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The Escape of the Piñata Burro By Jeff Stanford, 2026 Buy prints of this image at: https://fineartamerica.com/featured/the-escape-of-the-pinata-burro-jeff-stanford.html or more of my images at: https://jeff-stanford.pixels.com/
Leo, blindfolded and stick in hand, swung hard. He expected the crunch of candy. Instead, he felt a rush of air. The piñata, in a wild burst of freedom, had snapped its strings! Confused, Leo stumbled as the vibrant donkey charged past him, leaving him swinging at empty space. While a shocked Leo still tried to locate his target, the papier-mâché burro was already half-way across the lawn, making its great escape.
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🐄🫏Patty (cow's sister) and Jeff the ass if they were in Dialow . Little character design stuff for fun. Ocs belong to @thetalkingcow
Reescribiendo nuestra historia CAPITULO 16
Mientras Charlotte se adentraba en el mundo del sudor y el potencial físico en el gimnasio, Petra buscaba un tipo diferente de evasión y asombro. Siguió las señales que indicaban “Jardines Interiores”, adentrándose en el corazón del edificio. La transición fue abrupta: un pasillo de piedra pulida dio paso a un espacio abierto bañado en luz natural, un oasis de serenidad en medio de la escuela.
Los jardines interiores eran aún más impresionantes de lo que había vislumbrado desde la distancia. Enormes árboles con hojas de colores vibrantes se alzaban hacia el techo de cristal, cascadas artificiales caían suavemente sobre rocas cubiertas de musgo, y parterres repletos de flores de todas las formas y tamaños llenaban el aire con fragancias delicadas. Mariposas con alas iridiscentes revoloteaban entre las plantas, y el sonido suave del agua corriendo creaba una atmósfera de paz total.
Petra caminó por los senderos de grava, sintiendo el crujido bajo sus pies, un sonido limpio y agradable comparado con el crujido de escombros en la Isla. Tocó los pétalos de una flor que brillaba con un ligero fulgor mágico, maravillada por su perfección. El contraste con la vegetación marchita y gris de la Isla era abrumador. Era un tipo de belleza que nunca había experimentado de cerca, algo sacado directamente de los cuentos de hadas que la Isla retorcía y se burlaba.
—Es… es real —pensó, una sensación de irrealidad mezclada con profunda apreciación—. Tan verde. Tan vivo. Tan… pacífico.
Se sentó en un banco de hierro forjado a la orilla de un pequeño estanque, observando a los peces de colores que nadaban en el agua cristalina. Era un respiro muy necesario después de la intensidad del día: las clases, la llegada a Auradon y el incidente de la cafetería.
Mientras estaba sentada, absorbiendo la calma, notó a alguien más en el jardín. Cerca de una cama de rosas que parecían cantar suavemente, una joven estaba arrodillada, examinando cuidadosamente las plantas. Llevaba un sencillo vestido verde oscuro con mandil, y su cabello negro estaba recogido con una cinta a juego con su piel oscura. Había una quietud en sus movimientos, una conexión evidente con la naturaleza a su alrededor.
La joven pareció sentir la mirada de Petra. Levantó la cabeza y sus ojos se encontraron con los de ella. Eran grandes y amables, con una calidez que Petra no veía a menudo, ni siquiera entre algunos de los “buenos” de Auradon. La joven le ofreció una pequeña sonrisa gentil.
Intrigada y sintiendo una calma inesperada, Petra le devolvió la sonrisa. La joven se puso de pie con gracia y caminó lentamente hacia el banco donde estaba Petra.
—Estos jardines son un buen lugar para encontrar paz, ¿verdad? —dijo la joven, su voz suave y musical, como el susurro del viento entre las hojas—. Llevo en las manos un pequeño plantón en una maceta.
Petra asintió, aún un poco cautelosa pero atraída por su tranquilidad.
—Sí. Son… increíbles. Nunca había visto nada tan… vivo. En la Isla… todo es gris y seco. Esto es… como otro mundo.
La joven la miró con comprensión, lo que sorprendió a Petra.
