Las letras son dibujos de lo que piensas y no puedes decir.

seen from United States
seen from Ukraine
seen from United States
seen from Türkiye
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from China
seen from China
seen from Germany

seen from Netherlands

seen from Switzerland
seen from China
seen from India
seen from France

seen from Malaysia
seen from Greece
seen from China

seen from Malaysia
Las letras son dibujos de lo que piensas y no puedes decir.
Hay historia detrás de esto...
No una coma ni los dos puntos, ni siquiera un punto y coma. fuiste y serás un punto que continúa con un párrafo que se alarga por una vida llena de puntos suspensivos.
En mis épocas de infancia, a los niños sí nos gustaba asustarnos. Ver películas de terror, leer libros de fantasmas. Escuchar a los abuelos contando sus historias de brujas y de muertos. Oír la radio con especiales de terror... No sé qué salió mal, ¿por qué a los niños de hoy ya no?
Tiempo de lluvia
El sonido suena. Ni sordo ni constante, es un ruido que resuena. Es la lluvia en las calles. La que llama a la ventana y la que salta en los tejados.
Finas gotas de agua que danzan en los charcos.
Y hay truenos, y hay rayos; iluminando la mañana y quebrando por la mitad un cielo intacto.
Humedad y frío, todo mojado. Acompañado y acompasado por el ruido del agua que va chapoteando. Golpecitos en la ventana, en la puerta, en el carro; golpecitos en la cara, en la piel y en las manos.
Y hay truenos, y hay rayos...
Cuando empieces a escribir, ten un buen libro cerca de ti.
Un Tiempo para Sufrir
El tiempo no sobra, a veces hasta falta.
Es curioso en muchos modos que, pese a todo, sea el tiempo lo que nos enmarca.
El cerebro sólo es capaz de traducir el dolor sentimental como verdadero dolor durante 10 o 20 minutos, el resto del tiempo somos nosotros mismos recordando y sufriendo por gusto. Porque, al final del día, a la mente le ha dejado de doler ese sentimiento que nos agobia por meses. Sufrimos porque queremos sufrir, nunca mejor dicho; si durante esos 10 o 20 minutos nos dejáramos derrumbar por completo, llorar y desgarrarnos como es debido, veríamos que nos cuesta menos trabajo tranquilizarnos y dejar luego que el cerebro siga haciendo con calma cada uno de sus milagros.