El amor de un poeta
El poeta suspiró, mientras su ojos se perdían en el hermoso brillo del sol cayendo en la entrada de la noche.
Ocultar sentimientos peligrosos siempre fue algo que manejó bien, y sin embargo, era incapaz de apartar de su mente su intensa mirada, sus labios curvados en una sonrisa inocente...
Estaba perdiendo el control de sí mismo. No era capaz de centrar su mente en la importante misión que debía llevar a cabo en tan poco tiempo...y todo, porque en aquel atardecer, tras derrorar un sinfin de demonios para protegerla,su musa se había abrazado a él, llorando agradecida y dándole las gracias.
Su voz entrecortada por el miedo y la felicidad de seguir con vida caló en su melancólico corazón. Y ahora, mirando desde aquel edificio el atardecer, recordaba como días atrás ese frágil cuerpo temblaba contra el suyo.
Recordaba su nombre como un mantra sagrado...y rezó para que, durante el infierno que aún quedaba por recorrer hasta la salvación, la vida de esa muchacha llegara sana y salva hasta el final del camino.
Aunque jamás pudiera volver a verla...
El poeta sonrió de medio lado, mientras volvía la vista a sus compañeros de viaje. Aún quedaba mucho camino por recorrer...
Y el día había sido largo.













