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Happy to be part of the team for this year's El Sueno Existe festival - in Machynlleth Wales ✌💖🌻🌼 I'm gonna be designing wall hanging artwork and running the open mic stage, looking forward to it 🎶🌻 #elsueno #elsueñoexiste #machynlleth #wales #festival #worldmusic #chileanmusic #victorjara #peaceandlove #hippies #art https://www.instagram.com/p/BxN55_vD5Su/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=fqfknsr4coba
Clutch Burners car club show in town last week #chevy 1954 #Elsueno #lucky7customs (at Powers Park)
Capítulo 6
Apolo intentaba dormir, pero su resfriado no ayudaba.
Daba vueltas en la cama de esa habitación. Recordaba como los primeros días se la había pasado llorando y además tardo en acostumbrarse a dormir en otro lugar… en otro país. Y recordó esa noche de tormenta cuando vio a Mileva y sus ojos enormes.
Nunca había visto unos ojos tan alegres y vivos. Sonrió al pensar en ello. Escuchó como la puerta se abría lentamente. Era ella y tenía una vela en su mano derecha.
-¿Duermes?-
-No todavía- le dijo Apolo
-¿Puedo entrar?-
-Si-
Mili entró sin hacer ruido y una vez adentro, colocó la vela en el buró de Apolo.
-Se fue la luz de nuevo-
-Eso parece- dijo Apolo sonriendo mientras veía como Mili buscaba el sofá dentro del cuarto de él para sentarse.
-Este cuarto era de mi tía Liliana-
-¿Dónde está ella?-
-En París, se casó con un modista y me manda ropa, como la pijama que traigo- dijo mientras presumía la tela
-¿La extrañas?-
-Mucho- respondió Mili- aunque cada semana me manda cartas y regalos-
-Seguro ella te echa de menos-
-Me mandó un vestido- dijo Mili cambiando de tema- pero me queda muy grande, según mi tía, voy a poder usarlo cuando tenga más edad. Era de ella y sólo lo usó dos veces-
-¿Puedo verlo?-
-¿Qué?-
-El vestido-
-Ah, si, supongo... pero está en mi habitación-
-No importa-
Los dos salieron del cuarto de Apolo y sin hacer ruido entraron al cuarto de Mili. Vio que el cuarto de Mili, aunque era amplio no tenía muchos objetos a la vista. Había un escritorio con una lámpara, colores,libros, un par de muñecas de porcelana, un oso de peluche. Pero lo que si abundaban era la ropa, los zapatos y los sombreros.
Ella sacó una caja con cuidado, tenía un moño negro el cual deshizo de un tirón. El vestido estaba envuelto en papel china y cuando él lo vio, sonrió.
-La tela es linda-
-¿Tú crees?- preguntó Mili sacando un vestido de verano con lunares. Por un momento Apolo miró como ella se colocaba el vestido contra su pecho y daba vueltas con él. El vestido se levantaba con el aire, dando la sensación de que estaba bailando. El silencio se rompió cuando escuchó la tierna risa de Mili, mientras ella cerraba los ojos disfrutando el momento.
Se quedaron platicando sobre la cama de Mili, mientras jugaban dominó. Él se preguntaba cómo era que ella sabía ganar varias veces en cada partida.
Jugaron hasta que el sueño los venció a ambos.
Habían dormido juntos. Apolo se despertó temprano y sin hacer ruido se salió del cuarto de Mileva. Ella seguía durmiendo apacible, ajena a lo que él hacía.
Las semanas que siguieron no fueron tan terribles como Mileva pensaba. El profesor particular les daba lecciones a ambos y aunque Apolo cursaba un par de grados superiores a ella, le interesaban los temas que trataba con Apolo. Por su lado, Apolo percibía que Mili era muy inteligente y vivaz. Ambos llegaron a divertirse con las clases impartidas y si terminaban pronto, tenían oportunidad de ir a los cafetales a comer cerezas y a trepar árboles.
Apolo llegó a olvidarse de la guerra que azotaba su hogar. Y a Mili le encantaba tener un compañero de juegos, ya que su pequeña hermana seguía lactando.
A veces iban a un río a nadar. Otras veces se la pasaban en la plaza con otros niños indígenas aprendiendo náhuatl y jugando al escondite. Ponían la radio y dibujaban en el suelo aviones con tiza para saltar sobre ellos. También se les iba el tiempo atrapando insectos y ranas. Cuando veían una tarantula huían de ella.
Además aprender a tocar el piano con Apolo era más divertido que con su madre. Ambos se sentaban en la banca y mientras Apolo tocaba con la mano izquierda, ella usaba la derecha y juntos tocaban música. Él la corregía si se equivocaba, o a veces componían notas desatinadas. Reían mientras la nana de Mili les llevaba los chocolates franceses que la tía Liliana les mandaba a ambos.
Desde que Apolo llegó a la casa, Mili se lo hizo saber. Así que había regalos para Mileva y también empezó a mandarle ropa a Apolo, cómics y juguetes. Aunque a los padres de Apolo les apenaba que la señora Liliana le mandaba regalos a sus hijos, terminaron por aceptar que era parte de la generosidad característica de la señora. Apolo se divertía aprendiendo francés mediante los cómics.
