INTERCAMBIO EMDT (2/2) @retratospastel
Sin embargo, él era un hombre de acción y pensar demasiado no es bueno
para alguien que debe jugarse la vida para salvar la de los demás. Por eso hacía
gimnasia. O entrenaba en la lucha cuerpo a cuerpo. El judo y el kárate le
parecían una majadería para cursis. ¿Por qué hacer tanto paripé pudiendo dar un
cabezazo al enemigo? La única técnica de lucha moderna que le parecía
apasionante era el krav magá, el método oficial de lucha personal de las fuerzas
israelíes (o eso le habían dicho). En él todo valía: golpes, patadas,
estrangulamientos… Esa sí era una manera digna de luchar.
Cuando no entrenaba krav magá, hacía prácticas en la sala subterránea de
tiro.
Como ahora.
Tras vaciar el cargador de su Glock-17, se quitó los cascos que protegían sus
oídos y pulsó el botón para ver el resultado en las dianas. Como era de esperar,
todos sus disparos se agrupaban en un pequeño espectro del corazón de la figura
dibujada en la diana. Todos… excepto dos que atravesaban su frente.
Entonces oyó la voz de Ernesto a sus espaldas.
—Siempre me ha maravillado su buena puntería con armas modernas. Desde
el día que llegó usted aquí.
—Un arma es un arma. Y y o soy un soldado.
Alonso levantó la vista y miró con amargura a Ernesto.
—Yo soy el soldado español de todos los siglos. Es mi maldición. Y mi
fortuna. —Luego observó su arma—. Ojalá hubiera tenido una así en mi época.
Es increíble la distancia de alcance de las armas de fuego de este siglo. Sobre
todo con los rifles. A eso no me he acostumbrado todavía.
—Cuando aprieto un gatillo aquí, y a media legua muere un hombre, me
cuesta creer que soy yo quien le ha quitado la vida.
—Y ¿quién iba a ser, entonces?
Los buscas de ambos empezaron a sonar. Salvador los llamaba.
El tiempo es el que es. El conde del tiempo. Deudas pendientes: Capítulo IV