Solo queda tu foto, solo queda el recuerdo de todo el tiempo que viví contigo, no soporto el dolor que estruja mi alma, resignarme a vivir sin estar contigo.
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Solo queda tu foto, solo queda el recuerdo de todo el tiempo que viví contigo, no soporto el dolor que estruja mi alma, resignarme a vivir sin estar contigo.
Hasta que estás en la situación sabes y comprendes realmente todo lo que trae una perdida de un ser querido, hasta que la muerte no toca la puerta de tu casa puedes imaginarte o pensar alguna cosa, o lo tan feo o triste que podria ser pero por mas triste que te puedas hacer un escenario en tu cabeza, o por mas tristeza o horrible que puedas llegar a pensar que te sentiras, verdaderamente nada de eso sucede, nada de lo que pensaste, supusiste, creiste no es ni un poco de lo que realmente es, del como se siente y te sientes, de todas esas emociones, sensaciones, ese sentir que no para y se queda contigo, ese vacío en ti, el perderte en el momento, en el tiempo, sentirte inmovil viendo como todo avanza hasta pareciera que más rapido que antes, como da vueltas todo al rededor de ti, como nada se detuvo o se detiene mas que solamente tu. Todo lo que viene dentro o detras de la muerte, esta llena de tantas cosas que hubiera deseado no descubrir y sentir.
La parte del duelo en donde tienes que seguir con la vida como si no hubiera pasado nada a pesar de la ausencia, se está volviendo más pesada.
"El duelo" de Gabriel Rolón en la Línea H
Día 4 desde que decidiste irte:
📝Entendí por qué decidiste irte y no sabes cómo me destroza saber que mi irresponsabilidad, mi ego herido, mis estrategias emocionales mal empleadas y mi falta de consciencia te orillaron a decidir que es mil veces más preferible quedarte sólo, a estar conmigo.
Soy un desastre, tengo un caos mental rondando mi cabeza, pero ahora sólo puedo pensar en que te fuiste y es mi culpa.
Sólo deseo perdonarme algún día, porque perderte es mi mayor dolor hasta ahora.
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30/07/2024
Salpicando Felicidad
Dicen que los recuerdos son el baúl más preciado que cada persona guarda en su alma. Allí se cobijan momentos de gloria y de tristeza, instantes de felicidad y dicha. El mío es uno mágico, único e inolvidable.
Todo empezó así: estudiaba de lunes a viernes en una ciudad nueva, llena de complejos y barrios olvidados por el tiempo, donde cada día tenía que aprender a acomodarme a los cambios sin reprochar, solo para complacer a mi madre, que había apostado por un hombre al que creyó amar alguna vez… pero esa ya es otra historia. Como en toda historia, había que hacer tareas en grupo, algo que nunca fue mi fuerte, pero debía hacerlo, más aún siendo para todos “el bicho raro” del lugar.
En esas épocas, mi fiel compañero me acompañaba a todas partes: un pequeño inquieto de solo 8 años, chimuelo y travieso, que con solo decir “Daniel el travieso” no le hacía justicia. Pero mis amigas lo adoraban, y era tal su encanto que todos querían cargarlo y tomar su manito, aunque esa responsabilidad siempre fue mía, su fiel escudera.
Aquella tarde no había pronóstico del tiempo, así que no tomamos precauciones. De repente, una llovizna nos empapó en segundos, pero en lugar de miedo, comenzamos a salpicar charcos de agua, corriendo de la mano, celebrando sin pensar en enfermarnos. Después de un momento, te puse una bolsa para protegerte y te cargué en la espalda mientras reías y disfrutabas de la lluvia. Tu amiga estaba contigo, cuidándote. Al llegar a casa, mamá nos cuidó, pero terminamos con fiebre y resfriados. Sin embargo, esa anécdota se convirtió en nuestra historia especial para contar.
Sabías que amaba la lluvia y los días fríos, y tú siempre me acompañabas en cada tarea. Eras mi cómplice, mi alegría.
Lo escribo ahora para no olvidar, porque mi mente se vuelve frágil y temo perder esos momentos. Quiero plasmarlos en letras para, cada vez que los lea, poder transportarme a aquellas épocas hermosas que aún viven en mí.
El dolor que siento se asemeja a la muerte, estoy en un duelo,
con las velas apagadas, llorando todos los días por no poder volver a sentirte otra vez, no hay muerto.
No estás muerto, estás vivo; yo muriendo.
Y no sé si vivo tu duelo o el mío.