Pasó lentamente un año entre juegos y cafetales. Pasó una cosecha, y otra. La guerra se recrudecía cada vez más. Las lecciones particulares seguían en la casa. Sus hermanos habían crecido y caminaban.
Llego el tiempo. Mileva había cumplido once años y Apolo trece. Era un verano y aunque eran buenos amigos y se llevaban bien, las cosas comenzaron a cambiar para ambos. Los cambios empezaron un día en el río, cuando Mileva y Apolo decidieron ir a bañarse por el calor que hacía en la selva.
Mileva comenzó a quitarse la ropa exterior para quedarse sólo con la interior. Apolo estaba nadando y exhortaba a Mileva a apresurarse. Mili dió un chapuzón y alcanzó a Apolo. Jugaron un rato en el agua y ella decidió salir antes de que se le arrugaran los dedos. Sintió algo caliente entre las piernas... y Apolo vio como escurria un hilo de sangre de la entrepierna.
-Mili-
-¿Qué pasa?-
-Estas sangrando- dijo Apolo y salió rápidamente del agua y la cargó.
Tenía miedo de que Mileva estuviera enferma y como pudo, la llevo a la Hacienda, donde la recibió la nana de Mileva. Aunque ambos estaban en ropa interior, la nana no pudo regañarlos porque la niña sangraba y no sabía de donde. Saco a Apolo del cuarto y le pidió que se vistiera y que fuera a recoger la ropa que habían dejado en el río.
Llegó a la orilla del río y pudo ver como el vestido de Mili estaba manchado de sangre. Se sentía confundido... no sabía lo que ocurría con ella y no sabía que hacer. Llegó a la Hacienda y Mileva seguía encerrada con su niñera.
No fue hasta la noche que ella por fin salió de su cuarto. Apolo la estuvo esperando toda la tarde.
-¿Cómo te sientes?-
-Estoy bien- respondió Mili, Apolo notó que su rostro estaba raro
-No parece-
-Mi nana me dijo que este día iba a llegar. Y que es normal que cada cierto tiempo tenga... sangrados-
-¿Estás segura?-
-Dice que nuestras madres también los tienen-
Apolo se quedó perplejo. Nunca había visto a su madre sangrar. No como había visto a Mili.
-Si tú lo dices...-
Y con ese pensamiento, Apolo se fue a la cama, después de darle un beso en la frente y un abrazo.
Capítulo 4
Apolo Martínez y su familia venían del otro país. Un lugar que desafortunadamente fue azotado de la manera más cruel por una guerra civil, lo que obligó a familias enteras como la de Apolo, a huir del país debido a las constantes amenazas.
Lo habían perdido todo, menos la vida. Sin embargo empezar desde cero en otro país no era cosa fácil.
Ricardo Martínez, padre de Apolo, había conocido a Francisco Almazán en un viaje a España. Hicieron una buena amistad y se mantenían en contacto por correspondencia. Cuando Francisco se enteró del peligro que corría la familia de Ricardo, movió sus influencias para conseguirles pasaportes falsos y poder refugiarlos en México. Todo había salido a la perfección.
Ahora que estaban en necesidad, el señor Almazán le dió la mitad de la hacienda y le pidió a Ricardo que a partir de ese momento vigilara los asuntos legales que tenían que ver con su finca cafetalera.
Sobre la madre de Apolo, Eliana, era una mujer muy dulce y sencilla, de grandes ojos negros. Su hijo menor, Carlos, se la pasaba todo el día pegado a su madre. Hizo buenas migas con la madre de Mileva, ya que ambas tenían gusto por el bordado, lo cuál le encantaba a Mili, ya que eso la liberaba de su madre y podía pasarse las tardes entre los cafetales, leyendo y respondiendo las cartas y postales que su tía Liliana le mandaba desde París.
El esposo de su tía era un modista muy famoso y constantemente le llegaban a Mileva vestidos de Francia, siempre un poco más grandes para cuando ella los pudiera usar.
Desafortunadamente su tía no podía tener hijos, por ello cada semana le escribía y le mandaba postales y obsequios a su sobrina, concentrando todos los mimos y atenciones en ella.
Mileva podía pasarse las tardes modelando sus vestidos, de varios estilos y al último grito de la moda. Su madre no muchas veces estaba de acuerdo con la ropa que su hija usaba ni con las modas francesas, pero al tratarse de la hermana de su marido, no podía decir mucho.
Como toda madre, la señora Leticia quería lo mejor para su hija. Aunque le intrigaba saber porque su hija era alguien totalmente opuesto a ella.
Capítulo 3
Había amanecido y el sonido de la radio hacía presencia rompiendo el silencio de la hacienda. Como se encontraba cerca del patio, era fácil saber quién estaba en casa. La hacienda estaba construida con pasillos y un patio central, de varias habitaciones. En medio del patio había una fuente de agua. Su nana, Elena, solía colocar pétalos de rosa de castilla en la fuente, y bañarla ahí cuando hacía calor. Cuando Elena, que era una mujer indígena que vivía en Talismán, se iba de viaje a su pueblo, la fuente sólo tenía agua. Le faltaba ese toque mágico de los pétalos de rosa, cuya fragancia era muy agradable.
