Los álbumes ilustrados...
...son probablemente el genero más dinámico en la literatura infantil pues sus historias son generalmente pequeñas y están acompañados de imágenes que no son complementarias sino que tienen el mismo o mayor peso en la narración que el texto. “Los contenidos y significados de los álbumes ilustrados se comunican ante todo mediante los dibujos, apoyados por unas cuantas palabras” (Salisbury, 2007, p. 9). La riqueza de los álbumes ilustrados proviene de la combinación entre lo visual y lo literario y es la unión de estos lo que da sentido al relato. El compromiso mayor del autor será mantener alerta el pensamiento visual del niño, la imagen será la principal fuente de información en un álbum ilustrado. “Mientras que en el pasado, las imágenes de los álbumes ilustrados a menudo tendían a duplicar el texto verbal, en la actualidad la relación es más compleja , más sutil, irónica y hasta subversiva” (Salisbury, 2007, p. 9). Mark Sendak (2007) define esta relación como una síncopa rítmica de palabras e imágenes.
Para crear un álbum ilustrado se requiere una comprensión de la secuencia visual, la candencia, el ritmo y el “drama” del paso de la pagina. “El álbum ilustrado se imprime, tradicionalmente, en un formato de 32 o 2 paginas y, en cualquier caso, por exigencias de la encuadernación, el número de paginas suele ser múltiplo de ocho” (Salisbury, 2007, p. 9). Escritor e ilustrador deben cuidar los elementos narrativos para que el libro interese al niño no sólo por el texto sino también por las imágenes y la forma en la que estos dos conviven en las paginas. El álbum ilustrado ayuda al niño a desarrollar una alfabetización visual o gramática de las imágenes como la llama Dondis (2011). Si “alfabetización” significa la habilidad de leer, escribir y comprender, la “alfabetización visual” se refiere a la destreza de ver, dibujar y formular un juicio estético, más que a la capacidad de decodificar las imágenes en palabras-significados, situación que el álbum ilustrado también apoya puesto que el niño – sobre todo aquellos que apenas comienzan a hacer uso del lenguaje – a través del álbum ilustrado puede ver la relación entre la palabra perro y la imagen que representa ese código lingüístico. El álbum ilustrado tradicionalmente se piensa como una experiencia visual únicamente pero cuando los niños que aun no saben leer, hojean el libro en compañía de un adulto, experimentan el texto verbal como si fuera una banda sonora que acompaña las imágenes.
Actualmente se está implementando un fenómeno global de mejoría en los procedimientos de diseño y producción de los álbumes ilustrados, que lleva a prestar más atención a la cualidad táctil y estética del libro como objeto. Los editores de álbumes ilustrados están conscientes de la necesidad de ofrecer una experiencia más completa al niño de hoy que está expuesto a una lluvia de sensaciones. Sin embargo, Latinoamérica no tiene aun una cultura de álbum ilustrado semejante a la de Europa, donde los álbumes ilustrados se consideran adecuados para todos los grupos de edad.
Creo que en Latinoamérica hay diferentes tradiciones de literatura popular que se podrían empalmar con la producción de álbumes (por ejemplo, el papel que tuvieron los grabados en el periodismo y la propaganda política antes, durante y después de la Revolución Mexicana, específicamente el caso de Posada). Creo que ha habido muchos ilustradores destacados. Pero definitivamente no considero que tengamos una tradición comparable con la centroeuropea o la inglesa. Por lanzar una hipótesis que habría que matizar: en las tradiciones europeas el álbum es una variante de la cultura escrita. En Latinoamérica, una región con pautas de comunicación fundamentalmente oral, el lenguaje gráfico es una herramienta para paliar las carencias de una alfabetización todavía no asimilada verdaderamente.
Aunque un posible cambio en la construcción cultural de la niñez este tomando lugar, quizá lo que esta ocurriendo es un cambio de lo literario a lo visual, especialmente a los medios de comunicación masivos – por ejemplo, el Oz que la mayoría de la gente identifica no es el de L. Frank Baum sino el de Víctor Fleming, no siendo este el "verdadero" Oz de la literatura popular sino el realizado con la magia del celuloide. La literatura ya no se vive como un arte apartado y esta tomando un lugar en la cultura mainstream gracias a libros como Harry Potter y adaptaciones que grandes productoras como Disney realizan cada año. “Algunos países con fuertes tradiciones gráficas autóctonas que habían estado aislados hasta el momento, de pronto empezaron a importar con entusiasmo lo occidental, ‘disneyficando’ sus diseños infantiles” (Salisbury, 2007, p. 9). Los álbumes ilustrados han comenzado a mutar y cada vez más los ilustradores y escritores se esfuerzan por hacer de ellos una forma de arte que no sólo llegue al niño sino también al adulto.