Arcimboldo - El jardinero (1587)
"Una naturaleza muerta de un bodegón manierista, algunos años antes de que se asumiera como un género preciso para el arte, se torna una experiencia visual asombrosa y óptica sobre la ilusión y la veracidad de un contenido satírico que nos remarca la idea sobre las costumbres y una crítica hacia los apetitos frugales de las cortes, el control aristocrático del hambre y el consumismo humano. Arcimboldo juega con la reversibilidad de ciento ochenta grados de este lienzo, mostrando una pareidolia, cuya función es representarse como un fenómeno psicológico donde se observa rostros y objetos en estímulos visuales que provienen de un contexto ambiguo, para situar una doble lectura de este cuadro. Aquí se subvierte la ideación representativa de la figura/fondo, por un trampantojo que sirvió para que la Gestalt, siglos después, pudiera articular sus conceptos y teorías sobre la percepción humana, como un engaño óptico que nos fuerza a ver morfologías humanas y personificaciones en los vegetales, y que ocurre una alegoría de corte floral cuando se le observa de cerca, y una ilusión ecléctica cuando se le mira desde lejos, situando la alegoría de la Primavera, y más específicamente, la fertilidad del dios Príamo, un dios itifálico, protector de los jardines y los bosques, en la receptación simbólica de lo femenino con la respectiva carga connotativa sexualizada que nos menciona el óleo. Nuez, avellana, dos hongos, champiñones, nabos, una cebolla grande, hojas de hortalizas, una raíz abultada, y el tazón negro como soporte a esta florida ofrenda, participan de esta metamorfosis hiperbólica de lo fértil y el símbolo, en un anclaje de proporciones faciales y con una luz incidente y adecuada para detallar dicha reversibilidad de la imagen. También ocurre una especie de prosopagnosia, un trastorno neurológico que nos impide ver y detallar el rostro de nuestros familiares y allegados, incluso el nuestro propio, revirtiendo el mito al que se referencia con lo cotidiano, la parodia con la metáfora, lo grotesco y la propuesta iniciática del barroco. Conocidas como "cabezas compuestas", lo burlesco, la fastuosidad y lo extravagante, parece que se deriva de los grutescos antiguos, los arabescos y los caprichos en las ornamentaciones vistas en diversas columnas y capiteles griegos como romanos, hacen de este estilo particular de pintar, una sátira mordaz contra el cuadro mismo y la contextualidad, contemplando no solo un artificio, sino una profundidad del inconsciente que nos quiere decir o sugerir algo, quizá un intento de acercarnos una simbiosis entre lo antropomórfico y lo natural, lo violento con la pesadilla, lo metamórfico y lo decorativo, lo científico y lo barbárico, donde sucede el imaginario personal que detalla su enfoque, y de fomentar así, un guiño muy socarrón hacia el abuso del perspectivismo en el Renacimiento."





















