhaps this person carries within them an angel—one sent to you for some higher purpose; to teach you an important lesson or to keep you safe..." — ✨💫
The most beautiful love isn't the one that changes who you are—it's the one that helps you find your way back to yourself.
A love that feels like healing. A love that feels like peace. A love that holds every broken piece with patience until it becomes whole again.
May we all be loved in ways that feel like home. 🤍
the older i get, the more i realize intimacy has very little to do with grand gestures.
it’s being understood without having to explain yourself.
it’s feeling safe enough to be vulnerable.
it’s laughing at the same joke for the hundredth time and still finding it funny.
it’s the comfort of knowing someone sees every version of you and chooses to stay.
the glow comes from finding a connection that feels like home, friendship, and love all at once.
never underestimate the power of feeling appreciated.
sometimes it’s not grand gestures or life-changing moments that stay with us.
sometimes it’s a simple “i’m proud of you.” a genuine “thank you.” a reminder that your presence matters.
the right people make you feel seen, valued, and loved without making you question where you stand.
the glow comes from being around people who recognize your worth and aren’t afraid to say it.
If you are lucky enough to find your kind of weirdo, never let them go ❤️
Lo mas cercano a tocar el cielo.
Hay noches que empiezan simples y terminan convirtiéndose en algo que una parte de ti ya nunca puede soltar. Creo que eso fue lo que nos pasó. Íbamos con la idea de escaparnos un rato, de descansar, de pasar tiempo juntas, a solas como casi nunca podemos… pero en algún momento todo cambió de forma y se volvió mucho más grande que una simple cita.
Todavía puedo recordar la sensación de esa noche como si siguiera ahí. El vino sobre la mesa, la música sonando mientras cantábamos y bailábamos sin importar si lo hacíamos bien o no, las risas que salen cuando ya estás lo suficientemente ebria para dejar de pensar y simplemente existir. Había algo tan ligero y tan bonito en nosotras en ese momento. Algo que se sentía libre.
Y luego estaba la vista.
Ese piso 22 lleno de luces abajo de nosotras, la ciudad extendiéndose como si fuera interminable, tan viva y tan lejana al mismo tiempo. Me acuerdo perfecto de cómo me sentía mirándolo todo contigo: como si por unas horas el mundo hubiera decidido dejarnos en pausa. Después apareció la luna, enorme, dorada, de ese color entre amarillo y naranja que parece irreal. Fue imposible no salir a verla. Era demasiado bonita para ignorarla.
Pero honestamente, después de unos segundos dejé de mirar la luna.
Te miré a ti.
La luz tocándote la piel, tu sonrisa, la forma en la que te acercabas a mí sin siquiera darte cuenta. Y entonces pasó algo que no sé explicar del todo. Como si toda la energía de la noche se hubiera concentrado en ese instante exacto. Te paraste frente a mí y te rodeé con mis brazos, jalándote suavemente de la cintura. En cuanto nuestros cuerpos se encontraron, sentí un calor recorriéndome completa. No era solo deseo. Era algo más profundo, más eléctrico, más emocional. Como si mi cuerpo reconociera el tuyo incluso antes de tocarlo.
Cuando empezamos a besarnos, todo alrededor desapareció. Ya no escuchaba la ciudad, ni pensaba en nada más. Solo existía la sensación de tenerte así de cerca, de sentir cómo me respondías, cómo tus manos me buscaban igual que las mías te buscaban a ti. Había una intensidad tan natural entre nosotras que daba miedo y paz al mismo tiempo. De esas conexiones que no se sienten actuadas ni forzadas, simplemente suceden.
Entramos de nuevo al departamento casi sin poder separarnos. Riéndonos, tropezando, dejándonos llevar por esa desesperación bonita de querer sentir más. La música seguía sonando de fondo y de alguna forma eso hacía que todo pareciera todavía más irreal, como una escena que solo existe en las películas o en los recuerdos que después cuentas con el corazón acelerado.
Y entonces llegó esa parte donde ya no sabes exactamente qué fue primero y qué vino después. Solo sabes cómo se sintió. Tus besos sobre mi piel, la forma en la que me mirabas, cómo cada caricia parecía decirme algo sin necesidad de palabras. Nunca había sentido una mezcla tan intensa entre ternura y deseo. Era dulce y salvaje al mismo tiempo. Delicado, pero imposible de detener.
Lo más fuerte fue darme cuenta de que no se trataba únicamente del cuerpo. Claro que había pasión, muchísima, y una química que me hacía sentir completamente encendida… pero debajo de todo eso había algo mucho más íntimo. Algo emocional. Algo que me hacía sentir profundamente conectada contigo. Como si en medio de toda esa intensidad también existiera una calma extraña, una sensación de hogar.
Hubo momentos en los que solo podía mirarte y pensar en lo absurda que era la suerte de coincidir contigo en esta vida. Porque no era solo lo que estaba pasando, sino cómo me hacías sentir mientras pasaba. Deseada. Segura. Vulnerable. Viva.
Y cuando todo terminó y nos quedamos ahí, abrazadas, tratando de recuperar el aire entre risas nerviosas y ojos brillosos, entendí por qué terminamos llorando. No era tristeza. Era simplemente demasiado amor, demasiada conexión, demasiada belleza contenida en una sola noche.
Hay personas que llegan a tu vida y hacen ruido. Y hay otras que llegan y te transforman de maneras silenciosas, profundas, imposibles de explicar por completo.
Esa noche contigo fue exactamente eso.
No solo un recuerdo bonito.
Fue una de esas pocas veces en las que el mundo, el cuerpo y el alma parecen estar completamente sincronizados.
-Púrpura 💜