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@shesatrailblazer via @femalewanderer
Down with nationalism!
In Carmel, Barcelona, 2017
‘Anarchy is freedom’
Carmel, Barcelona, August 2017
Hoy quise subir hasta aquí arriba y disfrutar de estos momentos, de meditación, oración y reflexión.
Hablo de que existe una dimensión invisible de la realidad, sutil, energética y simbólica, a la que accedemos a través del silencio, el cuerpo, los sueños, la naturaleza y la atención consciente, y de que gran parte del sufrimiento humano viene de vivir desconectados de esa escucha interna, intoxicados por ruido, discursos, hábitos y ritmos que nos alejan de nuestra percepción profunda.
Seguimos colgados en la otra "zona alta". Pero ya bajamos, no nos vaya a dar vértigo.
Os vais a hartar de ver fotos del culo del búnquer, vamos de la parte que mira a la montaña y que se hunde hacia Horta deslizándose por todo El Carmel. Un día si me aburro y la neurona lo recuerda, os enseño la crueldad de las cicatrices urbanas. Y como algunos creen que estar al lado, pero no en el lado correcto, es lo mismo. Pero no.
La Rambla del Carmel es el ejemplo.
El arquitecto, si hubo, se fue de tripis y el viaje le llevó de Gaudí a Dalí.
El paleta, donde manda patrón, no manda marinero y, mientras paguen, para adelante.
Es pelín horterilla, pero hay la intención de no ser un mero cajón con fachadas lisas y cuadriculadas.
Os he avisado, hartitos acabaréis.
Reflejos.
Otra vez subiendo, otra vez al búnquer, un nuevo camino de descenso
La misma panorámica desde otro punto, al final de unas escaleras. Esa querencia por el azulejo y su aplicación gaudiniana, el trencadís. Aquí un ejemplo de uno que se iluminó.
Y las espaldas, siempres las espaldas, el patio trasero de la foto de postal, la Barcelona escondida, soterrada, a la sombra de todos los focos y brillos.
Robusto recordatorio sobre el respeto a la naturaleza. Granítico, lejos de los inútiles vinilos que mueren al calor de la luz solar.
Aquí, intuyéndose la luna, que avanza en busca de sentirse plena y reina de la noche.
Dos panorámicas desde el mismo lugar. De espaldas y de frente al mundo. La postal y las sombras.
Y, de bajada, un nuevo camino. El Carmel, otro cementerio de voluntades, no todas, siempre hay quien logra huir.
El descenso, vertiginoso, desde los cielos de la ciudad, pasando por ese infierno de la insignificancia.