Acortar distancias con quien salta contigo cuando tú saltas. Escuchar a quien te quita vendas y te ofrece soluciones. No separarte de quien crea de cada insignificante momento un bonito recuerdo. Abrazar bien fuerte a quien no quieres que se marche. Querer –y demostrarlo– a quien es pura vitamina y hace de tu mundo un refugio seguro. Céntrate en quien está sin condiciones, se queda sin que se lo pidas y sonríe cada vez que te mira.
















