Sobre y fragmento de una carta por correo postal
“En tu carta hablas de ese encuentro primero con nostalgia por no saber cuándo íbamos a volver a besarnos. Oh, cómo cambian las cosas en tan poco tiempo. Lo que aprecio es que no haya cesado el gusto en nuestros encuentros, en saber que aún nos hacemos cosquillas deseosas a distancia, en conocerte más y compartirnos generosamente. También he aprendido mucho contigo. A veces siento que el jovencito soy yo por todo lo que has vivido cuando me cuentas de ti. Me gusta escucharte aunque contigo también hablo de más; por lo general yo permanezco silencioso y atento pero contigo algo me hace hablar. Es raro y se siente bien. No hay nada que agradecer aquí. El suertudo soy yo por conocerte y que me compartas tanto. Sigo sosteniendo que eres mi persona favorita de 2015. Me haces feliz con el simple hecho de saber que existes, así que cuídate mucho, ¿de acuerdo?
Volví a sembrar girasoles. Sólo dos y están en la azotea, plenos, con buen sol todos los días. Ya los verás. Se ven fuertes a comparación de los de hace un año. Buena metáfora para esto que siento por ti, Marthiux. Que siga así, más y más. [...]
Y no olvides que te piensa,
tu centauro”.
127 días para el final.














