No entiendo del todo cómo es que estoy tan mal desde hace días. Se me olvidó quién soy, y el banco inagotable de ímpetu que antes poseía ahora, por primera vez en mi vida parece estar vacío.
Tengo una pareja hermosa que me ama, mi familia está en casa y pese a que las cosas no están bien si están mucho mejor a tiempos pasados. Seguiré estudiando, eso es seguro. Aún me interesa ser un buen músico y escritor creo. Es aquí cuando reluce mi confusión, ¿por qué ya no puedo saborear la vida cómo antes? ¿cuándo me hice tan amigo de la procrastinación y el desinterés en mí mismo?
¿Todo lo que siento se deberá al golpe que me dio haber fallado el examen o es por un cansancio general ante la vida?
Mi carácter decidido y orientado al bien era algo de lo que me sentía orgulloso, fue una estructura enorme y poderosa que tardé años en edificar con la facilidad que tenía para ordenar mis pensamientos. ¿Ese edificio aún se mantendrá de pie? ¿Importa en realidad que lo esté?
Percibo dolor en mí pero no lo siento, es como si intuyera que está dentro porque desde la superficie no logro ver que se manifieste.
De repente los suicidas no están tan locos y en volá se trata de personas que logran mirar la vida fuera del prisma humano, por eso ya no la ven como algo tan relevante o por lo que hay que luchar incondicionalmente.
¿Qué es una bendición, la vida o la existencia? Porque en este instante no me atrevo a desmerecer a todo lo que está en el espacio tiempo, eso que no tiene una conciencia identificable. ¿Por qué una persona es más trascendente que una piedra? ¿será por el egocentrismo que tenemos arraigados simplemente? De ser así, no creo que sea la forma correcta de pensar, la autoconservación está sobrevalorada quizá.
Incluso no distingo bien si todavía extraño mi antigua forma de ser.
¿Tiene sentido buscarle sentido a la vida? Y me refiero al sentido que uno personalmente le otorga a vivir. Esos propósitos o metas personales que logran movernos y resistir hasta el final. Quizá para eso sea necesario, para olvidar el inherente despropósito que tiene el vivir.
Siento que ya nada me sorprende y que nada me sorprenderá, lo peor es que no me asusto por ese hecho mismo. Me asusta que me importe nada tener ésta sensación.
Soy un saco de piel que va al trabajo y ayuda a sus cercanos no porque tenga ganas o motivación de hacerlo sino porque a ésta cáscara que me envuelve aún le quedan hábitos de responsabilidad, esos que ha incorporado y seguido toda su vida. Ya no están las emociones o ideales que funcionaban como motor impulsor de mí actuar.
La verdad es que he considerado hasta matarme, no lo veo como un final miserable o desgraciado. Sin embargo no sería capaz de suicidarme porque ser un desagradecido con todo lo que me han dado no es mi estilo, además de que pasaría a ser un cacho extra en mi futura posición de cadáver sin cajón.