«Al igual que el discernimiento en general, el gusto es la disciplina (o la sujeción) del genio: le recorta las alas y lo hace civilizado o de buenos modales. Pero al mismo tiempo le da una guía que le indica hasta dónde puede extenderse para seguir siendo teleológico. En la medida en que introduce claridad y orden en la plétora de pensamientos, hace firmes a las ideas y capaces de una aprobación duradera y al mismo tiempo universal, susceptibles de que otros las hereden y contribuyendo a una cultura siempre en progreso. Así pues, si en el conflicto entre ambas propiedades a propósito de un producto \ debe sacrificarse algo, debe acontecer más bien por el lado del genio. Y el discernimiento, que en asuntos del arte bello pretende principios propios, más permitirá que se perjudique a la libertad y a la riqueza de la imaginación que al entendimiento. Así pues, para el arte bello se exige imaginación, entendimiento, espíritu y gusto.»
Immanuel Kant: Crítica del discernimiento. Machado Libros, págs. 287-288. Madrid, 2005.
TGO
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