A la desventura voy. Algo en mí cada día te reconstruye y me devuelve tu imagen. Algo me lleva al lugar prohibido en que te encuentras, sitio que jamás debió tocar mi pensamiento.
Amor el más oscuro III | Elsa Cross
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A la desventura voy. Algo en mí cada día te reconstruye y me devuelve tu imagen. Algo me lleva al lugar prohibido en que te encuentras, sitio que jamás debió tocar mi pensamiento.
Amor el más oscuro III | Elsa Cross
Bacantes I
En la fuente nos hemos sumergido.
A su corriente dejamos nuestros cuerpos
como bancos errantes,
tierra que se desprende
llevándose la orilla de espadañas.
Fluimos por sus transparencias
y en el fondo de ese lecho
nuestras piernas rozaban un musgo suave.
Plantas se enredaban a los pies.
Sentíamos el paso de esos peces
que a un descuido, decían,
se pegaban entre los muslos de las mujeres.
Y todo el tiempo una frase en los oídos
pulsando al límite sus cadencias más altas.
Río abajo veíamos las ramas contra el cielo.
El sol dibujaba en nuestros cuerpos
la sombra de las hojas.
La brisa traía tu olor.
Pasamos bajo un sauce
y sus ramas detenían de los cabellos
todo ese impulso río abajo.
Bacantes, Elsa Cross, 1982
La noche
va bordeando en silencio
ese núcleo
donde la luz se detiene todavía
mientras tu voz,
tu voz sola
borra el instante.
Elsa Cross
Elsa Cross
La noche va bordeando en silencio ese núcleo donde la luz se detiene todavía mientras tu voz, tu voz sola borra el instante.
Elsa Cross
Las hijas del viento
1 Murmuran tu Nombre en las terrazas inundadas de luz frente al vinoso mar 2 Serpentean en la hierba devanan suaves sus marañas Sisean entre las siemprevivas 3 Juntan sus voces al gemido de las piedras y los arbustos Hacen del corazón un arpa tensa
4 Desatan su grito alucinado a lo ancho del valle Braman como terneras son aullido reseco trino inverosímil 5 Se obstinan como escenas repetidas de una misma película golpean en las ventanas recorren muelles interminables en el amanecer 6 Azotan las rocas de Haghía Triáda con sus cuevas para ocultarse de los piratas Derriban al caminante en el monte que se llama Demonotópos
Alzan el rugido del oleaje hasta el recinto de los cantos piadosos junto a la Panaghía 7 Despeinan al joven eucalipto hacen caer sus resinas sobre los barandales Zumban amorosas como abejorros en el hueco de las cañas Llenan la mirada de hormigas amarillas
8 Despiertan al espíritu guardián del olivar Dejan pacer tranquilo el apetito de las bestias Afilan el cincel azulado de la avispa
9 Someten a su ritmo las flores encrespadas el lomo de los cerros Todo lo vuelven piedra lisa 10 Traen los ecos de una conversación enfática de un campanilleo de cabras de un violín Cantan en la noche con sus aires de lamento oriental 11 Se agrandan sus lenguas arpadas en el invierno del espíritu Fuerzan al alma a agazaparse en su rincón.
12 Escriben con sus dedos ligeros tu Nombre sobre la arena
repiten como plegaria su grafía.
Elsa Cross
(...) Sé que otra vez me cercará la calma, la soledad llena de amor, tu nombre. Quiero pronunciarlo tantas veces como días tendré después para perderte en la memoria.
Elsa Cross
(...) También has de saber que eres demasiado sencillo para mi soledad, demasiado humano para mi deseo, demasiado lineal para la arquitectura de este laberinto. Pero ya basta: pido una disculpa. Ocurre tal vez que sólo seas un poco distraído. Vendrá entonces de ti el reconocimiento o una sincera frase paternal.
Elsa Cross