—Eres de la Isla —dijo, no como una acusación, sino como una simple observación—. He oído que es muy diferente. Difícil. —Sus ojos reflejaban empatía genuina—. Soy Tiara, por cierto. Hija de Tiana y Naveen. También participo en el club de jardinería.
—Hija de una princesa —pensó Petra, sintiendo una nueva capa de extrañeza en su día.
Conocía al doctor Facilier y su poder dentro de la Isla, que, aunque no tan potente como el de otros villanos, era escalofriante
—Petra —dijo ella, presentándose, aún procesando la conexión—. Hija del Cochero.
Soltó la filiación, esperando quizás un rastro de juicio o aprensión, pero el rostro de Tiara se mantuvo abierto y amable.
—Encantada de conocerte, Petra —sonrió de nuevo Tiara—. Aquí es tan hermoso. Paso mucho tiempo aquí. Me recuerda a los bosques cercanos del reino, al pantano de mi hogar. —Golpeó suavemente el plantón en su mano—. Aprendo sobre las plantas y cómo cuidarlas. Mi abuela dice que la naturaleza tiene mucho que enseñarnos sobre el equilibrio y la resiliencia…
—Resiliencia, ¿eh? —repitió Petra, pensando en la palabra. La había escuchado antes, en el contexto de la vida en la Isla, pero aquí se aplicaba a las plantas que crecían fuertes en un entorno cuidado. Era una forma diferente de ser resiliente.
Tiara se sentó en el otro extremo del banco, el plantón en su regazo.
—Sí. Como los juncos que se doblan con el viento, pero no se rompen. Cómo encuentran la luz. Cómo siguen creciendo incluso después de una tormenta. —Miró a Petra con esos ojos amables—. Supongo que la resiliencia es importante, vengas de donde vengas.
Petra sintió una punzada de emoción. La hija de una princesa, hablándole a la hija del Cochero sobre la resiliencia de las plantas, y aplicándola a ambas. Era un momento de conexión simple y profundo en medio de la complejidad de Auradon.
—Sí —dijo Petra, mirando los jardines y luego a Tiara—. Supongo que lo es.
Pasaron unos minutos más sentadas en un cómodo silencio, disfrutando de la paz del jardín y la compañía inesperada. Petra se dio cuenta de que, en medio de las miradas, los juicios y los desafíos, Auradon también ofrecía momentos de belleza simple y conexiones sorprendentes. Su encuentro con Tiara en los jardines interiores fue un recordatorio de que, a pesar de las diferencias y el pasado, también había espacio para la amabilidad y la comprensión en este nuevo mundo.
—¿Vienes al club de jardinería? —preguntó Tiara.
—La verdad es que no estoy interesada en ninguna actividad extraescolar. Solo quería despejarme después del primer día de clases. —
—Lástima —murmuró la princesa—. Tienes buenas manos. ¿Has trabajado la tierra antes de llegar a Auradon?
—Sí, yo… teníamos un pequeño huerto en casa que nos daba algunas verduras que comer… aunque la tierra de la Isla de los Perdidos no es… fértil precisamente.
Los ojos de Tiara la miraron con algo de pena.
—Vaya… es difícil…
—Sí, pero… te acabas acostumbrando.
—No debería… escucha, todas las princesas, como mi madre, forman parte del consejo de Auradon que lleva provisiones a la Isla. ¿Y si hablase con ella para ayudar a llevar más alimentos frescos? Cree que mi madre sabe el valor de una buena comida.
—Es una buena idea —dijo Petra, y hubo un breve silencio—. ¿Y tú? ¿Qué opinas de la llegada de… bueno… nosotros?
—Creo en las oportunidades. Quizá no todos la tengan, pero eso no significa que no podáis tener una opción mejor… Es como… la magia vudú. Quizá tú conozcas su lado oscuro por Facilier, pero aquí Mamá Oddie la usa con fines terapéuticos y médicos para ayudar a los demás. Lo que importa es el uso de tus habilidades, no su origen.
Petra sonrió. Quizá podrían encajar; quizá no con todo el mundo, pero tenían apoyos de los auradianos. Tenían esperanza.
Pair of donkeys X