El padre de Mileva se dedicaba a la siembra de café y había tenido mucho éxito. El café se llegaba a vender en Francia y España. Era un hombre muy ocupado y sus negocios absorbían mucho tiempo. Sin embargo, su padre se tomaba el tiempo de enseñarle acerca del café, a montar a caballo, y en su cumpleaños número seis le regaló una yegua. Claro, que había que cuidar al animal todas las mañanas, pero no le importó. Los domingos jugaban póker y dominó.
La madre de Mileva no estaba del todo de acuerdo en que su hija se desempeñara en actividades tan poco femeninas. Quizás si tocase más seguido el piano y que la acompañara al bordado todas las tardes mientras escuchaban la radio.
Lo había olvidado, se levantó de golpe con una pijama ligera. Ella era la única que encendía la radio en esa casa, pero no sospechaba quién podría estarse tomando el atrevimiento de hacerlo.
Y no, no lo había soñado, lo vió. Al chico de los lunares. Aunque estaba de perfil podía ver que tenía los ojos hinchados, señal de que había llorado toda la noche. ¡Qué semblante tan triste! Ella no había visto un rostro tan triste como el de aquel muchacho. Se acercó tímidamente, estaban a solas, todos los demás ocupantes de la casa seguían dormidos. Sólo él y ella, compartían el tiempo y el espacio en esa hacienda.
Aquel niño se percató de la presencia de Mileva, observaba aquellos grandes ojos cafés que ella había heredado de su abuelo, y esas pecas, junto con aquellas pestañas tímidas que enmarcaban su mirada. Era la chica con la mirada más curiosa que había visto en su vida.
-Hola- habló Mileva, acercándose mientras su especie de pijama-vestido se arrastraba con suavidad por el suelo- no quise interrumpirte-
-No interrumpes-dijo el niño- al contrario, yo soy el que estoy en casa ajena y no debería...-
-No deberías...-repitió Mileva moviendo suavemente sus labios- pero no te preocupes, hazlo, de todas maneras...no interrumpes a nadie-
Un nocturno de Chopin comenzó a inundar el ambiente, Mileva observaba los ojos tan oscuros de aquel niño.
-Me llamo Mileva- dijo finalmente extendiendo su mano hacia él
-Mucho gusto, mi nombre es Apolo-
Un universo aparte se abrió de inmediato para esos niños de seis y ocho años... un universo lleno de estrellas y explosiones.
Capítulo 2
Ella dormía... o al menos eso intentaba. Llovía tanto que la lluvia en lugar de ser relajandte era escandalosa. Pero lo peor era que no había electricidad, echaba de menos la radio.
Intentó dormir, pero escuchaba voces. Voces, escuchaba varias voces. Escuchó cómo se abria la puerta. Escuchaba los pasos de varias personas. Era extraño, su padre seguía despierto, pareció no inmutarse con aquellas visitas a horas tan inadecuadas. Su padre siempre dormía temprano, no entendía que ocurría.
Con mucho cuidado encendió una vela que estaba cerca de su buró y de puntitas, procurando no hacer ruido, fue a asomarse de las escaleras para descubrir a las inesperadas visitas.
Pudo ver un par de figuras adultas, al parecer eran una pareja. La mujer sostenía a un niño de tres años entre sus brazos, que dormía profundamente. El varón hablaba con su padre, temblando de frío por la lluvia.
Sin embargo lo que llamó su atención fue un niño. Se veía mayor que ella, unos dos años aproximadamente. Tenía los ojos vidriados, con muchas ganas de llorar.
Mileva observaba cómo una lágrima traicionera resbalaba en el rostro de aquel niño, atravesando sus lunares.
Él sintió como alguien lo observaba y miró hacia la dirección donde estaba Mileva. Sus ojos se encontraron, él rápidamente se secó la lágrima de su mejilla.
Ella corrió a su habitación, apagando rápidamente la vela que tenía entre sus manos, temía ser regañada por su padre. Se metió a las cobijas e intentó dormir... pero sus pensamientos estaban en ese niño de lunares ¿Por qué lloraba?
Más tarde escuchó unos pasos, y una voz hablar, era su padre
-Esta será tu habitación- Mileva escuchaba cómo se abría la puerta de frente de donde ella dormía. Después de unos minutos, escuchó cómo esa puerta se cerró con suavidad. Su padre se alejaba del cuarto con el candelabro en las manos.
Cuando la luz se alejó, ella se acercó a la puerta, sabía que estaba mal espiar pero su curiosidad pudo más. Pego lentamente la oreja a la puerta y escuchó unos sollozos suaves. Eran del niño, era él, no tenía duda alguna.
¿Quién era y porque estaba esa noche en su casa?
Per chi lo voleva vedere a colori:
Diego Rivera: El sueño (La noche de los pobres) - 1928 The Phillips Museum of Art, Franklin & Marshall College